miércoles

diario noctámbulo 1


No sé quitar el ojo de tus tres personas cuando, entre todas las luces de neón de este desierto, te mueves, desafiante, mientras besas con los pies ratones muertos. Dije a Rabieta, que tiene una voz más herida cuando habla que cuando canta. Se lo noto en la viveza de los ojos, en el plata mezclado con el iris y la sardina que juega con su cabeza, porque confunde con la nuez su cráneo de pálidos rosas, su carne de amigos, sus labios que son la boca de una serpiente acariciando un hornillo.
Llevo muchos días sin dormir y las palabras me han quemado. Es para eso para lo que siempre vienen.

Tras molerme el culo, María reza un rosario en mi pecho esbelto, deforme, angelical. Estoy solamente soñando. Mi renuncia al deseo es mi renuncia a la cocina y a mi pájaro (Charly), a quien digo imágenes literarias, trasnochadas como lo es este escrito de las siete de la tarde, que duran ocho páginas, todas las duermevelas; le dije a Yara mientras procuraba, temblando de frío, colocar un cigarro Burton en mi llena de costras boca y ella jugaba con uno de sus dos gatos negros, que sólo se distinguen porque uno tiene una medialuna chiquita, tatuaje al revés (la luna es un pozo chico, las flores no valen nada, decía Lorca en sus canciones) en la papada.

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Preparo los libros para el monasterio y, mientras, sólo digo las cosas que no haré. Por eso es fecundo un blog, porque las puede crear en cuantas plantas se acerquen.
¡Basta ya de beber hasta el sueño que no se recuerda! Es un mal tan poco agradecido. Y, por otro lado, a las horas en que hoy son, habría de darme tanta prisa para pillar una botella. Escribí anoche, antes de subir al ordenata y figurar el post delirante llamado No me acuerdo ahora pero lo puedo mirar, en la que también saco una foto donde aparezco con Yara, en una servilleta, riendo: Dame doscientos euros, Dios. Y lo firmé: El último barco del rey de España. Y: Amo lamerte, verga. Y lo firmé: Hungría. Como no entendí los chistes me limpié los morros y los lancé al vacío que, en el ordenador negro de mi alma, es su propio enchufe desconectado. ¿A que se nota que, además de haber leído todo Deleuze / Guattari (incluidas esas entrevistas de putrefactas doncellas evacuando al lado de la máquina de coser premios de guerra), los entiendo? Una mierda, menos que una mariposa a su propio peso. “¿Qué coño de piruleta hace Zizek vivo o muerto?”

Si tuviera quince euros iría a la cervecería alemana de Plaza de España y pediría una cerveza con una ración de salchichas, me haría pasar, mientras doy bocados a esa basura, por un saludador de Lolas á lá Eduarda y luego eructaría mi desaparición durante mi larguísimo viaje en autobús, en el cuál sería el único pasajero, lejos del conductor que, seguramente, es un puto paranoico con un Makarov escondido en su cabina de troceador de muertos.
Soy marica, madre. No, perdón, Queer. Y me río durante tres horas mientras me dice que lleve ropa limpia -se refiere a mudas- al monasterio (salgo el viernes). Les rezaré a mis garabatos y poemas de cerdita. Seré Sor Ramón y me quedaré tan ancho. Entre mis dos hojas de palmera cagaré crisantemos. Pegaré a mi paladar el cuerpo y dejaré que se enfríe de nuevo, para que vuelva a su temperatura, que no es la del sonámbulo que rebuzna aquí estas palabras en las que vuelvo a no reconocerme como no reconozco a la madrugada cuando me saluda y aún así la como, sin saborear nada, huyendo de esos sueños míos que digo aquí, donde salen norias que ruedan hacia su centro, donde está la ropa limpia.
Tengo miedo de ser oído. Creo que es normal.
Mi única consagración es la alegría, que necesita, para saberse, de sus interrupciones.
Saca tus huesos, decía Dutch Schultz (parafraseando a un Artaud al que quizá había leído entre periódico y periódico), y baila alrededor de ellos.

Las palabras no son sino un aparcamiento lleno de coches que no pertenecen a nadie ¿No es esto acaso un regresar a la infancia? ¿A qué médico podría decir esto sin crear que brotasen en su estómago golondrinas amaneciendo?
De eso se trata, quizá, de renunciar a la razón a cambio de los verdaderos monstruos, que son los de niño (cuando sonríen... tan tiernos y despojados).
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3 comentarios:

wilhelm kay dijo...

Te he dedicado un poemita que le he hecho al güiscacho, criatura. See my blog!

Anónimo dijo...

los últimos dos párrafos parecen una oración de despedida,para declamar en momentos variados

alex alicante

Alberto M dijo...

gracias por avisar, Wilhelm! Es grande.

Qué le vamos a hacer, Alex.
Gracias.