lunes

Perdón por el ingenio

No recuerdo si ya lo he contado en este sitio (comprendan que van ya unas cuantas entradas), pero yo, cuando nací -siete meses- me dieron por muerto varias veces en la incubadora. Esto no es que lo recuerde yo, es que me lo ha contado mi familia, a la que, me han dicho, llegaron a informar de mi fallecimiento. No sé por qué lo hice. Quise vivir, supongo, lo que me es un poco contradictorio en mi biografía, pero no hoy, día en el que observo mi habitación -un poco claustrofóbica como, decían algunos entendidos (pocos, ociosos y, en alguna ocasión, agradecidos e incluso compradores), también eran mis dibujos- y veo, en mi estante, libros como Vivir sobrio. La cosa no es que unos seamos malditos (un maldito, decía Eduardo, sólo es alguien que se queja mucho, refiriéndose en aquella ocasión, no recuerdo, a Panero o alguien de esos). Simplemente hay los que saben beber y los que no. Yo no sé beber. Punto y aparte.

No sé por qué resucité. Será que quise, supongo o, quizá, algo más tonto como, supongo, que, de repente, respiré y ya está. Desde hace tiempo me creo que la única muerte posible es la de los otros (algo así dice el epitafio de Duchamp -respirateur-, creo recordar, hoy no me apetece visitar el google). El de Gogol dice: Os reiréis de mis tristes palabras. Y así ha sido. Sabemos que el genio es una cosa que no existe, o que sólo ha existido, no sé, en esos dos, en san Agustín, en Buda, en Churchill, Mandela, Gandhi, Hitler, el asesino de la baraja y esa gente. (Perdón por la grosería del último chiste, ando muy perdido entre los libros de lingüística de la universidad -jamás en mi vida he estudiado y sólo me pusieron matrículas de honor en mi antiguo periplo universitario por ser guapo- y, a veces, necesito desahogarme). Sumado que, desde que estoy convencido de que una de mis compis de piso, me quiere acuchillar -precisamente ahora, tiene cojones, que quiero vivir y ser algo en la vida además de, como dije, precioso-.

Las relaciones humanas son difíciles, yo siempre he creído que era una cuestión de respeto y amabilidad, así de simple, pero, claro, yo antes era marqués (hoy soy ex marqués -creo que mola más, bueno, no lo sé, seguro, deberé esperar un tiempo-). Nunca lo hice en ninguna casa -tampoco cuando resulté acompañado-, pero he empezado a usar el pestillo. He pensado que me voy a casar y tener hijos y esas cosas. Sí, algo así, ganar dinero, ser aquello de Ruano (hoy se me ha pasado, y sólo soy un grafómano, escritor, pelele, de La semejante criatura, pero de pequeño quería ser escritor) tipo (las comillas no se ponen si no estás seguro de que es literal, dicen mis nuevos maestros -muy amables, por cierto-): Mañana me tengo que levntar temprano para escribir 5.000 pesetas.

Aún no tengo trabajo (estoy esperando una llamada de Pablo), pero, cuando mi universo celestial se para y tengo a mano el teléfono, llamo a Carmen Platero, actriz española de una España que olía a España, como ahora, pero en olor, musa de Umbral, admirado mío, como se sabe, aunque nunca lo conocí, “ay”, personalmente, y tampoco quise (prejuicio) -“celebres” sus cachondísimos artículos dedicados al culo de la Platero ("Notas sobre el culo de la Platero", salía en El Jueves), además de merecidos- y, sobre todo, amiga de mi tía Pepa y mía. Llamo a Carmen y la pregunto cosas y hasta se lee mis escritos y me dice si le van o no le van. Entiendo que mis amigos -alguno habrá que lo sea- no lo lean. Yo odio leer a mis amigos. La pereza que me hace es muy grande. Tampoco sé si tengo algún amigo escritor, quizá sea mejor aún y sean sólo mis maestros.
Pues hoy la voy a llamar. Ya no me apetece escribir más. Si digo hola en facebook, amados secuestradores, es que estoy en casa.

Me apetecía titular este post Perdón por el ingenio, aunque no veo el ingenio. Además lo odio. Reconozco a mis maestros porque se lo tragan. Yo estoy aprendiendo.

PD: Ah, y no he leído Moby Dick, que lo presumí el otro día y no, sólo he visto la peli. Tenía que decirlo, caray, que no podía con la culpa.

Besitos,

4 comentarios:

Wilhelm Kay dijo...

Yo, el Moby Dick, me lo compré en una edición bien chula, en inglés, por más de veinte napos. Es una novela que te hace darte cuenta de algunas verdades importantes de la vida. Las mías fueron:
-No me interesa la alta literatura (al menos si trata sobre ballenas o marineritos)
-No sé tanto inglés como dice mi CV.
-Mi madre tenía razón cuando decía: "hijo mío, tú es que eres gilipollas" (me atrevo a poner comillas porque estoy seguro de que la cita es exacta).

Acabo de conocer tu blog. Es un placer leerte.

Saludos,

Wilhelm Kay.

Sonia Betancort dijo...

¿¿¿y en la incubadora, después, qué pasó??? Un abrazo, buen relato de combate!

Jose dijo...

¡¡Hola Alberto!!
Es estupendo leerte, ya te lo he dicho.
Acabas de enseñarme para qué sirven los pestillos: para recordarnos el valor de las relaciones humanas. Tenía la sospecha que la contradicción ilustraba mejor que la incertidumbre, quiero decir que hacer ésto y lo contrario pudiera ser mejor que no saber qué demonios hacer. Ahora me doy cuenta de que, sobre todo lo anterior, lo mejor es tener siempre un plan de emergencia... un pestillo, por ejemplo, aunque no lo uses.

Por cierto que el pestillo de mi puerta no encaja.

Un abrazo

Alberto M dijo...

Wilhelm, encantado macho!

Hola Sonia, pues no sé, perdóname, no me acuerdo. Supongo que todo lo demás, hasta hoy y tal.

Jose, te voy a robar el ordenador, que este a veces no funciona


Abrazotes