viernes

Carta de ajuste (Jota de despedida)


A su aún no olvidado nombre, porque del resto no me acuerdo;

Creí que este podría ser mi lugar en vez de cualquier cosa de esas que te sacan de la realidad o te prestan otra o lo que sea. Pues no. Madrid, la hermosa, es también, se sabe y lo dijo aquel parvulario, un estercolero de subnormales. ¿Tampoco es eso, no? Pues tampoco, claro. En este inicio el idiota -subnormal- soy yo, sin ninguna duda. Perdón, voy a empezar este escrito de nuevo.


Madrid es un lugar estupendo, sin ninguna duda. Acabo de llegar de un recital de poesía en un bar ambientado en los años de nuestro amigo, el solo de tenor, Lenny Bruce. Sí, salvo quizás por lo de “el solo de tenor”, mucho mejor así. Continúo. Tampoco he ligado, lo que es muy raro, sigo (bueno sí, ligar sí, perdón). Ya me voy centrando, descubro.
A ver si consigo seguir así, por el buen camino, que diría un amigo mío que, por cierto, no sé si está vivo, que nunca ha estado / estuvo en uno (no ya bueno), como seguramente yo, quiero decir, Alberto o como se llame eso que no sabe silenciar el teclado algunos jueves por la noche e incluso martes, miércoles, sábados, todo eso.


Nada más entrar he mostrado, con la mesura que sé, mi respeto. Un saludo de una conciencia breve. También he dicho: Hola, soy Alberto (que es como me llamo) y he al barman pedido una tónica. No estaba mi nueva amiga Mariona, que conocí ayer en el mismo lugar, lo que me ha ahorrado estar dentro de mi polla durante la duración del espectáculo. Finalmente he estado en un lugar parecido, la idea de escribir, no esto, sino lo de hace un rato, muy distinto a esto y que, claro, a saber si lo escribo algún día, que seguramente no. A lo lejos, entretanto, escuchaba a Lou Reed 1 decir: Nueva York, y a Lou Reed 2 decir otra vez: Nueva York. Yo nunca, y lo siento (tampoco tanto, no se vayan ustedes a pensar), he sabido qué es eso y quizás, por desgracia, no lo vaya a saber. Sí, claro, por las películas sí, y los libros y las fotos y lo que me han contado mis amigos y los que no son mis amigos. No es vanagloria, como dice mi amigo el que ha follado con siete u ocho sin sacarla, pero es sabido, aunque sea por lo que he escrito otras veces o dibujado, que tengo una imaginación bastante permeable (en definitiva es esa cosa que algunos confundidos llaman sensibilidad), que no necesariamente talento, y, claro, si oigo Nueva York acuden muchas cosas, muchas. Ojalá sólo hubiese oído, durante el concierto, la palabra Nueva York, pero no ha sido así y, posiblemente, debido a ello, sigo despierto, con lo que mola (en el caso de hoy) estar durmiendo.


La rima viejo con colegio de uno de ellos me ha puesto un rato en mi sitio, es decir, en todos esos lugares donde no quiero estar.


También me ha recordado una mañana maravillosa en el campus. Al salir de clase, (donde creo que la gusté a la maestra cuando dije aquello que dijo Nabokov a propósito de Sancho Panza, aunque fuera Kafka el que quizás lo dijo) tenía que esperar a Rober, que me ha traído apuntes (gracias!) con los que, ahora, debería estar poniéndome las pilas en latín, en cuya clase no sé en qué nave paseo, y, en la espera, sido encontrado por Odile y un nuevo amigo, charlando los tres sobre el harakiri, las chicas y los chicos, James Bond y muchas más cosas. Me he dado cuenta de que hablo mucho y de que no tengo excusa también. Lo estoy pensando ahora, aunque eso no tiene absolutamente ninguna importancia, claro. Ahora mismo sé que el mejor truco para estar callado es callarse. A ver si me acuerdo dentro de un rato o, de nuevo, otra vez, ahora.


