domingo

Yoga para señoritos


Un hilo de luz naranja entra por la ventana para situarse en tu frente, que empieza a arder. Hueles el olor de esa cera derritiéndose y luego notas cómo empieza a chorrear el primer pegote al ritmo de una lágrima hasta que choca silenciosamente con el parqué y se funde con el suelo de tu casa. Empiezas entonces a notar, después del ardor, unas cosquillitas. Eso significa que el hilo de luz naranja está ahora jugando con el cráneo. Imagina que es un gato intentando cogerlo, el muy idiota. Ríes porque tú eres sabio y sabes que la luz no se puede coger. Suena cloc. Parece como si alguien hubiese descorchado una botella de cava de fin de año de 1988. ¿A que hace risa? Luego sólo tienes que decir “Adiós” todo el rato, como cuando te hacen una fotografía con los niños en 1988 y hay que decir “patata”. Pues ahora “Adiós”. Sonríes. Es por los nervios, claro. Límpiate los mocos antes, guarrete. Entonces se enciende el flash de una cámara de fotos. La vida tiene su gracia, como todo.
Al mediodía siguiente tus amigos del pueblo están en el bar del tanatorio pidiendo cerveza y sándwiches...

Ahora estás en el parque del colegio jugando a la petanca o algo así. Es 1991 y el especialista te ha detectado una minipizza a la carbonara en el cerebro. También te ha recomendado que no pienses mucho porque, si se calentase, el queso se derretiría y empezaría a chorrearte por las orejas. Molas, nene. Tienes granos de la juventud por todo el cuerpo, pero tú eres fuerte que te cagas y sigues dando patadas contra la pared al balón, que regresa una y otra vez y te dice chistes como “Eso que suenan son los Kiss ¿Sabes por qué tienen la lengua tan larga?”.

Imagina que eres una gota de agua cayendo de una nube en el cielo de mil novecientos etcétera. Empiezas a dividirte, a deshacerte en unas cuantas porciones de la misma sustancia. Eres tu abuelo, tu madre, tu padre, tú y tu hijo, que ha salido lerdo y con cara de sapo. Ya intuía yo que este diario iba a ser muy gracioso.
Oh, sorpresa, has caído al lodo caliente.

Ahora es 1995, estás en una barbacoa con tus mejores amigos. Tomáis cervezas y os reís de que os habéis enterado de que la madre de uno de ellos (qué importan sus jodidos nombres), que hoy está muerta (el año pasado, un Renault, carretera de Burgos), es puta.

Eres todo un hombre, dos mil y pico, tomas algo y bailas con actrices de la tele... suena el móvil, lo coges, en la otra mano tienes un whiskey. Mmm... no no, nada de esto pasó.

Despiertas, es 2010, o 2011, no te acuerdas muy bien. Da igual.
Sonríes. ¡Flash!
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