lunes

Los cuentos de los bolsillos

foto tomada seguramente por mi padre -no creo que mi madre- en el zoo de Madrid.


Llevo un año en esta casa y he tenido que inventármela para que fuese, en esos sueños que me dicen que se dan en las incubadoras -donde estuve, me cuentan, de bebé cerca de dos meses, hasta que logré alcanzar los 2 kilos de bulto; me dicen también muy al cuidado, pues, en esto ya lo contado se mezcla con mi imaginación, mis apuntes de entonces eliminaban las vías de su sitio ayudándose de unos brazos apenas aparecidos que, seguramente, en el agua de madre eran plumas flotando cerca de esta orilla a la que siempre llamamos los aficionados a las historias, sin saber jamás el nombre que tiene-, de mi propiedad (la casa del principio). Tiempo después, en casa de mi abuela, mi padre me contaba cuentos de cuando él era pastor de cabras. Los lobos eran legibles en el dolor de boca como los monstruos de algunos cuentos en el dolor que se da en la frente y, a veces, en los brazos y piernas de esos amigos -inexistentes siempre- que se dan en la guardería, que son los únicos que se tienen en la vida. Caperucita es uno de ellos, tiene una cesta en la que no queda ya nada y camina por el laberinto pisando cadáveres de lobos y abuelitas, esos cadáveres que tienen aún la habilidad de roncar y que uno menea para que callen de una vez cuando descansa, como Caperucita, de girar hacia el sol la flor que habita en su cerebro que, como en el resto de personajes de los cuentos, se halla a la sombra de un árbol gigante en cuyo tronco se vislumbran las caras del miedo.

............................

En un año en casa chocas siempre con una excusa que se parece a la del día anterior. Finalmente me decidí por la cerveza, en detrimento de los licores. Duermo en general bien por las noches. A veces tengo pesadillas, como todo el mundo. Hoy veo las estrellas en los ojos de un amor muy antiguo ¿En qué otro lugar se pueden ver las estrellas? En los leones de las películas, es cierto. Además el marzo de 2011 salió muy nublado. El corazón, esa quimera, llueve. Mientras, yo bebo alguna cerveza, lo que quiere decir también que a veces salgo para ir al súper y me observo, tras mis chaquetones de salir al súper, un fantasma sentimental del siglo XX, aproximadamente el verano de 1991, la noche de la caída de las estrellas. Cierras los ojos entonces y sonríes, junto con tus compañeros de entonces, los abres y hoy todos son el otro, pero tú permaneces aquí, escribiéndolo, algunas noches a oscuras, pues tus dedos, en su sabia ceguera de rancheros gordos, ya han aprendido dónde se encuentra cada tecla. ¿Ves ahora cómo los deseos son verdad? ¿Percibes este más allá donde por fin te has convertido en ese ocho al revés que define la horrorosa palabra “infinito” que tanto esfuerza su chirrío en poemas de juventud y en los ya seniles, sean de la edad que sean? (Es sabido que nunca tienen edad ni van a encontrarla salvo en las manos de alguna niña hermosa con trenzas sujetas por un diapasón de mi tía Pepita)

..............................

Disfruto como sé de mi colegio de los 16 años. Es grande como un planeta. En una de esas tardes vi la eternidad. Era un torbellino que atravesaba todo lo que se le ponía por delante hasta desaparecer en el papel Albal de mi bocadillo. Vi que la brillantez. No la brillantez, lo prístino, era una máscara que asumía forma de mente debajo de los silencios, el guión primero que diría las butacas de cada espectador en un teatro privilegiado, lleno de niños pequeños, animales y patios enormes. Era mi herencia. La escupí y volví a sentarme, como si no hubiera hecho nada. El llanto es el mismo pañuelo en el que se lava hoy. La 6th, Manhattan, piso 9º, aproximadamente, tres o cuatro correspondencias. Abajo hay una tienda que pertenece a una cadena de restaurantes. Aún no me he atrevido a pedir la carta de los postres.

............................

.

1 comentario:

ana dijo...

Tienes frases increíbles... Me parece que voy a aprender bastante de ti.

Ver estrellas en los ojos de un amor antiguo...

Me gusta.

Un besazo (soy de las que leo y no comento, pero creo que voy a visitarte más de un día).