Lou Reed 7 ha dicho Nueva York por sexta vez. Yo he estado aplaudiendo todo el rato, absolutamente todo, menos cuando hablaban. Perdón: New York. Era New York lo que decía, no Nueva York. Yo estaba viendo Manhattan en ese momento en noviembre o diciembre de 1999 en mi casa de Brunete, junto con mi abuela que decía: qué tonto es este hombre (refiriéndose a Woody Allen) y yo la decía: Que no, abuela, que es un genio. Y ella me decía que era muy feo. Y yo: ¿Qué importa eso? Y ella: Yo no entiendo tus películas. Y yo: Esto es mejor que los programas que ves tú de las desgracias de España. Y ella: Hijo, tú y yo nunca nos ponemos de acuerdo. Pues sí nos pusimos, estoy seguro, no ese día, en general, mi abuela y yo estábamos de acuerdo. Lo supe, cuando ella ya no estaba. A veces se me olvida, pero porque se me olvida todo.

No, en 1999 yo no hablaba, fue antes, cuando todavía teníamos el vídeo. A mí no me gusta ver pelis en general, pero he visto muchas, así que no me digan cosas raras sobre eso, por favor.

Lou Reed 1 y Lou Reed 5 discuten por la calidad de una película sobre un escenario, discuten y se enfadan y al final uno le llama gilipollas al otro, o, como a mí me dijeron una vez ¿Pero no has escuchado a los Iron Butterfly? Y luego: Entonces no has escuchado nada.
Por lo demás, casi seguramente, aquella cara que no recuerdo -lo siento-, nunca probó las lentejas preparadas por mi abuela, lo que tampoco quiere decir nada, quiero decir, por favor. Y luego está que, menos aún creo que en la vida, este blog no es el sitio más paradigmático para decir que ciertas cosas están feas. En cualquier caso es un lugar donde, cuando llego de repartir publicidad de la empresa de mi madre y mi padre (donde a día de hoy sólo somos, contándome a mí -como publicista- y a ellos, 4 empleados -luminosos Velasco, 91 6112213, rotulamos, montamos, diseñamos, todo tipo de materiales, vinilo, metacrilato, neón, búsquenos en el google-) a las tantas, cojo y transcribo el maravilloso relato de Juan Rodolfo Wilcock porque cabe la posibilidad de que usted no lo haya leído aún y es muy difícil de encontrar en las librerías y, creo, hasta por el internet, al menos hasta ayer por la noche.


Ya me he encontrado, de eso quería escribir cuando Lou Reed 17 ha rimado espuma con puma. Ahí es cuando me he levantado y dicho para mis adentros: joder, Maldoror ¿Qué haces aquí? Pero luego me he vuelto a sentar. Y he aplaudido (en esto prefiero la labor de pionero) y sonreído y, luego otra vez más, aplaudido y sonreído. Me voy a largar de este puto barrio echando ostias. Me he relajado, luego, de nuevo, si alguna vez lo estuve y dado gracias a dios (relación de mis manos con el cordón umbilical de mamá y mío, hoy) de mi sobriedad, de mi negación al borrachismo ese capaz de haberme convertido en alguien capaz de subir al escenario para romperles los papeles a los poetas que, seguramente, también son personas al fin y al cabo, con familias y eso.


A mí me gusta mucho la música clásica, y el que más me gusta de la música clásica es Felisberto Hernández. Eso no lo puse en el post del otro día. Mira, me he dicho, Maldoror, pensar eso relaja. Además, hoy he estado con Jose, que me ayuda y enseña trucos muy valiosos para eliminar la ansiedad o pánico o como quieras llamarlo, cuando se manifiesta.


Ayer, por cierto, encontré en un nuevo y viejo, claro, libro de Burroughs -publicado por la quizás demasiado exquisita, estupenda pero muy expensive y no está en Moyano, editorial Caja negra- que se llama “La revolución electrónica” y que tiene un muy buen prólogo de Carlos Gamerro. Lo tengo subrayado, copio: “La hija adolescente es sólo un refinamiento. Básicamente todo lo que necesita son grabaciones sexuales en el número 2 y grabaciones hostiles en el número 3. Con esta simple fórmula cualquier hijo de puta de la CIA puede convertirse en Dios, esto es, en el grabador 3. Reparemos en el énfasis puesto en los materiales sexuales de los allanamientos y en la colocación de micrófonos ocultos en el pozo ciego de Watergate… Poner micrófonos en el dormitorio de Martin Luther King… kiss kiss bang bang… Una mortal técnica de asesinato. O como mínimo certera para desconcertar y situar a los oponentes en desventaja. Así que el verdadero escándalo de Watergate que aún no ha salido a la luz no es que hayan puesto micrófonos ocultos en los dormitorios y registrado las oficinas de los psiquiatras sino el uso preciso que se hizo y se hace de este material sexual. Esta fórmula funciona mejor en un circuito cerrado. Si las grabaciones sexuales y películas se extienden y son toleradas y mostradas públicamente, el grabador 3 pierde su poder. Lo que quizás explica por qué el gobierno de Nixon está decidido a cerrar sets de filmación y a restablecer la censura en todos los libros y películas: para mantener el grabador 3 en un circuito cerrado.” Aclarar que en el caso mío, el yo ideal intuido transcurre en la hija adolescente, no en nuestro amigo Martin Luther King y no, desde luego, en la CIA ni en Richard Nixon, tampoco en mi querido William Burroughs ni en el traductor -hoy o ayer la cosa va de hallazgos- Mariano Dupont.

Es muy tarde. Pensé que iba a hablar de pajas en esta entrada, por eso la dediqué a una especie de cosa siniestra cuando debería de haberlo dedicado a la sobriedad, en este caso, de la primera persona del singular. Quizá lo titule sobriedad (vida, obra y milagros).


Al terminar he pedido un café y acercado a felicitar a Lou Reed 3.421, que se me ha pensado que yo estaba hecho un Bunbury, con la taza sin sorber aún en la mano (1`20, leche templada). Tiene que ver con la sobriedad dejar a cada quién con sus dudas y prejuicios ya que, se sabe, la solución, en uno mismo, es procurarse dudas y prejuicios y procurar, de nuevo, ese ambiente en el otro, por decirlo de alguna manera, de puro macho. Cuando me ha preguntado cómo les había conocido (que implicaba la realidad: tú no pasabas por aquí y ya está) he respondido que soy nuevo en el barrio y que el del bar me dijo, tomando algo, que, los jueves, hacían cosas de poesías (sí, en plural -por alguna razón de forma, aparte lo cariñosa, mi amiga Carmen, que conoció a tipos no necesariamente tan dispares como Dalí, Cantinflas, Umbral, Tip, Santiago Bernabéu, Haro Tecglen o José Luis López Vázquez me denomina Maquiavelo 2-), y la cosa ha surtido efecto, es decir, me he ahorrado tener que conocerle más -se lo ha ahorrado él en la forma, bastante despreciativa en el ademán, pero yo he hecho lo que quería: desaparecer, salir, ir a otro bar mejor, porque me llegaba para otro café y, ahora mismo, no sé desde qué hora estoy escribiendo esto, que es larguísimo ¿Verdad? Les explico:


Esta mañana, en el metro, quería escribir un post sobre La gran novela norteamericana que, di por supuesto en ese momento, era El pez plátano de nuestro amigo Salinger y, aunque aún ahora estoy seguro de ello, las fuerzas del escribir se me han ido hacia otro lado y, en el anterior punto, he culminado hablando de la forma en cómo Lou Reed y pico me ha renunciado, aunque también decidido explicar que ha sido porque mi sobriedad lo ha decidido, lo cual me lleva a grandes textos sobre ese tema en cuestión, ejemplos: Gombrowicz en casi todas sus obras incluyendo la obsesiva manera en que lo esconde de sus diarios y, posiblemente, otro alucinado, el también buen chico Antonio di Benedetto en la manera, distinta, de implicar esta idea basada en la obsesión y la recuperación de una identidad contenida dentro, por supuesto, de una simple cara, no lo dije, a través del cambio de estilo, que implica coger los restos antes de la propia invención de uno mismo, a lo que habríamos de sumar el caso -patológico también en el caso Gombrowicz- de escribir y, aún peor en lo referente a la patología, de escribir bien, de hacer calidad literaria. De los que he estudiado quizá el caso más extremo no sea el de un escritor sino el de un intérprete, alguien absolutamente inimitable, es decir, un genio, quizá el último, Glenn Gould. No se lo voy a explicar, léanse los putos libros. Sólo quiero aclararme yo a mí mismo en mis ejemplos y, lo único que hacen es traer otros. Desde que vivo solo en Madrid soy demasiadas cosas, al vivir. No, no es que sea Madrid, no, sino simplemente vivir, porque la posición fetal que adopté en la cama de mi borgiana habitación en la cual hasta me masturbaba, no digo más, no era vida ni era yo y, tuvo muñones, era sólo el precio de ser muy lindo y, para mi desgracia, hoy por fin pasajera -razón por la cual hoy a veces sí sé la realidad de todas las cosas y personas, sus secretos aparte y percepciones que, como muñequitas rusas han ido desvelándose en mi manera de entenderme a mí mismo hasta por fin reunirse en la gran madre que soy-, seductor.


