martes

Visita

La última vez que la vi estaba hospitalizada. ¿Qué llevas ahí? Dijo. Es un regalo. ¿La depresión de España? Está, dije, tachado por Fernando Millán. Ah, dijo. Hicimos el amor allí mismo, poco me importaba que una venda cubriese su entonces ya inexistente nariz. Detrás de eso, al fin y al cabo, estaba ella, pensé, y, cuando conseguí quitarme eso de la cabeza, me corrí. Nada más abrocharme la bragueta entró una de sus enfermeras. ¿Han venido a verte hoy eh? Soy Alberto, dije, mintiendo sobre mi verdadero nombre. La enfermera me dijo que había habido un problema con la cocina y que la comida no estaría lista hasta dentro de un poco más de media hora. Bien, dije, nosotros hablamos mientras. Bien, dijo. Echó un vistazo al suero y nos dejó a solas de nuevo. ¿Aquí no se puede fumar, no? Dije mientras encendía un cigarro. ¿Crees que lo ha visto? Dijo señalando la sábana. ¿Qué más da? Dije, y chupé el cigarro. ¿Tú cómo estás? Limpia el semen, joder, dijo. Vale, dije. Echa agua aunque sea, dijo. Después de todo eso estuvimos hablando aunque no teníamos nada de qué hablar. Me cortó en uno de los momentos en que estaba diciendo cualquier nada para pedirme un cigarro. Lo encendí en mi boca y lo coloqué en la suya. ¿No te recuerda esto al colegio? No, dije y también añadí que me hubiese gustado mucho que hubiera otro paciente en la habitación, uno de esos que van a palmar casi fijo, con su señora al lado, añadí también, cogiéndole una mano. Abre la ventana, dijo, se nota el humo. Abrí, nos miramos un rato sin decirnos nada hasta que ella dijo ¿Qué? Estoy al cigarro. Cuando lo terminó le dije que me lo diera y lo tiré por el váter al igual que hice con el mío. Me volví a sentar a la vuelta. Estás hecha un adefesio, le dije. Ella me aguantó la mirada y al final fui yo el que la colocó en otra parte. Poco a poco, dije, y repetí: poco a poco, mirando hacia la parte baja de la camilla. Cogió el libro que la había traído y lo hojeó y yo continué mirando a la parte baja de la camilla. ¿Qué crees que habrá tachado aquí? Dijo señalándome una página. Me da igual, dije y la pregunté si la gustaba. ¿Tú qué crees? Dijo. Ah, dije. La verdad es que no sé qué me gusta, dijo. Ya, yo tampoco, dije. Es un detalle, dijo, que te hayas acordado de mí y tu visita, dijo. No tiene importancia, dije ¿Otro cigarro? No, mejor no, dijo. Espero a que te llegue la comida y me marcho, he quedado para ver el partido con un compañero que vive a tomar por saco. Su mujer ha estado haciendo comida y no sé qué, añadí. ¿Me quieres? Preguntó. Sí, dije. Me miró. Dije que si se ponía a llorar me iba. Me recosté y cerré un poco los ojos. Poco después trajeron la comida para ella, pescado y ensalada. Tenía buena pinta. Por lo menos hoy estás acompañada, dijo la enfermera, pero yo no estaba seguro de si era la misma que había venido antes. Vi cómo deshacía el papelillo de los cubiertos mientras yo avanzaba hacia el chaquetón. Ven más, dijo. Dije que a ver cómo andaba de tiempo. Tú a recuperarte, dije enviando un beso y me dirigí hacia la puerta. Gracias dijo antes de que cerrase.
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5 comentarios:

campesina dijo...

Qué visita, me dio pena que Alberto se fuera. Y que ella no llorara. Habrá llorado después, seguro.

me quedé un poco triste y con ganas de darte un beso, aquí va..

Wilhelm Kay dijo...

Colocar la mirada en otra parte... me ha parecido una expresión feliz.

Bellaluna dijo...

Los hospitales... me ponen muy, muy triste. Y -también- pensé que también tendrías sexo con la enfermera, que habría que limpiar manchas de semen del fonendoscopio, el termómetro o esa cofia tan extraña que llevan. Del delantalillo que les oculta los pechos. Qué extraño. Me puse nerviosa.

Alberto M dijo...

El cielo es llorar, campe. Interrumpir un estercolero también se consigue llorando ¿No crees, colega mía?

Hola Wilhelm. No me di cuenta hasta ahora con tu comentario. Sí puede serlo, es verdad. Definitivamente lo es.

Otra solución a un hospital, Luna. Me contuve de enmajeretizarme, es verdad, en este texto. Lo tuyo me sugiere retomarlo, quién sabe. Fregar todas esas paredes con un poquito de cordura. La verdad que por qué no :). Ando yo también como nervioso últimamente, no sé.
Para cuando la quedada que hagamos nos hacemos unos peigs.

Un abrazo a los tres.

Bellaluna dijo...

Lo que tu quieras, menos morir de nada