lunes

La tripita suya

Por favor, abre la boca. Estoy a punto de llegar a casa. Los grajos vinieron hacia mí y picotearon mi cabeza hasta que consiguieron encontrar a la lombriz. Y luego estaba el aire que se movía todo el rato como un insolente correveidile. Me despistaba porque podía oírlo susurrarme mientras la lombriz se metía más y más adentro. Esto es España, bonita mía, coge el teléfono, por favor. Hay otros tres reactores jodidos en Japón. Estaba con ella viendo The Host en el cine y, antes de entrar, recuerdo que me dijo que todavía estábamos a tiempo de comprar unas palomitas.

No me hagas caso, amor. Me he limpiado el ano con aquella fotografía donde salíamos sonriendo a la entrada del parque de atracciones. Los artistas como él son gente que va a lo suyo. Bueno, pero hay que comer todos los días y esas cosas, y los médicos particulares están subidos a la parra. Yo entonces era un niño dentro de la ducha los domingos y sabía que iría al cielo junto con las sillas y los baúles rotos.
Mamá, reconoce que esas fotos hoy ¿Qué pintan?
Los escritos autobiográficos de Leopold von Sacher-Masoch me aburren indefinidamente. Nunca he ido a un balneario. Sobre el tejado de su casa un viejo, en la televisión, tan sólo tenía sus muy escuálidos brazos para remar. Estoy deseando que llegue mi cumpleaños para empezar a abrir ratones.

La panadera me ha preguntado qué tal el día y he dicho que bien y la he preguntado por cómo iba todo por ahí y me ha dicho que aquí lo mismo de siempre y luego me he ido sin hacer ningún chiste esta vez ni nada.

Ayúdame. Me han dicho que tengo que cuidar las voces de un niño que se ha caído por un pozo en 1985, recogerlas y ponerme a llenar los platos con ellas y, aunque antes de ponernos a comer, bendeciremos la mesa, hoy he presentido que no va a ser nuestro día. Soy tú, yo, mis padres, mi tía Pepita y todos los anónimos de internet. ¿Por qué, si todavía no he querido despertarme? He vuelto a contactar con los granjeros. No sé si te lo he dicho ya. Ella dice que, a pesar de todo, no le caigo mal, que por eso coge el teléfono. Si queréis podéis buscarme en un café maloliente de Segovia o Madrid. Si abrís esas puertas al fondo de la barra estaré yo levantando un vaso de whisky caliente ¡A san Antonio bendito apenas le brilla la calva en la postal de doña Petra!

Por favor, ven, niña demente de 16 años. En lugar de un corazón sólo oigo un ronroneo de buitres. Dime qué hago. Ayúdame, anda. Báñame de nuevo en las lagunas de mi cerebro, aunque no tengas ganas, porfi. No me voy a enfadar nunca o algo así. Da igual. Entiérrate con una sonrisa. La dignidad es un juego de malabares cada vez más escondido y yo no he vuelto a entrar en la casa del pueblo desde que murió nuestra abuela. Aún no estoy borracho. La verdad es que no lo entiendo. Debe haber sido magia Borrás.

Yo abría ratones con un palo en las eras y Jesús y Davisín decían que qué asco sólo del olor. Hoy ellos tienen sus hijos. ¡Pero a mí no se me perdona!
He de amar a un peñusco. Peleo con él a solas en esta habitación llena de órdenes alfabéticos y polvo.
Cuando regrese mi hermana, sólo entonces, sabréis que todo era tan distinto. Pero yo entiendo que sean felices, tía, y me alegra que se rían con esos chistes tan cachondos. Luego me reprocháis a mí que no haya sido lo suficientemente buen anfitrión y que diga mis preguntas a las paredes. Ya lo tomo como una postura típica, y eso que el cerebro no tiene esas posturas. Bueno, pues un chichinabo tras otro. Ya lo he dicho, Teseo, amor mío. Toda duda es una termita.
Estoy cansado, pero todavía hay que estar limpio para mañana y muy atento a las partituras de nuestras amas de llaves y eso.
.

No hay comentarios: