domingo

El queso en aceite y la legendaria rebelión de los fumadores


Desconecté del mundo. Era una cosa demasiado normal y sólo recuerdo que había un interruptor dentro de otro, así que no pasó nada. Me siento orgulloso de salir en la novela de Julio Fuertes, que es muy buena. Soy allí una especie de señor que está loco y he pensado que, viniendo de Julio, eso es muy bueno. Además salgo sin nombre, que es como creo que deberíamos ser todos los seres humanos. Estoy fumando y tomando café y diciendo que soy alcohólico, como el día en que mi amiga Odile me presentó a mi amigo Julio. Me dan celos. La verdad es que yo soy una mierda pisada por otra que andaba descuidada, la muy hijaputa.
He pasado unas buenas vacaciones con mi amiga María, que ha venido a verme. Hablo de la amistad hoy como si la amistad hoy existiese todo el rato, aunque sea mentira, incluso hoy he llamado a mi amiga Jeny para preguntárselo.
A mi amiga María se me olvidó enseñarle el libro de mi amigo Julio. No la he dicho que siento una envidia enorme de que mi amigo Julio escriba mejor que yo, porque yo soy una especie de escritor y hasta sé escribir lo peor del mundo y un poco de lo bueno. Me da envidia de que mi amigo Juan haya escrito una crítica muy buena del libro de mi amigo Julio (Ambos me han dibujado por lo menos, porque yo se lo pedí -encima me son grandes dibujantes- y eso me hace grande, aunque sólo sea a las seis cuarenta y dos). Me da envidia de los putos genios, aunque sé lo que es haber sido uno y, cuando me creí saberlo, lo odié tanto que tuve que desconectar del mundo para darme cuenta de algo que no era nada en realidad, porque yo daba al botón del interruptor del principio de este post sobre la amistad y mi intento de vivir en el mundo... Daba al botón ese y era como poner Me gusta en facebook, una idiotez detrás de la primera, que contenía el vacío y la grandeza del mundo, que es, sabemos, el piloto automático de Aterriza como puedas.
El piloto automático de Aterriza como puedas es dios y he pensado que era una buena idea nombrarle en el día de la Resurrección. Pues también es amigo mío ese hijoputa. A mí, al principio, los que me gustaban de la peli eran la chica y el chico, pero son una mierda en realidad, aunque gracias a la magia existen y nos enseñan grandes cosas de la vida, bien mirado.
Yo, en realidad, no querría follar nunca. Es una idiotez. Donde esté un buen cilicio que se vaya todo a tomar por saco.
Odio a mi amigo Julio y su puta novela La legendaria rebelión de los fumadores. Es más mono que yo, es verdad y la edición mola un huevo (anda, criticad, criticad a Papel de fumar ediciones). Siento todo el rato que mi amigo Julio es mucho mejor que yo, que solamente soy una reencarnación de Jesús, al igual que Kafka y el Kun.
¿Qué cosa hay importante en la vida? Pues yo lo veo claro, macho (porque supongo que serás tío si entras a leer este blog mío típico de los gays), lo importante de la vida es el queso en el aceite. Destapar el bote, oler y decir: Gloria bendita. Pero también hay que reconocer que el pan de molde es buena cosa. Y las sartenes y el fuego, ya sabes. Y los cigarros ya eso es la ostia de la ostia bien hecha
Joder, yo es otro, osti, queredme.
Mi amigo Juan es un cabrón y también es más joven que yo, como mi amigo Julio. Vaya mierda. Ah, no lo he contado, ayer me saludó una negra. Lo siento, pero es que me ha parecido relevante decirlo. Además era monilla.
Pues estas cosas, pero sin gracia, son de las que habla mi amigo Julio sin gracia pero por la gracia por la que yo mataría si yo hubiese nacido en 1989 y no en el puto 1977, año en el que sólo debió de nacer mi puta sexualidad hecha de las sobras de los bollos de Valseca.
La legendaria rebelión de los fumadores se lee de un tirón, sin querer. Es un ostiazo, pero mucho más cuando lo grande que hay en ello es que sólo es la peor obra de Fuertes y eso, por desgracia, te hace ver a una generación literaria que es mejor que tú y también mejor que tu generación literaria (Exceptuando a Alberto Olmos y a mí, que soy poeta y lo dicen por ahí las chicas, que es de lo único que hablan cuando van a los bares).
Yo he hecho mucho, la verdad, por la literatura de mi generación en España. De hecho le doy al interruptor del principio del post y, boom. Quiero decir, ya quisiera Vicente Aleixandre.
Y no, no tengo nada más que decir, que se ha ido a su pueblo mi amiga MPV y me he quedado triste, bobo, vacío, con ganas de seguir hablando con ella. Si soy capaz le regalaré La legendaria rebelión de los fumadores.
Tengo ganas de verles. A todos y a nadie, otra vez. Lloro sin piedad.
Pero tengo tabaco.
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