sábado

La alegría de cada casa

Me pusieron en un mesa con desconocidos en una boda a la que había asistido por compromiso (señoras). Una de las chicas, que estaba igual que todos, hizo de anfitrión y dijo que, para conocernos, dijéramos nuestros nombres o algo. La mayoría dijeron su nombre y a lo que se dedicaban. Yo también y, para provocar, dije que era licenciado. No tardó la anfitriona en ser una listilla y, con sonrisa medio floja, preguntó en qué. Dije que licenciado a secas. Me miraron raro aunque sonriendo. No eran mala gente. Lo siento dije, soy filósofo en realidad. Ah, pues es interesante, dijo un chico joven con greñas. Dije que los chinos eran mi especialidad y añadí que tenía 22 años. En realidad tenía treinta pero daba igual. El silencio, no obstante, permaneció a partir de ahí. Fue en los segundos platos cuando decidí romper el hielo y le dije a una señora que había dicho ser psicóloga: Oye, perdona, me he quedado pensando, yo soy bipolar ¿Me recomiendas alguna pastilla?

Yo, la verdad, no suelo hacer este tipo de cosas a no ser que presienta un malestar inspirado en mi natural odio a la humanidad que, no obstante, apenas se manifiesta. Por culpa de la boda me había gastado casi entero lo del mes y tendría que estar encerrado 25 días para recuperarlo. Odio el maldito vino y, naturalmente, no me satisfacía el que pusieron, pero comencé a beberlo. La señora dijo que la medicación no era su especialidad. No era mala tipa, aunque era fea, lo que, en ciertas circunstancias, es la misma cosa. Me dijo que, aún así, no era nada recomendable que bebiese.

Entonces pude notar cerca del pecho cómo mi odio empezaba a funcionar. Coloqué las manos debajo del mantel y las cerré con fuerza. Luego sonreí y dije: Me encanta cuando Ben Webster acompaña a Art Tatum. No arreglé nada y por primera vez noté que eso se me podía ir de las manos. Me miraban y se miraban entre sí. Se me ocurrió que me estaba sacrificando con mis disparates para unir al resto de gente de la mesa, pero era un papel lamentable. Dije que me perdonaran, por favor. Entendí que mi declaración de bipolar disculpase que a continuación explicase que se trataba de un disco que inspiraba serenidad si bien es cierto no podía evitar romperla introduciendo palabras. A continuación elogié la labor de los psicólogos, una disciplina que, aseguré, cada vez era más necesaria en este primer mundo. Sí, dijo un joven arquitecto que había sentado a mi lado y añadió: aunque yo también he oído lo de la bebida. Beber y la medicación para esos casos es completamente incompatible, dijo la doctora. Y dijeron que sí el resto de la mesa. Entonces dije que era verdad. Empezaron a entenderse entre sí. Por primera vez noté que mi tensión se relajaba. Vaya mierda, pensé, y volví a vaciar mi copa y a llenármela otra vez de vino. Qué bebida más buena, dije, yo creía que a mí no me gustaban estos líquidos. Debió de resultar algo para la gordita, que aún no había dicho nada, y que empezó a reír como una cerda. Esta risa de cerdita inspiró algunas risitas flojas. El chaval de 18 con greñas dijo que yo era un personaje, aunque, añadió, era un poco horrible. Supuse que se refería a la situación. Dije que, con todo el respeto, yo tampoco entendía nada.

Después la anfitriona que, naturalmente, era una lagarta dijo que había conocido a los novios en el camino de Santiago y lo bonito que era llegar a Santiago y ver el monte do gozo. Menuda mala puta, pensé para mis adentros mientras me terminaba la botella entera. Camarero, dije tendiendo la botella vacía, este vino es lamentable. Por favor traiga fanta naranja. ¿A ustedes les gusta la fanta? Dijo al resto de la mesa la idiota de la anfitriona. Pusieron caras, el resto, de no saber, salvo la gordita, que dijo que la encantaba. No, pensé, si al final me va a tocar hoy tener que acostarme con esa furcia. Yo, que sólo quería que me echaran a ostias de la boda sólo me encontraba con basura psicológica y juegos de egos de mierda. Necesitaba egos de verdad y ostias de verdad. De nada servía que hiciera más el subnormal. Me quedé callado y dejé que los chistes malos pasasen por mi cabeza.

