sábado

Jesucristo superstar

Sin dedicar porque luego no los entienden. Bueno sí, al bitter kas y a la cocacola


Sólo el sol, ese pobre esquizofrénico, sabe, más o menos, quiénes somos mi hermanita y yo.
Del post anterior cambiaría de nuevo la palabra no-nacido porque la verdad es sólo un estómago.
Mamá dice que le gusta lo que escribo, que he hecho muchos progresos y que, más tarde o más temprano, cree que volverán a admitirme para hacer discursos en el sanatorio Esquerdo. También ha añadido que por Adeslas puedo ir quince días gratis al año. Mi alegría se ha hecho más joven al oír esas palabras. Yo, antes, sólo era el acompañante de mi loro en nuestra limpia cocina.
España es fenomenal y hay hasta blogs y redes sociales.
Hoy sábado me he sentado en la silla y he tomado café. Yo antes quería ser filósofo como mi hermanita pero ¡Qué gilipollez! Pensé al final.
Ella va a un trabajo normal y como esta semana que entra es mi cumpleaños me ha preguntado qué cosa me gustaría que me regalase.
He estado viendo lo de Japón en Informe Semanal.

No leo, no leo nada. Miento.
Mi amigo del colegio me ha dado un manuscrito para ver si me gustaba. Yo no sé las palabras que decirle. Es lo único que he leído este año. Bueno no, también leí una novela que ya no me acuerdo cómo se llama y que es de asesinatos.
Antes de las doce de la noche le voy a llamar porque hay sitios donde te suicidan sin pagar.

Ella es tan hermosa como el pueblo de Pravia que este año no sé si podré ir con tía Pepa. Me he caído en un bar de ¿Cómo se llama? Avilés. Yo hablaba con un negro como si nada. Les dije a todos que yo era Alberto, de Segovia y lloré.
Los licores, eso es lo que no quiere mi familia para mí. Me lo han dicho.
Me se tiene prohibida la involución.

Creo que mi amigo del colegio escribe guay del Paraguay. Se lo tengo que decir cuando le llame antes de las doce de la noche.

Mi jefe de las letras tenía dos perros y a mí me parecía una descortesía no permitirles lamerme.
Creo que el sol y yo nos llevamos muy bien. También la he conocido a ella, que es distinta a todas las personas antes nombradas en mis escritos.
Los he estado guardando para clasificarlos un día que no tenga prisa. Es deprimente, claro.
Mi flor de las letras era el primer chino que conocí, llamado Juan Carlos Suñén (Huelva 1928). Tengo un libro suyo del que me ha hablado muy bien mi amigo inventado Guille, que es escritor, y hoy he pensado en abrirle pero al final mi madre me ha preguntado que por qué no me duchaba, ya que íbamos a tener visita a la tarde-noche. Mi desconcierto a partir de ahí ha ido de mal en peor.

Antes por lo menos tenía comentarios en mi blog, que es muy famoso en Nueva Orleáns según me han dicho.

Ya está. Ya sé lo que voy a hacer debido seguramente a una iluminación de esas. Lo voy a apuntar aquí para que no se me olvide, por orden: Partir salchichón para comerlo y darle un trozo al loro, escoger un disco al azar de música jazz... a mi amigo ya no le llamo hoy, eso va a ser casi seguro. No entiendo por qué la demás gente escribe. Qué pena que no haya sol para poder tumbarme a la bartola en el jardín de los secretos. Si sigo así, creo, voy a contactar con mi niño interior y, entonces, me dará igual que mi casa arda de pena.

Además va a seguir lloviendo en esta noche cucufata que me recuerda tanto a los poemas que he leído sin entenderlos jamás.

Hoy, por ejemplo, he imitado un verso: La noche se cayó un rayo en mi pueblo chorizo.

Ya no voy a escribir más versos nunca jamás porque me tienen envidia y me plagian, además de la vida, las letras, que son como escarcha.
Mi hermanita y mi madre rezan para que me salve. Allá ellas. Al final volverán a cotillear lo que ando escribiendo y hablarán de mí en el rincón. ¡Mierda!
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