viernes

Un buen chico

He estado pensando un puto post. Todo el día. Mientras me levantaba -temprano-, mientras me duchaba, mientras me vestía, mientras mordisqueaba una manzana camino hacia el metro, y cuando cogí la manzana de la cocina, también entonces pensaba en un puto post. Al cerrar la puerta pensaba en un puto post y mientras giraba la llave y al llamar al ascensor. Ah, luego he empezado a mordisquear aquella manzana de antes y, ya lo he dicho, ya no me quiero repetir más en este jodido post, he caminado hacia el metro. En el metro he caminado hacia la parte de más allá, mordisqueando el final de una manzana y pensando en un -de mierda- post. He tirado el tronco de la manzana, a una basura, efectivamente.

Recuerdo, una vez en el vagón, he abierto un libro típico de esos que yo leo en el metro, sobre espadachines que luchan por conquistar a las cortesanas y eso. Hasta ahí bien. Me he concentrado y normal, hasta que he empezado a ver señales de mi relación con mi post y el demonio en frases como “Si nuestro amigo pereciera en la batalla, el mismísimo rey tendría pronto cuenta de ello” y “para clavar la espada el osado caballero eligió el vientre”. Mierda, me he dicho. He tenido que bajar en la estación siguiente, que no me acuerdo cómo se llama. El puto post que estaba pensando también estaba en las caras de todas esas personas que, con sus ojos, se dirigían hacia mí, un pobre chaval normal que tan sólo estaba corriendo en una estación cualquiera de metro diciendo tan sólo en alto: Aleja de mí este cáliz.

Una vez en la calle he dejado de gritar y pensado para mis adentros: Qué ciudad más hermosa. Una putada no saber cuál de ellas es, bien cierto, también pensé. Así pues entré en un bar a hojear un periódico. El camarero vino y yo dije que quería café. Es más, añadí, en vaso, por favor y sin nada de estricnina. Mientras, bajo mi atención, el señor lo ponía, le dije: Esas malditas tazas son para pequeño-burgueses, por eso prefiero el vaso, estimado señor mío. ¿Sabría usted decirme qué ciudad es esta ciudad tan hermosa donde habita lo salubre del aire y de la gente?

Desde que entré yo ya había notado que me miraba raro, pensé. Ese hombre, sin duda, no se había tomado la medicación para los nervios. Se lo dije cuando me espetó si yo era de aquí con tono despreciativo. Tuve que salir corriendo, menos mal. Ese hombre era peligroso y a mí ni siquiera me había dado tiempo a probar el café ni hojear el periódico y, lo peor, ni siquiera había pagado. Debía de volver, sin duda, abrir la puerta despacio sin que el hombre lo notara, avanzar hacia la barra, dejar el dinero que vale un café y marcharme, aunque en ese momento me acordé de que no tenía dinero y me dije que otro día, cuando lograse tener dinero, entonces volvería a ese bar y pagaría aquel café que me sirvieron en vaso en aquella ocasión, cuando yo me había bajado del metro en una estación anterior a la cual me iba a dirigir por la mañana cuando tomé el metro mientras tiraba a la papelera un tronco de manzana, tras asearme y salir de casa aquel día que me había levantado temprano por tercera vez en mi vida, esa, porque sin lugar a duda yo había tenido una vida por la que habían pasado, por ejemplo, otras. Sí, cierto, me dije, cierto, buen chico. Y me acaricié la cabeza con la suficiente energía. Y ahora, le dije, debemos encontrar la boca de metro en la que nos hemos bajado para regresar a nuestro hogar. Sólo había un problema, él no llevaba abono transporte y yo, me di cuenta, tampoco podía pagar su viaje.
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10 comentarios:

campesina dijo...

Hay camareros así, nerviosos, que miran raro y no saben ni siquiera que viven en un post. Y ni se imaginan que uno no es que quiera robar o hacer perro muerto como se dice aquí. Y que igual volverá a dejar la plata. A mi también me pasa. Que una podrá ser distraída, pero es honrada. En algunos bares, por lo menos.

maravilloso, mi Alberto, un beso.

Bellaluna dijo...

Son los posts los que, flotando en el aire, nos piensan y eligen a nosotros. Putos -sí- posts.

Alberto dijo...

Jo, chicas. Os deseo mazo. Hace poco dejé el blog para siempre y hoy o ayer vuelvo, relato tras relato, a ser casita, calor y vosotras, como siempre. Y ahora me tengo que ir a mis cosas, pero en cuanto vuielva, qué sé yo qué me pasará por la cabeza porque, claro, estaré vivo y eso.
Tontín, otra vez, ando.
Besos muchos, lametones, todo.

Odile dijo...

Alberto, deberías escribir algo sobre la seducción, a tu lado el Ars Amandi de Ovidio es un chiste.

Un abrazo, compi.

Jose dijo...

Me ha encantado este post y...

¡estoy de acuerdo con Odile!

Por cierto, me recordaste (sin querer) que debo un café con leche desde hace dos años o más en cierto lugar de Galicia. Y sí, de cuyo nombre no quería acordarme.

Un abrazo, magistrable.

Alberto dijo...

:P

Psicologa con problemas dijo...

me encnato como escribis!! esel tercer post que leo y ya me gusto mucho!!

putos post!!
putos cafes en tazas chicas
y puto dinero!!

TucuMala

JAL dijo...

Alberto, me inspiró releerte. Buscando encontré este maravilloso corto en youtube:

"La Ruta Natural"
(ya sabes cómo me gustan los juegos de palabras y éste es un palíndromo precioso)

http://www.youtube.com/watch?v=JtykW5VtUWs

Creo que también te gustará a ti. Un saludo.

Alberto M dijo...

Pues claro que me mola, tío!!
Mazo
:)

La ruta natural no lo conocía como palíndromo (es bueno)

Alberto M dijo...

gracias TucuMala!