miércoles

El día en que Alberto Olmos entró en mi casa haciéndose pasar por Alberto Masa



No eran todavía las siete menos cuarto de la tarde de un viernes que hacía un frío muy de invierno cuando Alberto Olmos* entró en mi casa haciéndose pasar por Alberto Masa. Mi padre abrió la puerta y se mostró en un principio reacio a entender que la persona que estaba al otro lado de la puerta era su único hijo, Alberto Masa, así que formuló unas cuantas preguntas a Alberto Olmos cuya respuesta sólo podía conocer él como padre de Alberto Masa y el propio Alberto Masa. Alberto Olmos respondió sin equivocarse hasta siete preguntas y entonces fue cuando mi padre le aceptó como su hijo Alberto Masa y le preguntó dónde había estado durante tanto tiempo, a lo que Alberto Olmos, haciéndose pasar por Alberto Masa, respondió: He estado todo el rato en esta casa, sólo que encerrado en mi habitación, y no he podido salir hasta hoy, razón por la cual he decidido venir a visitarte, y aprovechar para hacer unas llamadas a unos amigos.

Después de unos seis minutos (durante los cuales mi padre y el impostor que se hacía pasar por su único hijo, Alberto Masa, aprovecharon para iniciar una charla cuyo tema fue las relaciones sexuales del uno y del otro con mi madre sobre todo entre otras mujeres totalmente imaginarias como mi abuela y la profesora de estética y fundamentos de la filosofía) Alberto Olmos cogió el teléfono haciéndose pasar por Alberto Masa, y llamó a las casas de todos los amigos de Alberto Masa para invitarles a su entierro que vendría a ser al día siguiente, pero ninguno aceptó la invitación porque, sabiamente, habían optado por alejarse de todo recuerdo acerca de Alberto Masa, llegando en algunos casos a negar la existencia de Alberto Masa y también de la voz de Alberto Masa, que era en realidad la de Alberto Olmos haciéndose pasar por Alberto Masa.

Ni siquiera yo mismo asistí al entierro de Alberto Masa, el día que, sin darme cuenta, había dejado de ser Alberto Masa, y todo eso sucedió mientras yo estaba encerrado en mi habitación sin noción ninguna de lo que ocurría en el resto de mi casa, y sin noción ninguna de la muerte de Alberto Masa.


*Alberto Olmos (algún lugar de Segovia, 1975) es el autor de Vida y opiniones de Juan Mal-herido (Melusina), aparte otras novelas como Trenes hacia Tokio y El talento de los demás (Lengua de trapo) que he leido enteras.
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2 comentarios:

J. dijo...

Panero revisited!

Alberto M dijo...

sí, pero ¿Por qué no el Tom Castro de Borges?