sábado

Encuentro (borrador)

Recuerdo bajar cada sábado por la tarde y reunirme (en el barrio) con mis compañeros del equipo de fútbol. Era un uniforme verde medicinal con blanco en las mangas y a mi espalda, en blanco enfermo, España, bordado el diez, mío, también de Paulo Futre, que ya había partido por entonces del atlético, rumbo a un olvido, así fue, aún mayor que el atlético.
Yo asistía a cada partido con resaca de tripi y era conocido como Laudrup debido a mis movimientos cuando, en el parque, martes y jueves noche, dejando a un lado (cosa que hice durante toda una vida) los estudios, bajábamos a entrenar. Mi juego era bastante considerado. Recuerdo esa puta locura de partidos. Esos viajes lisérgicos donde una bola gobernaba a la bestia que simbolizaban 22 jóvenes torpes y hambrientos que, o bien querían ser amigos, o bien enemigos. (Al final empezaron a echarme al banquillo "Tu equipo es el que va de verde y blanco, Alberto!").
Recuerdo que entre mi viaje y mis pelos, largos y revueltos que me tapaban los ojos, no veía casi nada. Desde luego no dejaba de tener gracia que fuese yo el llamado cerebro del equipo. Tampoco tuve mala suerte, alguna asistencia -de tacón-, dos regates con caño al final y pase al hombre, dos penaltis y mis fans, modorros, fumando petardos en la banda y maldiciendo que no me dejasen mostrar mi juego, mi arte, mi constelación, mi destino. Naturalmente también estaban de ajo, y también, como otros, desaparecieron. Bendito fútbol, bendito barrio, da lo mismo. Seguramente el que desapareció fui yo.

Anteayer, cuando aún podía dormir, se lo conté a Patricia. Luego bebí, un mono me robó el teléfono móvil y salí corriendo detrás suya, caí. Por suerte no pasaba ningún coche. Hoy me duele el codo y, lo que es aún peor, no tengo nada que decir.
Patricia me regaló al día siguiente un Gómez de la Serna de Austral, para mí desconocido. Yo, el día antes, le di Claus y Lucas, de Agota Kristof. Nos los dedicamos poniendo corazones, siempres y nuestros nombres.
Hablamos de lo que nos acordábamos, en ella media vida después, del pintor demacrado y, coincidimos, estúpido que pintaba a Jimmy Hendrix, de la cuarentona grillada que pedía tabaco por los pasillos, del hombre con barba que, le dije, se sentaba enfrente de mí y reía, para luego callar durante tardes enteras y golpear la mesa al ritmo de la medicación. En mi caso era el ritmo con el que Daniel Johnston (The devil and Daniel Johnston) se despide de la película, el ritmo modorro y patizambo, neuroléptico, sin cabeza, sin aparato locomotor, un esqueleto sin gracia lleno de carne que sin embargo lo intenta, con los ojos hacia adentro, sabiendo, quizá, que hay un mañana, la ternura, la caricia, el momento de la primera lágrima.

Me vi viviendo en Brunete y le perdí la pista a Patricia, un amor en mi vida, hoy con un hijo y su chico, viviendo cerca de mí, casi sin saberlo, pensándolo en alguna ocasión en uno de esos pensamientos que suceden en la RENFE y que se quedan respirando el olor a aire y velocidad de esos vagones, también cuando se apagan las luces.
Nos acordábamos del chico que babeaba, cuando no era aún yo siquiera, sino otro, perdido, Pedro (creo), de María, de María Jesús, de Mari Ángeles, de Alfonso, de la puta de la monja, que se parecía a Harold Lloyd, de volver.
Yo recordaba que empezaba a notar los efectos de la droga en que mi picha dejaba de funcionar, y mi atención también. El corazón no lo eché de menos, ya por entonces no lo usaba.

Al llegar a casa, enfundamos el paraguas y vi sobre él una mota de sangre mezclada entre tantas de agua juntas. El cielo puede esperar. Más tarde regresé, y hoy he comido lentejas al lado de Charly, hablando, y luego café.
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4 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuando descubres en el aire la magia es necesario concentrarse en ella para aprender a agradecer y a ser.
Hoy hay una rosa blanca en mi escritorio,en un jarrón que tiene 10 años de vida y que ha albergado siempre flores muertas, secas,o ni eso, ya ven, lo último ramas de olivo en flor del último domingo de resurreción...La rosa de erecto tallo, aún lleno de sabia, la acabo de abandonar para siempre, hasta que siempre sea otro día,y su belleza de hermosa y muerta nívea me asusta... Quizá por los tulipanes amarillos que me acompañarán en el alma de no llegar o por los crisantemos que siempre olvido comprar para la lápida de mi abuela.La rosa me la ha regalado el único a quien se la aceptaría de corazón.
El amor es una semilla o una judía mágica con la que creces hasta las nubes para luego estamparte, sí o sí. Pero, caprichosa semilla, si es regada florece, pase el tiempo que pase, también sí o sí.
Amar significa no tener que pedir nunca lo siento o eso dice love story, pero creo que es una sandez ya que yo lo siento y amo más... tampoco me molesta realmente pedir perdón ni que me lo pidan, pero si algo me gusta de ti es tu forma de ser tú mismo, sobre el papel,y en persona, me siento, de verás, honrada.
BESOS Y CORAZONES .
pat
comemos esta semana Maestro

A la lluvia no le gustan los paragÜas...

ón amóni (óν αμόνι) dijo...

Desde mi infancia vengo mirándolas, oliéndolas...

Desde mi infancia vengo mirándolas, oliéndolas,
gustándolas, palpándolas, oyéndolas llorar,
reír, dormir, vivir;
fealdad y belleza devorándose, azote
del planeta, una ráfaga
de arcángel y de hiena
que nos alumbra y enamora,
y nos trastorna al mediodía, al golpe
de un íntimo y riente chorro ardiente.

Gonzalo Rojas

Bellaluna dijo...

Eso es nostalgia. Del pasado, del futuro, qué más da. No creo que debamos vivir de nostalgias invasoras, sino de romper con la esperanza la mierda del futuro. Porque entre el futuro y la nada, mejor el futuro. Y entre la mierda del futuro y el que nosotros queramos hacer, el nuestro. Tenemos que empezar a quemar y a matar.

Y a ver si se me pasa este dolor de cabeza venenoso. Puta droga.

Lu.

Alberto M dijo...

perdonadme que no os haya respondido. Estaba con la mente en Francia y, hoy, que comprendo las bombas, me son más serenos, incluso de lo que son, vuestras cosucas. Siempre bienvenidas!

Abrazos! (Todavía sin dormir, mare)