viernes

La vieja Polaroid


foto: Líneas albiesas, México (Marieta)

Era verano de mil novecientos ochenta y tres, en unas eras de por Valseca, Jesús y David me miraban mientras yo diseccionaba una rata con un palito. En algún momento tuvo, supuse, que comenzar la historia de la literatura que ya, por supuesto, hemos dado por acabada hace bastantes minutos. Unos pocos años más tarde de aquel mil novecientos ochenta y tres mamá compró una Polaroid.

1º fotografía: La Teo sonriendo.

Un amigo me ha dicho recientemente que he de encajar mis fracasos lo más rápidamente que sepa, obviando que ese saber es también un fracaso. Hoy escribo en una habitación de Brunete y, en el medio de su alfombra, vive una charca con tres ranas o sapos. El hambre que sale de sus ruidos, lo sé, es una ficción y, por favor, estoy intentando escribir una carta de bienvenida, así pues, les ruego.

Hoy he estado de médicos. Todo un motín a bordo. Sabotaje. A cambio él le ha dicho a mamá que nota a Alberto un poco agresivo. Papá estaba mientras haciendo un solitario típico de esos de cartas. Bien e incluso he accedido a que me hicieran una nueva analítica con tal de dejar de oír a aquellas putas ranas que viven en la alfombra de la habitación de Brunete. Su hambre es vulgar, quizá hasta sea otra cosa idiota de mi cerebro.
Los niños han desvalijado la que era mi habitación en ese pueblo de mierda cuyo nombre no recuerdo si es correspondiente con el lugar en el que me encuentro ahora y, aunque “el hombre es radicalmente más de lo que puede saber de sí”, también han desaparecido mis colecciones de cosas nada necesarias. Cosas que recojo en los paseos esos que daba por el monte y que es una manía, la de recoger, que también he continuado en Madrid. Una máquina tragaperras a la sombra de un chopo, por ejemplo, pesa demasiado. Debieron de robarla de algún bar y reventarla allí. Me acerqué y me hice, golpeando antes con un mechero, con un trocito de plástico duro que mostraba un dibujo, lo cogí. En eso consiste que yo me mueva de un búnker.
Además estoy faltando mucho a la facultad, donde me lo paso muy bien y hablo con gente.

2º foto de la Polaroid: Mamá, la Teo y yo. Al fondo la casa del cura que, hoy, es la casa de un familiar mío.

Vuelvo a lo de los libros: Pensé que había sido yo quien los había trasladado y así es en algunos casos, pero no todos. También me han hurtado o escondido algunos, quería decir, sí. Casi no hay ninguno que no contenga anotaciones mías atrás, delante o en el medio. Me da igual la existencia de esas anotaciones (más aún las propias anotaciones) pasados unos minutos, en cuanto habrían de responder a otro yo, pero, aún cobijada bajo ese parecer, la agresión es existente. Mi habitación, como yo, parece que es de todo el mundo. Y lo es. A ver, al ser de Alberto. Pues tampoco es eso.
Por ejemplo: un amigo va y me dice: He leído tu cuento, que sucede en una especie de sanatorio mental dentro de una mente. Y añade: Es algo beckettiano.
Pues no, seguramente es uno que va sobre soldados, fijo. Estoy seguro. Yo escribo cosas normales, de la vida real, intento darles un significado, esta vez con letras, a ver qué pasa. Es lo mismo que hago con guardar en una misma puerta de armario todas esas cosas innecesarias que recojo por la calle. (Mira qué resumen más finito me ha salido de la obra cumbre de William James). Prefiero escribirlas porque caben más en menos espacio. Así en el blog hay unas y en los libros otras, en el moleskine otras distintas y en los cuadernos de mi juventud, ¡claro!, cuando de verdad escribía yo bien y donde se me nota esa pasión que he ido enterrando hasta que no sé qué ola la alimentará en la ocasión siguiente. Caben muchas. No es cosa llenar la casa de trastos. Para eso ya existe mi tía Pepita.
PD: Las ranas han callado. Continuaré este escrito mañana, si es que sigo usando este ordenador. Con esto quiero decir también: Hemos cambiado algo, no yo, no.
(Dormir es de pobres.)


Siguiente oración: Hoy he soñado con que volvía a empezar la Edad Media. Todos los hermosos caballos estaban agonizando en el barrizal, no tenían patas. Unos niños se sentaron cerca para ver chapotear a esas asquerosas fieras. Las madres preparaban el queso en sus casas, todo estaba bien, como el amor. El amor pasaba en uno de los hostales de carretera. La tetona que había arriba le decía al tiparraco: Oye, ¿Va todo bien? Imagínatela ahora calzándose. No era la puta edad media del viejo Strindberg, joder, eso era el oeste. Las buenas del oeste. En la cantina, un hombre dice: ¿Sabéis cuál es la casa de Penélope Banks? Un hombre sin dientes ríe en la barra, le dice si no ha tenido suficiente esa mala puta. Yo sigo en mi habitación oyendo el hambre falso de tres ranas o sapos. Con todo esto quiero decir que he dormido maravillosamente y que no recuerdo de qué va este post, salvo de dos o tres sapos y ranas que siguen hoy acá, con sus ojos exiguos clavados y tampoco, claro, es que existan, como no puede existir su maldito hambre, dije mientras me desayunaba un trinaranjus en finales de octubre del año 2010, la jodida edad media.

En las editoriales de estructura me envían a las de poesía, en las de poesía me envían a las de zoología. Necesitaba desaparecer, calmar el vacío de las putas con haloperidoles. He tirado la marihuana que encontró Julita porque estaba sequísima. En la facultad estaba anotando los horarios en un libro que acababa de comprar y un hombre se me acercó y me dijo que él me dejaba hojas y yo dije que no, que el libro era mío y que gracias y dijo que no le parecía natural y saqué del bolso el cuchillo ese del jamón que llevo para defenderme de los homosexuales del metro de Madrid y le dije que yo soy así, coño. Y la gente, como si yo tuviera un problema mayor que el de cualquiera, diciendo... Existe un parentesco, no hay duda desde que esto empezó, entre la naturaleza y el ser humano. Yo hablo en el yo para descubrir en él ambas cosas. Nací, punto. Escribo, pero eso ya es sólo una puta enfermedad. ¿Qué hubieras hecho tú si cuando cumpliste un año te hubieran arrancado, de pura felicidad, las dos orejas? En ocasiones me siento como Richard Chamberlain en Kung Fú y me digo a mí mismo: es el momento de beber agua.
Las editoriales españolas son maravillosas. Echa un vistazo a las tiendas especializadas en tebeos.

Un maya asustado hablando en mayo: ¿Qué coño es eso?
Chamán: Ostia, me has pillao.

Los españoles bajan de una barcaza y les hablan, luego cogen a uno de los niños y le cortan desde el codo. En esto consiste el padrenuestro. ¿Dónde está el puto tesoro?
La gente mira al chamán que permanece callado, luego dice algo como Chicos de la tierra, esto es una putada del copón, neng, joder.

No sé qué hay para comer, luego volveré a casa y, antes, me tomaré un 7up en el bar de los poetas, por ejemplo. ¿Progre o facha?... ¿Y tú me lo preguntas? Pues lo contrario que mis exnovias. Siempre.
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3 comentarios:

Jose dijo...

¿Cuál es la tercera foto de la Polaroid?

Alberto dijo...

una partitura!

RevistaAtrofia dijo...

Publica tus poemas, ensayos, cuentos,PUBLICIDAD DE EVENTOS o cualquier expresión de arte en http://revistatrofia.blogspot.com/

saludos!