lunes

Ella sí y no


La ciudad es un manifiesto de ron (añejo sobre mi mesa -decimonónica-). Las calles son una percha y ella se ha puesto el traje que debiera estar ahí para ir a su trabajo. Ella puede ser cualquiera, incluso. Y yo la miro desde abajo, pequeñito, iletrado, asexuado.
Toda puta es una misma puta como todo trabajo da igual. Todo dinero está sobre una misma cosa o coso, esperando que se caliente para arder de felicidad. Las navidades están a punto de caer.
En cuanto me dediqué al mundo de la cultura noté pollas en mi boca. 400 y de golpe. Cada vez más. Nunca había habido tantos cigarrillos sobre la tierra. Poco a poco noté que mi polla también se iba llenando de bocas. Todas querían estar ahí. Todo el mundo era una boca y una polla. Así se había entendido aquello que dijo Villón, que dijo Artaud, que dijo Deleuze, que dijo Zizek, sobre el cuerpo sin los órganos. Una boca y una polla. Cincuenta mil pollas y cincuenta mil bocas, más, cincuenta billones. Qué pasada. El marqués de Sade estaba sentado en una silla echando vino al barco velero que tenía en la bañera, esperando que el papel se impregnara y resultase en un barquillo de san Ginés, en una soledad maravillosa, llena de concepto navideño y nieve. Nieve, como hoy.
La nieve caía y mamá, a quien amo, llamaba a la puerta y decía si no iba a ir a mis estudios. No, dije. La nieve era la razón y la pereza. La nieve era su teléfono. Nunca supe utilizar uno. Una vez que los copos caían en su pelo se derretían fabricando que yo era un niño que no quería despertar. Mi edad era sólo aproximada. Mis amigos cantaban el disco rosa y estaban lejos. Mi pelo era una festividad. Ya no volvería a tener melena. Se lo dije al peluquero. La nieve y el ron se parecen, aunque sólo sea en lo blanco de los ojos.
Mis ojos eran dos y un culo. En el culo entraban los dedos de Margarita. Ella era especial que te cagas. Ya no voy a contar más. Odio contar intimidades, como se sabe.
Valseca caía junto con el cielo. Esta mañana le llamé (a ella) y me dijo que no podía parar de trabajar. Yo nunca seré ella. A ella la he vuelto a llamar esta tarde y me ha dicho no sé qué. Era horrible. El monstruo no paraba de beber nieve agostada en el suelo de noviembre, de casi diciembre, el suelo. Busqué dar con la tecla. Escribir una sola frase buena para un día de bailar en casa desnudo a la Velvet Underground. Pero no vino. Sólo sale este post de vago que refleja lo vago que es lo vago, la semilla de la flor que no hace nada y sin embargo se mancha. Se pone negra, extraña y, poco a poco, ya no es nada roja, sólo tiña. Escucho a mis amigos del disco rosa (Líneas albiés), un trabajo grande, y yo sólo me tiro al desierto más cercano, me recoge un camión y huelo a mis compañeros, son jenguirillas y trapos, usados, preservativos, y todos me sonríen mientras la misma hormigonera de cada día da vueltas y, afuera, sonríe una familia típica de la niñez, que ya se me ha muerto junto con todos los que la componían. Menos mamá. Mamá está siempre esperando que me levante para verme ser alguien.
Ella es una isla parida por ella misma. Sólo se tiene que levantar y tener cuidado de que nadie se haya comido esa isla. Al mismo tiempo ella tiene que comer y, si puede, abrazarse. La naturaleza la ama, parece. El día que compuso una televisión un relámpago hizo mella en la isla. Fue bonito. Luego Crónicas Marcianas siguió, como si tal cosa. Boris era una persona súper-comunicadora que se bajaba los pantalones.
Yo sólo tengo dos grandes temas: beber y estar sobrio. No sé de cuál de ambos hablo hoy, en mi blog de éxito.
Han llamado de Valseca. He puesto ese jodido tono de voz. Todas las tías de alguien están bien. Cuando me muera seré ese freak del facebook que, mamá, molaba lo que ponía, pero se murió. Pena, era tan joven. Aunque no lo parecía, no. No sé. Lo que sea.
El blog me da igual. Sólo quería iniciar este post para decirle a mi madre (Mari Carmen) y a mi padre (Ángel) que les quiero, y a la sobriedad, que cada vez que me dicen que entran en el blog, aunque también me entiendan que no entienden lo que pone, son una muesca en una primavera real, en un sol de agosto bueno. Que los amo, por igual, aunque ella, con el traje, no lo vea ni lo quiera ver, que ha nevado, pero ellos siguen ahí, en el curro, en la trabajoría, y yo he vuelto y me ubico y poco a poco voy venciendo a algo que, quién sabe, a lo mejor "es" el arco iris. O lo que sea.
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14 comentarios:

Anónimo dijo...

