viernes

Las horas de mis horas no son horas cuando no lo son


Quería incluso simplemente un día, por un día, entrar en mi casa y ahorrarme pisar el primer cadáver, saltar el segundo, imitar la postura del tercero, dar un beso al cuarto. Bueno no, no lo quería, aunque, como era sólo por un día ¿Qué más da? En el frigorífico vive otro cadáver. Es el de una chica que se llamaba Lunes los martes y Sábado los sábados. Un cadáver cuyos trozos cojo y pongo en una báscula, y veo cómo cada vez pesan menos (también he de tener en cuenta que cada vez hay menos trozos porque a veces me he comido alguno creyendo que era de otra carne, o sin creerlo, poco importa). He salido a la calle y esquivado a los pobres, les he dicho que nanai, que no, que a su puta casa, así, como si tuviesen un lugar fijo donde morirse como yo cuando me una a los míos, aunque sea, como ya he dicho, por un día. O noche, o lo que sea. Les he dicho no y cuando han dejado de mirar he entrado en el Fnac a ver si ya había llegado el vídeo de Elvis Pressley. Jaja, he pensado, qué fascista soy, y otra vez pensado: seré fascista, coño. En casa los cadáveres son buenos con los gatos y las cucarachas. Me he sentado y, cuando me iba a levantar, ha sonado el teléfono, así que he pensado: qué guay, ahora levantándome puedo hacer dos acciones a la vez. Y he cogido el teléfono y era una encuesta sobre los supermercados. He dicho que mi padre acaba de morir. La señora tenía muchos productos y los repetía y repetía, y yo he dicho de nuevo: que se ha muerto mi padre ahora y la he preguntado que ella qué haría. La he notado nervios. Y la he dicho que el cadáver está al lado mío, y ha colgado. Esto hubiera sido verdad, pensé, hace cinco días así que ahora tampoco era una mentira tan enorme como para que la muy gilipollas se enfadase.

He dejado mi casa de Madrid. He mandado a mi jefe pakistaní al fondo de mi culo. Quiero decir que se lo he enseñado para que se enterase dónde cabía su puto negocio y su puta familia y su puto él entero. Y luego, con el agujero señalándole, he dicho que me cagaba en su desdentada boca y añadido: no eres más que un moro de la morería. Se ha enfadado, pero yo tan ancho. Como para no estar agradecido el jodido analfabeto con mis cuatro días de trabajo de sol a sol de invierno prematuro. ¿Y si no me llaman del INEM, qué hago? En el INEM leen mi blog. Se saben de memoria todas las entradas en que uso la expresión “folla arriba, puta muerta, hasta que te salgan flores por los ojos”. España mola. Los pakistaníes molan, incluso aunque seas un jodido fascista como yo, los putos moros invertidos esos tienen su gracia. Reconócelo. Porque yo no lo voy a hacer. Si no fuera porque vivo con muchos cadáveres terminaría cayendo en una de sus putas tiendas para comprar otro y que mis gatos pudieran seguir picoteando.

Me gusta vivir la realidad. En lo de las letras era muy divertido. Con la mafia te descojonas. De repente, un tipo que te llama “hermanito” mientras le toca el culo a tu novia, la putilla que no te ha acompañado porque no le gusta que le toquen el puto culo, levanta su mirada de un ordenador en el que acaba de contestar a seis correos, se limpia la frente del sudor y, si se siente lo suficientemente generoso, te dice: ¿Un whiskito?

