lunes

Charly y la hermosa cocina


Hoy la belleza del mundo ha venido a verme mientras yo estaba sentado en la cama, desperezándome y dudando si abrir bien la persiana y luego la ventana para que entraran la luz y el aire. Le he preguntado que qué haría en mi lugar y se ha encogido de hombros. Luego he ido a ponerme un café y podía oír a su aleteo seguirme hasta la cocina. He saludado a Charly, mi loro. La belleza del mundo se ha sentado enfrente mío. Al café aún le quedaban 30 segundos en el micro y yo, en ese momento, me he encendido un cigarro. La belleza del mundo seguía en la misma postura que al principio y no pestañeaba ni decía nada. Charly, mi loro, continuaba detrás mío y ha sido en el momento en que le he mirado (a lo mejor él rompía el hielo, como suele decirse) cuando ha sonado el ring del microondas. He abierto la puerta, sacado el café y echado dos cucharadas de azúcar, luego lo he movido y he vuelto a sentarme enfrente de la belleza del mundo. La última vez que viniste eras el demonio, he dicho, para provocar, mientras daba un primer sorbo a mi taza, lo que ha hecho que sonriera. Me ha hecho tanta ilusión, provocado tanto gozo que, en seguida, he pensado que tenía que escribirlo en mi diario. He dado un segundo sorbo al café y vuelto a mirar enfrente, donde había visto su sonrisa, pero la belleza del mundo ya se había marchado.

......................

A veces me siento junto a Charly, mi loro, en la cocina y enciendo la televisión. Hoy había un programa que se llamaba El hermano mayor. Lo he pillado cuando se estaba acabando. El hermano mayor era, en realidad, un actor y tenía que ayudar al concursante, que era el hermano menor (lo cuál también le convertía en actor), a prosperar en cosas de la vida. Entonces ha llegado el momento en que los padres del concursante (el hermano menor) han ido a darle un abrazo y un beso. Él se lo ha dado a su madre, pero ha dicho que a su padre no y se ha ido y el hermano mayor lo ha seguido. El padre lloraba y se abrazaba a su esposa, que también lloraba, mientras el hermano mayor le decía al hermano menor que por qué no abrazaba a su padre, pues todo el mundo necesita un abrazo. Y, entonces, el hermano menor ha roto a llorar y se ha abrazado al hermano mayor y decía que no podía, que lo sentía, y el hermano mayor también lloraba y le decía: tienes que poder, tío. Qué raro es el mundo, supongo. He apagado entonces el televisor y le he preguntado a Charly, mi loro, que qué hacía. Luego le he preguntado si quería salir y me ha dicho que sí. He abierto la puerta de su jaula y se ha subido a mi brazo. Él quería que lo dejase por el suelo (no sabe volar), pero no le he dejado y ha venido al hombro y agachado la cabeza para que le hiciese mimos. A veces, cuando me despisto, me susurra cosas al oído. Son cosas que nadie entiende, ni yo tampoco.

......................

A veces voy a la cocina, saludo a Charly y abro el frigorífico para ver qué hay. Dentro siempre hay cosas distintas, amores distintos, órganos distintos, colores distintos, huesos distintos y sentimientos distintos. Meto la mano en esa masa de cosas intentando buscar una lata fresca y a veces abro un camino por el que salen mariposas y moscas, ratoncitos... A veces, al fin, noto que mi tacto da con la lata fresca y la saco para ver qué contiene. Cerveza, naranjada, litio, gasolina... Luego cierro esa puerta. Las ardillas corretean alrededor de mi silla de la cocina. Charly, mi loro, lo contempla todo. Es feliz, a su manera, en su mundo.

......................

.

No hay comentarios: