domingo

¡Qué guay, es domingo y echan una en antena 3!

Como estoy sin trabajar he ideado unos cuantos inventos para venderlos a las amas de casa. Hoy mi tía me ha invitado a comer arroz con chorizo así que he sacado a la calle el primero de ellos. Es un sombrero de esos de la cocacola que se la echas y puedes beberla desde un tubito y que pusieron de moda los norteamericanos. Este mío, de ahí lo revolucionario, va con whisky y es ideal para andar desde mi casa a casa de mi tía, que son 200 metros, sin que me entre la depresión y las ganas de irme a un circo a malvivir con mis amigos los monitos y los elefantes. También, para evitar la depresión, digo piropos a los desconocidos, incluidos los pajaritos y los árboles, que me encuentro por la calle. Hoy, por ejemplo, me he encontrado a una pareja de moritos alegres y novios y les he dicho que era una lástima que fueran moros porque eran tan guapos. Entonces él se ha puesto chuleta para contentar a su novia y le he dicho que mi tía me había invitado a comer y que no tenía ganas de jugar, pero que, si querían, a las cinco estaría libre y les invitaría a un yogurt. Yo es que, les he dicho, he oído que a los moracos os gusta mucho el yogurt y luego he empezado a notar que ella le sujetaba y la he dicho de muy buen rollo: joder, hay que ver cómo habéis prosperado las tías moras en la sociedad y he hecho una reverencia. ¿Puedo ser vuestro amigo? He vuelto a decirles, aunque les he advertido que ahora llevaba prisa porque mi tía me había invitado a arroz con chorizo. Les he dicho que, además, si llegaba tarde, corría el peligro de que mi tía, que era una glotona, se lo acabase y no me dejase nada, y he añadido: ni pan para mojar. No os vayáis, les he dicho. Él estaba perdiendo los nervios y le he dicho que yo iba a un médico muy bueno y le he dado la tarjeta a ella advirtiéndola que ahora, en España, no era como antes, cuando éramos gentuza y tratábamos fatal a los moros y a los negros. Yo, por ejemplo, les he dicho, tengo un montón de amigos moros y negros. Si queréis, cuando venga de comer, os enseño las fotos que me he hecho con ellos por el móvil porque yo, he añadido, desde navidades tengo un móvil que hace fotos. Eso eso, flipad con la tecnología, y se lo he enseñado mientras daba sorbos a mi sombrero del whisky. Ellos ya se encontraban tranquilos, que es como a mí me gustan los amigos, y miraban haciendo poco caso, pero yo les he enseñado las fotos con mis amigos negros y moros y les he dicho ¿Veis? Pero ellos ni caso. Joder, cómo de raros sois los colegas, les he dicho y también he pensado que esa actitud suya se debía a que fumaban muchos porros. Me he enfadado y dicho: no sé cómo vamos a terminar levantando este país, joder. Y he seguido el camino hacia casa de mi tía haciendo que echaran de menos que no les diese un beso ni nada al despedirme. Era mi venganza, por drogotas y vagos. Mientras seguía dando sorbos al whisky me hacía a la idea de que oía sus llantos. En mis imaginaciones esa pareja feliz de moros de mierda rezaba a Mahoma para que volviese su simpático nuevo amigo y les diese un cariñoso abrazo. Y, de repente, comprendí que me estaba convirtiendo en un franquista, así que volví mis pasos hacia el parque y les dije que me perdonaran, por favor. Entonces él se ha levantado, el muy desagradecido, y ha empezado a empujarme y a gritarme en su idioma mientras su novia miraba para otro lado. En el fondo él tenía razón. Yo he dicho que aceptasen mi billete de cinco euros, que era lo único que tenía y me he arrodillado y dicho que les comprendía, pues siempre yo había oído que los moros tenían la picha chiquitita y que seguramente eso era una leyenda urbana, así que he rezado a Dios y, cuando he terminado, le he dicho que por favor aceptasen los cinco euros, que me los había dado mi madre para que me bebiese una cocacola por el camino, pues la casa de mi tía está a 200 metros, les he explicado, es decir, lejísimos y mi madre no sabía que yo había inventado un aparato para beber whisky y que no me entrase la depresión por el camino. No había forma, así que me he ido dejando los cinco euros en el suelo y santiguándome de la oración que les había hecho a los moros en general, a todos los que habitaban la Tierra aunque ya no me acordaba de qué había pedido yo exactamente a Dios. Mi verdadero sueño, en realidad, pensé que podría ser que mi tía todavía estuviese esperándome con el arroz con chorizo que me había dicho que iban a comer, así que, me he dicho: corre, corre. Y he corrido hasta que he llegado a su puerta mientras notaba que algunas piedras caían al lado mío. Qué extraña forma de llover, pensé mientras mi tía me abría y me decía que por qué había tardado tanto. Yo la pregunté entonces que si ya se lo habían comido todo. Entonces ella empezó a carcajear y notó que yo empezaba a llorar y llorar, pero no nerviosamente sino sereno, como lloraría un verdadero intelectual ante la tumba de su madre. Mi pena era muy honda, debió notar mi tía. Luego me dijo que si quería un prozac y nos tomamos uno con un vaso de agua con limón y ya en familia. Y nada más, hace un rato volví a mi casa, pero ya no estaban mis amigos en el parque, he dado más sorbos al tubito del whisky y luego he llegado a mi casa pensando como lo haría un verdadero filósofo eso de: ¡Qué guay, es domingo y echan una en antena 3!

6 comentarios:

Anónima dijo...

Eres un tio estupendo. Podías haberte follado a la novia del moro. Gente como tú hace falta para poner orden en este caos que va a funcionar todavía más despacio. Claro, que el novio de la novia del moro podía haber desenvainado su cipotón y haberte reventado el culo merecidamente y, depués, haber apagado el porro que le criticas -él no dice nada de tu güisqui- en tus huevos mientra bombeaba lefa en tu culo. No, pero no lo hizo porque es educado y sintió respeto y consideración a tu persona. Y a la de su novia, que sentía que su novio se ponía nervioso mientras alguien desconocido le introducía en nuestra psicología ya antigua pero tan caballerosa. Chorizo y güisqui, querido magrebí: vas a tragar chorizo y güisqui hasta vomitar, y luego vas a lamer mi lefa del coño de tu novia. Vas pensando, luego, distraidamente que le hubieras dicho a la persona que se sientió mal cuando un ciudadano como otro cualquiera de repente comenzó a humillarle ante su novia. Ya humillado, hasta el final. Somos demasiado españoles como para dejar que nuestro orgullo se nos vaya más abajo de lus huevos. Vaya que sí.

Un beso, cariño. Te quiero. Orgullo de conciudadano. Hombres así hacen falta a este puto país de que estoy orgullosa.

Sheela na Gig dijo...

Acabo de leer la crítica esa en la que te comparan con Kafka, Proust y toda las vaska y estaba ya con la felicitación en la boca-dedos...Pero me he encontrado con tu furibundo y sarcástico amor del blog..Y ya estoy desconcertada..
Casi me convence de que eres un capullo...Asi que, por una vez no te voy a felicitar a ti y ofrezco todos mis halagos a coño tieso ( perdona que te llame así, coño tieso..es la costumbre)...porque tía: escribes muy bien y disparas mejor...Aunque creo que en la dirección equivocada ( cosa que es fácilmente rebatible por cualquier abanderado de la corrección política y la literatura cómo purificadora de espíritus).
Vamos, que ya me gustaría a mi que soy gallega tener la mitad de retranca que tú.
Ahora, que sigo sin entender que tienen que ver Alberto Masa y Torrente el brazo tonto de la ley.
Un cordial y rendido saludo
Pd: Un beso Bertiño
Sheela

Alberto M dijo...

Ese don de nuestra nueva amiga donde nos convierte en lo que ella modela. Está bien y, desde luego, se puede considerar amor. Me recuerda al Fernando Torres del atleti, cuando jugaba en banda. No se le daba mal. Tenía esa virtud de sacar velocidad hacia la dirección de un balón que salía rebotado por un contrario a quien había intentado cintar, y aunque luego le faltaba campo más de un pase le salió, y algún tiro a puerta.
Besitos a todos! Nos vemos, Sheela (y mujer, la crítica esa la hizo un amiguete que es argentino, así que tampoco es que haya que hacer mucho caso).

Anónima dijo...

Los ciclotímicos, gente hipomaníaca, psicoputas desnortadas, enfermas mentales que nos dejaríamos comer el coño por la virgen si existiera, disparamos hacia donde nos sale el tiro. No podemos elegir. Luego, al instante de constatar el orificio de entrada/salida del proyectil, las lágrimas saladas nos escurren por las mejillas por impotencia de abrir la boca cuando el rayo fugaz de un sentimiento nos ilumina el cerebro una milésima de segundo. Ah, puede ser dolor o alegróa -que no distinguimos, como no distinguimos si las palabras son bellas o no. Sólo -sola-: no tenemos tengo- capacidad de elegir -direcciones, Sheela, con ese nombre debes ser hermosa-. Pero en el fondo está la felicidad. Nada que ver con un zaguero en calzón corto o con explotar la cálida conmiseración del enfermo mental. Cuando oigo ruidos -no sonidos- en la cabeza pienso en Beethoven y me alivia.

Va. Besos joder.

Alberto M dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=ubF6uUaytp0&feature=related

Anónima dijo...

Raro. Eres la hostia de raro.