En casa cada vez había más cadáveres, tantos por todos los lados que era casi imposible de encontrar el mando a distancia para poner a Elvis, el rey; por ejemplo o una de mi ídolo Steven Seagal. Enciendo un cigarrillo y comprendo que convierto a todos esos muertos en fumadores pasivos. El humo dibuja cosas. El amor, por ejemplo, es bien sencillo. Una bocanada y sale ella, da igual si viva o muerta. Es sencilla y, si se mantuviese quieta en la mesita que tengo enfrente, podría cogerla sin problema como se coge una taza y beberla junto con todas sus respuestas y demás virtudes. He dado otra bocanada. El humo mejora el olor de los cadáveres. Se me ha ocurrido ducharme, aunque luego no lo he hecho, porque no iba a salir. Me río con los muertos, siempre tienen un chiste brillante para mí. Bien, digo. Eso está bien y me seco el sudor de mi frente, puesto que fumar cansa mucho, y les animo a que sigan. Al quinto o el sexto, yo estoy dormido. Cuando despierto me siento otro rato, busco otro cigarro, otro Elvis Pressley, otro café, pero termino moviéndome hacia la cama, no sin antes asegurarme de que la nevera está cerrada, donde una mujer desconocida me dice que hay que ver qué horas. Que hay que ver qué horas tengo.

11 comentarios:

Jonás dijo...

El principio, las primeras líneas, no sé bien hasta dónde, bueno o tal vez hasta que sales a la calle, qué importa, me ha parecido un comienzo tan estremecedor, lo has relatado con tanta limpieza, que de nuevo, como me sucedió con aquella despedida tan larga que escribiste hace días he tenido que seguir leyendo, impulsado por tu certera verborrea, a la expectativa de que discurriesen los acontecimientos; los acontecimientos no han llegado, como suele suceder en este diario tan lejos de obviedades, ha sido tan solo tú, sencillamente tú, escenario y distancia a lo que me ha llevado la lectura, un fabuloso abismo en el vale la pena perder la conciencia, por un momento...

un saludo, Alberto

Alberto M dijo...

Muchas gracias Jonás. Un saludo.

Wilhelm Kay dijo...

Madrid ya no es Madrid desde que la criatura acecha en cada esquina con su prosa a chorros. No escribe como los hombres, sino como las bestias. Nos da miedo, pero no podemos evitar seguir leyendo. No encontré nada semejante a la semejante criatura y decidí que lo mejor sería dejarme absorber por ella. Desde entonces crío cucarachas y doy pisotones a los gusanos de seda.

Tu escritura es brutal, Alberto.

Alberto dijo...

Chicos, pues hoy me alegra mucho esto que me decís. Se lo acabo de enseñar a mi madre, en serio. Hace tiempo me dijeron también elogios y dije: que no, leñe! Pero a veces mola, a veces es la salsa de la vida que entréis, vosotros, que también os leo y aprecio, y digáis algo, leñes, bonito. En serio, aunque procure no creeros mucho.
Un abrazote.

J. G. dijo...

y Madrid nunca volverá a serlo.

saludos

Robert Creeley dijo...

El amor llega silenciosamente,
finalmente, se posa
encima mío, alrededor de mí,
de la manera acostumbrada.

¿Yo qué sabía, que creía que era
capaz de andar
todo el camino solo?

meim dijo...

En esta madrugada lluviosa
una ilustre desconocida piedra
vino a dejar constancia de la
pobreza de pensamiento de los
tinteros de pluma ocurrente sin
tinta real(mente) magica en su
propia demora triste, oscura y
demasiado fria.(las ideas no estan claras,la fiebre y el dulce de leche tienen la culpa)
Las buenas noches y besos sonrisas
en provisión de la navidad

meim dijo...

Habiendo (re)leido este post mio
pienso que presta a confusion
y creo necesario declararlo
aquí y ahora (que nadie nos lee)
Hablé solo de mi (estoy malita y con fievre realmente - esta madrugada estaba fatal, no podia
conciliar el sueño, y deseaba , aun asi, comentar)

Hé sido muy egoista
se me olvidó comentar
tus palabras que a parte
de ingeniosas me encantan
siempre; ¿me perdonas?
meim

Un abrazo de domingo y un beso de
mazapán anunciando una navidad de Amor y Paz (si,aun estoy fatal pero quiero hacerme perdonar)

Alberto dijo...

no te preocupes por nada Mein y ponte buena.

J. dijo...

Buffff, la criatura está en forma.

Anónimo dijo...

Si, probablemente lo sea