El camarero entonces, no sé cuántos minutos después, dijo: carne o pescado. No me iba a callar. Esperé que todos pidieran e hice como si despertase de un sueño y dije que quería gambas al ajillo. No tenemos, dijo. Joder, vaya mierda, dije. Ahora sí notaba que mi tensión funcionaba, de nuevo, al fin. Dije que lo que quisiera y me vaciló y dije que sí. Lo estaban deseando esos cabrones, hasta la gordita. Por fin noté que el joven de 18 años tenía ganas de meterme una ostia. ¿Por qué no? Pensé. Empezaría a recibir y me quedaría quieto, sin quejarme, provocando que viniesen nuevas y mejores. Esos momentos gratificantes y efímeros. Con mi familia, con mis mejores amigos, sí, con las chicas, han venido a verme y yo me he quedado parado pensando en ella o en el paraíso o en no sé qué, como dije cuando, al principio de toda la tontería, en la mesa solté lo de Art Tatum y Ben Webster. Qué ganas tenía de merecerme escuchar esa puta obra musical, con la misma tensión, encerrado en mi pieza durante días enteros, esperando que llegase, por debajo de la puerta, una bandeja. La mesa continuó bien en mi olvido. Más tarde vino el novio y todos se levantaron a saludarle. Me dijo: es su momento, maestro, concédanos el honor.

Carlos, le dije, no estoy seguro de poder hacerlo. Por favor, dijo él, el escenario está listo. Estoy demasiado bebido, Carlos, dije. No nos haga esto, por favor, maestro, dijo él. De acuerdo, dije abandonando la tarta de nata y mango, y me dejé guiar por él, que me presentó en persona. A continuación me desnudé como buenamente pude. Los aplausos y aclamaciones, como de costumbre, al finalizar, no cesaron durante aproximadamente diez o quince minutos.
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22 comentarios:

Benaocaz dijo...

Hay una plaza en mi pueblo donde los niños no existen, o hacen como que no existen quedándose mudos y quietos, atraviesan veloces el espacio nerviosos como alambres. Si nadie les mira corren hacia el otro extremo sin despegar los ojos del suelo, y eso que cuando pueden evitan sus paredes blancas, sus aceras grises, ya ve, con los candores a jirones sucios y largos, éso pienso yo. Créame por favor, cuando le digo que es bien triste una risa ahogada nada más nacer. Lamentable.
Pues nadie se molestó nunca en preguntar porqué... Pero yo lo sé porque fui uno de esos niños, conservo el rastro. Fue porque aprendimos a leer. Hasta entonces la felicidad nunca había tenido que asumir que el dibujo de aquélla pelota tachada significa tan claramente lo que ponía debajo: prohibido jugar.
Y si aquél lugar se sigue llamando "Plaza de las Libertades", digo yo que será por nuestro bien... No hay nada malo en aprender, ¿verdad, usted?

Alberto M dijo...

hola Benacoaz, gracias por su comentario.

Malo no creo, aunque no estoy totalmente seguro.
Puede estar bien, creo.

Isadora dijo...

Me gusta el tono, el ritmo y la historia. Repasaría los "dije y dijo" que abundan y, en ocasiones, te sacan del relato porque percibes que se repiten mucho. Me encanta el final, en tu estilo, y algunas frases magistrales que cierran o abren párrafos secuencias.
Un gusto.

Alberto M dijo...

El gusto de leerte es mío, Isadora. Gracias. Intentaré tenerlo en cuenta para nuevos, lo hago mucho.
Un abrazo,

Anónima dijo...

Como soy bipolar, voy a tocarle los huevos a la gente que me rodea aunque sea innecesario. Porque lo que quiero es que me vean como un intelectual provocador... no como lo que soy, mono amorfo. ¿No te das cuenta de que los monos no tienen que ser amorfos, sino más listos que el hombre?

Puedo quedarme, ¿no?

Anónima

Sheela na Gig dijo...

Se me ocurre que si alguien hiciese de ti en una peli tendría que ser Bill Murray...Con esa cara tristísima que parece que va a partirse de risa de un momento a otro...Ya se que tú no tienes la cara triste....pero lo que cuentas es cómo las caras que pone este tío..
Bueno, que muy bien una vez más

Bicos

Alberto M dijo...

cojonudo, tronca. Desaparecido mi ex, Coño-tieso, que ahora está en el patio del colegio enseñándole las braguitas sin zurzir a los demás niños, muero de amor hacia, no sólo tú, sino el resto de comentaristas cariñosísimas.
Os mando besucos desde nuestra cojonudísima primavera!

Anónima dijo...

Censor, cobarde puta, halagador de instintos falsos, mentiroso: no está no, sí está y ocultas. Te mientes y sabes de sobra que te duele porque no sabes abordar con valentía la verdad, sino que actuas a falsa instancia. Y no enseño las bragas porque no llevo: tengo los muslos llenos de la sangre que menstrúo porque no me fecunda tu nabo flojo y seco.

No te dejes alagar: sólo te mienten por lástima.

Un beso.

Anónima dijo...

Ah! Te duele la cabeza después de leerlo... Perdona. No pienses en sangre sucia, sino en flujo de correrme. ¿Te gusta más?

Alberto M dijo...

