lunes

Lo de la justicia poética


La literatura sólo era levantarse y pensar en la tecla, daba igual si adecuada o no. Una tecla no adecuada fabricaba una tecla que se iba adecuando. Hay mucha gente que se toma en serio ese mundillo, como si se tratase de una cosecha de trigo o algo parecido. A mí, sin ir mucho más lejos, me echaron del Hotel Kafka por borracho, que es como si a un columnista de El mundo le echan por pedrojotista.

La literatura era estar contento con mamá y con papá cada día, demostrarles cariño cuando volvían de hacer que la comida y la bebida fueran posibles.

Los últimos post de este invernadero son un eunuco que ha dejado de comer, una basura que, despojada de sus cáscaras, luce bajo el sol de este invierno, antes de tul, hoy frío y precioso. La noche perfecta, hoy. Mañana comeremos la verdad de la no literatura porque no habrá nada que comer. Hay pasajes que no son literarios y por eso sólo existen como literatura. Hoy se llama Oswiecim, ayer Auschwitz. Durante un poco de mundo el mundo entero respiró Chernóbil (Guardianes de la memoria). Leo alegre toda la obra de Álvaro Colomer, que no quiere ser amigo mío de facebook.

De pequeño eran tebeos, en cada viñeta se escondía la abuela y había que encontrarla como sea. Estas son otras navidades sin ella. Las mujeres siempre se convierten en la mujer y, a veces, en la mujer que ya no está. Ya dije que no sé hasta qué punto uso lo que fue su vida para decir que amo. Que mi motor es capaz de amar por mucho que sea sabido que los que hacemos literatura no tenemos corazón. Sólo somos víctimas de una vanidad dominical, aunque todos los días sean domingo en esta jaula de oro, llena de libros y de pájaros. Si nos hubieran dicho que todo lo que había que hacer de verdad era escribir. Algunos nos llegamos a abrir un blog para dejar de escribir, para sustituir la literatura por un mes de diciembre, y luego los fans desaparecían, se hacían fans de otra cárcel, de otro departamento de artículos de broma. Y el cielo sigue siendo llorar como decía aquel verso de Juan Carlos Suñén, el mago del bar de abajo. No sé tú, yo no podía parar de reír. Porque yo era una máquina defectuosa. Dice Umbral en Un ser de lejanías “Yo sólo soy un vendedor de estilo”. Pero la literatura te hace vender más de un estilo. Pronto no sabes a cuál perteneces. Te ves usando uno y otro en un mismo texto u otro y terminas preguntándole a Luna Miguel en el chat de facebook por qué le pasa a ella eso. Pues porque, hija, le pasa a todo el mundo, a ver, qué me va a decir.

La literatura era también encontrar un búnker de fumadores en Madrid y que te echasen por fumador. Todo lo que huele a retruécano huele a literatura, porque los premios literarios también son un retruécano. ¿A quién le han ofrecido más de uno? Pues eso. Que sepáis que pudisteis haber sido los elegidos. Si no quisisteis entonces ya sabéis por qué os gusta este blog, el por qué de los por qués de la literatura, que siempre es infantil, la literatura.

La literatura son cuatro niños corriendo de un lado a otro en una fiesta de esas que dan en los corralones del ámbito que corresponde. Y la realidad es que se hace verdad el sueño de firmar en la feria del libro. Qué le vamos a hacer. Yo sólo he soñado con hacer literatura. Luego está que si eso te sirve, que si eso te lleva a ordenarte durante el resto de los días y, al mismo tiempo, hay pan en casa, está más que justificado.

Me hizo gracia regresar a la Escuela de letras de Madrid y ver a don Ernesto Bottini (inquieto joven) vendiéndome cursos. Al parecer había que leerse a lo más de la leche (Larsa) y tal, los grandes viajes de los grandes narradores. Como son muy buenos anfitriones en estos lugares de la idea, así como lo son en el gran Hotel Kafka, el hombre leído me regaló un libro de esos que hacen allí entre alumnos y maestros.

La literatura, como la vida en este sentido, era estar equivocando la tecla mientras pedías pan para el niño que siempre va contigo a cada lado y tiene hambre, sueño y pis encima hasta que terminas viéndolo no ya como una prolongación de tu cuerpo sino como el cuerpo que sustituye al tuyo.

No hay fiestas, sólo una navidad solemne (de letras), procuraré que no sobre cochinillo para el sábado aunque espero que se cumpla que este año sí cenemos unos huevos fritos, los que quedamos, como tantas veces hemos dicho que íbamos a hacer. Luego, en menos de una semana, empiezan a llegar los invitados, al mismo tiempo que todo el mundo se ha ido, junto con sus letras, a otra parte. Y claro, eso suele dar para no pocos post (unos noventa este año, o por ahí).

6 comentarios:

campesina dijo...

Me conmueve la literatura, esa en la que da igual la tecla, que te echen por fumador y esa abuela tuya y la mujer que ya no está.

Mi literatura hoy son mis hermanos en un tren al sur y la toponimia de los ramales del ferrocarril, el suelo húmedo, el viento y los humos maderosos y los lagos grises. Todo eso te mando en un libro de regalo para esta Navidad.

un beso

Alberto M dijo...

un libro que siempre da para un beso, entre post y post, querida Campesina

Odile dijo...

Me alegro de que estés escribiendo mucho últimamente. ¡Ánimo compi!

Odile dijo...

Me alegro de que estés escribiendo mucho últimamente. ¡Ánimo compi!

Alberto M dijo...

qué bien que me salgas repe. Como sabes, no me canso de verte.
Un abrazote, Odile.

Anónimo dijo...

No puedes vivir pensando en el resentimiento hacia quienes nunca te quisieron. ¿Es que alguien puede enseñar literatura?

Ay... pequeño Umbral, sé tú mismo!

Con cariño