lunes

Mar de mediodía


Muchas veces, cuando sueño, voy a comer (en días soleados) a un sitio blanco donde hay que subir muchas escaleras, pido una mesa y luego como al respaldo de una ventana donde se puede apreciar todo el mar de Madrid. Las gaviotas a veces se posan a mi lado y les doy picatostes. Enfrente, una señora mayor, abre un periódico en el que no hay impreso nada. Creo que suelo pedir consomé o algo parecido, eso no lo recuerdo con claridad. En el propio sueño entiendo el interés de llevar allí a mis amigos pues, en los sueños, suelo pensar que me queda alguno vivo, incluso aparecen en alguna ocasión, en otro lugar, venidos de la muerte y bien peinaditos. Pero eso ya es en otros sueños. Al lugar donde veo el mar y doy de comer a las gaviotas se accede subiendo las escaleras de un centro comercial situado donde antes estaba el cine Aluche. Tras cruzar la cola y abrir unas compuertas subo parte en un ascensor desde donde veo unas palmeras y, luego, me reciben unas escaleras viejas de caracol y comienzo a subirlas. De vez en cuando tengo que esperar aunque las mesas estén vacías. Pido una caña, de eso sí me acuerdo y miro de un lado a otro, la señora de los periódicos vacíos ya está sentada. Tiene un moño y lleva una chaquetilla de lana verde. Es vieja, como toda la gente de aquí.

Al despertar pongo el oído donde se juntan mis venas y escucho lo que pasa por ellas. Oigo trenes frenando, silbatos de agentes de la ley, animales roncando, estadios llenos de gente hablando en voz alta. Abro los ojos, me pongo las zapatillas y voy a echarme agua a la cara. Aprovecho también para lavarme los dientes. No me importa qué hora sea. El lunes que viene saldré hacia el monasterio. Trabajaré el campo y leeré salmos en la biblioteca. No seré esclavo de mi tarjeta de presentación al mundo. Dejaré el blog en stand by. Además ya soy algo viejo. Me alegra poder dedicarme de nuevo a escuchar esas otras cosas que suenan cuando hay silencio. Hoy es un día importante. El árbol que se ve desde esta habitación está quieto y brillante. Creo que tengo para un whisky, quizá dos, en la plaza del pueblo, si no me echa de nuevo la policía. Otra opción es comprar unas cervezas y traérmelas a casa. Preferiría ser flaco a alcalde de Madrid o peluquero de estrellas del cine.

A veces trabajo. Siempre soy el mejor amigo de alguno de mis compañeros de trabajo cuando no del jefe. Luego desaparecen para siempre. Menos mal.

Creo que echo de menos al bujarra del segundo que siempre estaba esperando en el portal para coincidir en el ascensor conmigo. Viejo, con el pelo a la España de antes, gafas con el cristal marrón y gabardina negra con pico en el cuello. Me atusaba el pelo y a veces la cara y me preguntaba por la familia. Me decía que tenía que ir a verle porque tenía muchos tebeos viejos y estaba pensando en regalárselos a alguien. Si en lugar de en el segundo llega a vivir en el doce esa mariconuela gris (a la que, ya digo, echo de menos) yo no hubiera llegado hombre a octavo de EGB. Yo vivía en el sexto con mi abuela. También ella se me aparece en sueños. He pensado si la próxima vez en que me quede dormido podría llevarla a mi restaurante favorito, en barca.
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4 comentarios:

Bellaluna dijo...

Es curioso, me lo has hecho pensar al leerte. Cuando abro una revista, un periódico, un libro en los sueños siempre aparece abierto ante mis ojos un coño que se abre justo en el eje del lomo del libro, mitad a cada parte. Nunca como en los sueños alimnetos. Será otro tipo de hambre. Los pájaros no lloran, sólo piden de comer.

Mi abuela olía a jabón, mi madre a jabón y alcohol, yo huelo a jabón y droga. irina no huele a jabón, sino a vainilla con vodka. Es un cóctel.

Debes explicarme si el monasterio ese tiene paredes o no.

Y, no?, no digas que no corrijo errores, cuidadosa aunque espesa de sustancias aún.
Lu.

Alberto M dijo...

Imagino que olerá a cal y restos de cosas. Y también, gracias, a aire libre, porque me encontraré fuera, trabajaré el campo y espero que no coman puré y también que me permitan fumar. Iré acompañado del Inferno, a dios gracias. También llevaré medicamentos contra la histeria o la catatonía. Me veo participando en algún rezo, en alguna reverberación o como se escriba. Tranquilo en una biblioteca, me dicen, estupenda. Cogeré libros de santos. Luego volveré. Sólo quiero curarme de mis adicciones y volver a leer a Rimbaud con los mismos ojos con los que lo leí en el metro por vez primera.
Y luego, me estoy enamorando un poco de Irina, Lun.
Beso!

Juan dijo...

Señor,

(Me obliga, el respeto que me inspira tras su lectura, a tratarle de usted)

Sepa, que le conozco hace poco, y sin embargo ha conseguido, en apenas unas entradas, hacer germinar en mi una esperanza, una esperanza por la vida y la salud y el bienestar y el futuro de esta, nuestra maltrecha literatura contemporanea española, tan contaminada como se encuentra, tan intoxicada de esa adictiva sustancia que el regocijo propio de premiarse a si mismo produce.

Su dominio no ya tan solo de la prosa, la voz de su estilo propio, la originalidad de sus ideas nuevas y conmovedoras, ha conseguido convencerme y ha acabado por reconciliarme con una idea, la posibilidad, la posibilidad de que no todo esta perdido, en este bendito pais donde por desgracia y como suele suceder en democracia, la cultura (eufemismo de alfabetizacion) ha acabado liberando una version grotesca, obscena y esperpentica de lo que debio de ser el hombre del s.XIX: diletantes sin ambicion, paletos de todo entorno, rural y urbano, ninfulas que ya no quieren ser musa, quieren ser autor, adolescentes que mas alla de desafiar al maestro mediante retorica alguna han entendido la autoridad de la agresion como medida de fuerza y veteranos tan castigados por su generacion que han renunciado a envejecer, volviendo a la infancia, todos ahora con beneplacito del Ministerio de Cultura y en pos de una sociedad que avance hacia un futuro que nos lleva, no sabemos donde, concitados todos en la red, en llamar la atencion, mediante la publicacion de pensamientos groseros, lineales, simples como su propia vida, manifestacion de una conciencia vacia, de la total y absoluta carencia de recursos para gestionar intelectualmente un entorno hostil, como es la cultura occidental, (que se extiende por doquier), proyectandose en una demanda de cariño y afecto, inutil, lacrimogena, melodramatica, pasiva e irritante, que hara que este mundo estalle por donde haya de estallar, sin que nadie haga nada.

En fin, lamento mi tremedismo, hoy probablemente no ha sido un buen dia, probablemente, a pesar de la buena lectura, de la esperanza recobrada en la literatura..., en fin..., me imagino que la vida siempre acaba resultando mas gorda, mas voluminosa, mas pesada, en esta balanza en la que muchos acaban buscando y encuentrando la felicidad.

Un saludo

Alberto M dijo...

Gracias (Habían desaparecido estos comentarios debido a un error informático -disculpas-)