Señores, estoy desolado por la desaparición de mi musa, Coño-tieso. Acá dejo un enlace dedicado a ella y a nuestra futura criatura, por si se dignase a entrar de nuevo. Con amor, Mi Coño-tieso, A.

http://www.youtube.com/watch?v=PQHlojPVtrg

Anónima dijo...

Que repitas diez veces cién una mentira ni te la va a hacer verdad a tí ni a los que te léen. Pichacorta. No te mientas, gran lector, gen censor. ¿Te da miedo la libertad? Vuelve a escribir mi ausencia, que empiezo a escribir verdades en tus amigos.

Alberto M dijo...

Para anónima es muy importante estar aquí, mientras a mí me cansa muchísimo. Ayer tuve un gran día recibiendo mensajes suyos que me hacían gracia y jugué un poco con ellos en mis respuestas. Su última amenaza es que va a meterse en vuestros blogs para contar verdades. Pensé que sobraba y para mí así es, pero se ha crecido y hecho un perfil en el que se hace llamar La anónima, en su estilo. Para mí no es nada más que un spam, quizá lo que sobren sean los comentarios, que nunca miro, salvo en este para contestar. Normalmente entra gente y dice cosas con el respeto que sabe y así yo y no entramos en tonterías. En fin, cuelgo las perlas de este personaje antes de salir para quien le guste verlas.

Anónima dijo...

Te adoro, querido, cuando dejas que doblegue tu voluntad. Cuando quieras quedamos y te la chupo.

Un beso!

Alberto M dijo...

bueno

Jose dijo...

Anónima, eres anodina. Alberto tiene chispa, y tú no. Es simple: no tienes nada que ofrecer, acéptalo, no pasa nada por ser anodina, el mundo también necesita seres anónimos anodinos. Un poquito de por favor, y déjanos disfrutar tranquilos, mosquita.
Alberto, si eres tan amable, hazle la marca del spam ése, el superhéroe que manda los necios moscones anodinos anónimos al olvido ciberespacial. ¿Sí? Una buena equis con el flys...

Alberto M dijo...

Hola Jose, yo no sé si tengo chispa. Eso es cosa de escribir y no escribir. Yo escribo: Anónima para mí es lo que he dicho. No sé quién es. Se ofrece a chupármela aunque yo sólo folle con mi novia y cosas así, pero ahí está. Dice su algo. Yo no tengo nada en contra, aunque sí la sugeriría, si ella, que es muy ella, se deja, abrirse un blog o, como dijo, hablar en los de mis amigos verdades, aunque sea sobre mí o sobre lo que ella quiera de mí. Yo estoy a su completo servicio y también a que esto de por aquí me permita seguir escribiendo tranquilo, como soy normalmente, y haciendo las cosas que voy a hacer de todas maneras porque yo sigo por aquí en eso y eso sí me aporta a mí.
He moderado los comentarios y ella sigue su permiso de no resistirse a cómo se expresa para comunicarse, pero es libre. A mí me gustaría hablar con ella tranquilamente como hago con casi todos vosotros y que me cuente, si quiere, con un café, pero esto es lo que hay.
Un abrazo,

Anónima dijo...

Ahora eres adorable.

¿Anodina? No, enferma terminal de melancolía depresiva. Amo a quien odio. Solo.

Alberto M dijo...

Luego también está que Jose es amigo mío y a ti no te conozco

Anónima dijo...

No te disculpes. No te justifiques. No te comas la mierda que el mundo nos pone encima. Sacúdetela. Dale una patada en el culo. Despierta. Merécete. Piensas y te aprecio. Escríbeme. Hablamos. ¿Nos entenderemos o nos despreciaremos? Yo no tengo sentimientos entre el amor y el odio. Me entrego hasta sentir desgarro o soy hielo sobre escarcha. Quiero desengancharme y no puedo: las pastillas me ponen un corsé en el cerebro y me abrasa la cabeza porque no puedo hacer lo que me pide lo que sucede ahí dentro. Ya no deseo matar, pero sí hacer daño, hacérmelo, desflorarme todos los orificios y entregarme a los actos más despreciable. Escríbeme, dime, sí, lo más horriblemente hermoso que te haya pasado por la cabeza. Todo esto es una puta mierda maravillosa.

Alberto M dijo...

No te preocupes, anónima. Yo creo que nos damos a las torturillas melancólicas y eso en el fondo porque queremos que nos quieran siempre un poco más. Yo ando por aquí y también, a veces, tengo días de esos. No se me ocurre nada apenas hoy, pero seguimos escribiendo en los ratos libres y bien.
Pasa una buena tarde,

Bellaluna dijo...

Me da no-se-qué decirte nada, aquí, porque os veo muy enfrascados, esa canalla y tú. Alberto: un beso.

Lu.

Alberto M dijo...

:)) un besote, Lunera!