Grande, pero con abuso de palabras como ''polla'', tal vez, el escritor quiera expresar su porcentaje de ira, molestándose para molestar.GRANDE!

Alberto M dijo...

el escritor es siempre sólo un jilipollas.
Gracias

Billy Collins dijo...

Cumplir diez años

Con nada más pensarlo siento como
si estuviera incubando alguna enfermedad,
algo peor que cualquier dolor de panza
y peor que los dolores de cabeza
que me dan cuando leo con poca luz:
una especie de sarampión espiritual,
como unas paperas de la mente
o una varicela que desfigura el alma.

Me dicen que es muy pronto para mirar atrás,
pero eso es porque ustedes se olvidaron
de la simplicidad perfecta de ser uno,
y de lo hermosamente complicado que vuelve todo el dos.
Acostado en mi cama, todavía recuerdo cada dígito:
a los cuatro era un hechicero árabe
que podía volverse invisible al tomar
la leche de determinada forma.
Fui soldado a los siete. Y a los nueve fui un príncipe.

Ahora me la paso en la ventana,
contemplando la luz de las últimas horas de la tarde.
Antes no se posaba de forma tan solemne
en mi casa del árbol. Jamás mi bicicleta
se quedaba apoyada como ahora en el garage,
vaciada de su velocidad azul oscuro.

Así comienza la tristeza, pienso
mientras camino por el universo con mis zapatillas.
Es hora de decirles adiós a mi amigos
imaginarios, hora de llegar al primer número grande.

Parece que fue ayer cuando creía
que no tenía nada más que luz debajo de la piel,
salía un resplandor si me cortaba;
pero ahora, si me caigo en las veredas de la vida,
me raspo las rodillas y me sale sangre.

Alberto M dijo...

precioso poema

Alberto M dijo...

Perdón, Anónimo, por mi comentario algo seco de ayer. No lograba dar con buen ánimo. Te agradezco mucho que valores mi escrito.
Un abrazo.

Bellaluna dijo...

Pollas, padres, nieve. Deben ser los cambios bruscos de tiempo. Yo tengo frío, fiebre y dolor. No salgo de la cama. No.

Alberto dijo...

Alegría, Luna. Sólo alegría. Por hoy.
:)

campesina dijo...

eres un obseso, Alberto...

"Obseso de Vallejo, le he visto muchas veces en el destello más insólito. En París, por ejemplo, el 53, hace ya tantos años, con sus 15 de difunto bajo la lluvia, la mañana aquella que se me apareció de golpe en el ángulo del bistró, humeante la taza, en diálogo hondo con Celan, ese otro invisible de los muelles del Sena". (Gonzalo Rojas)

Rojas también dice que todos los poetas vienen de Vallejo, los de allá y los de acá (España y Latinoamérica)como antes de Quevedo o Juan de Yepes. Y que no cesan de seguir viniendo...

No sé, a mi la mamá me recuerda todo eso, y este post también.

beso de niña

Bellaluna dijo...

Cof, cof, sí... alegría, con 39º de fiebre, pero me duele hasta la entraña de mí madre.

Alegría, ay!

Alberto M dijo...

besos de niño, campe (esto se pone peligroso eh)

BElla, ducha fría y leer a Tolstoi!

Bellaluna dijo...

Vaya... no le digas a nadie que estoy leyendo La guerra y la paz, de León. Natasha, Pierre, los Volkonsky, Andrei...

La ducha no, ¿eh?

campesina dijo...

jajaja...eres genial, Alberto

mmmmmmmmmmmmmmmuac

Alberto dijo...

jaja, la ducha no.

muac, camp

Bellaluna dijo...

Thanks,
L.