Otra realidad del pasado reciente: No he ido a AA, bajé al bar y vi un poco del atleti. Voy a pararme un poco aquí, para luego retomar el por qué no he asistido a AA, que mejora mi calidad de vida, así como la calidad de mis oficios y hobbies, léase leer, escribir, aparte una vida dedicada a la esquizofrenia coherente y, por ende, basada en la fraternidad: con lo que también quiero decir, si te he rechazado se debe únicamente a que, querido y muy sufrido amor, yo estaba ebrio, quiero decir también: hoy no, pero también: No sé mañana.


Lo del atlético de Madrid: Soy del atleti porque mi padre, una persona sencilla, buena y bruta, cuya obra menor -que hizo junto con su amigo César, fallecido hace aproximadamente diez años- vive en el conjunto de nombre España y se llama Eva María se fue buscando el sol en la playa con su chaqueta de piel y su bikini de rayas o la otra, no me acuerdo, como se llame, que fue comprada por Fórmula V por 30.000 pesetas del año, quizás, sesenta y nueve y que, probablemente, haya generado a la ilusión de este nuestro país algún que otro nuevo ciudadano, me da igual si drogota perdido como yo… mi padre era del atleti y por eso yo soy del atleti. El atleti. Pues hoy ya he decidido que no voy a volver a ver ningún partido más de fútbol que, en mí, es el atleti y, alguna vez, España o el Barça, Dinamarca y el Madrid-Milan del otro día, porque quería comer algo (panceta fue). El atlético de Madrid es el equipo más ganador que hay, junto con el Inter de Milán anterior al año pasado e inclusivo el de sus dos ligas perdidas y ganadas. Eso es lo que quería aportar. Otra cosa: sólo sirve para dedicar post a Arteche (y seguramente en su día a Gárate y a Luis Aragonés -como quien dice: ojalá algún día a el Kun y a De Gea-). No fui mucho, pero recuerdo el partido contra el Groningen o como se escriba, mi primer partido… no, no, ya he hablado bastante de esto. Mi ídolo era Paulo Jorge dos Santos Futre, un día me acerqué para pedirle un autógrafo, yo estaba muy nervioso, pero no me lo pudo dar. También un día fui a ver a Tomás, que estaba en el restaurante Torre Eiffel de la calle Seseña -me costó escaparme saltando la puerta del colegio, él no tenía tinta en el boli, dijo, y, en la vuelta a mi jaula, siguiente salto, me pillaron y me castigó el señor director, que tenía bisoñé-. No puedo, no, no voy a volver a hablar más del atlético de Madrid ni de mi Liceo Castilla ni de mis amigos, que no sé dónde están porque crecieron, ni de Aluche, no, no voy a hacerlo nunca más en mi vida.


AA: No estaba pensando en el atleti, la razón de no ir ha sido que pensé en la posibilidad de los ojos y coño de Mariona, a quien conocí ayer o anteayer. No es suficiente. AA da más. Una de esas cosas que te dejan lo suficientemente perplejo como para seguir en este mundo incluso expresándose. Su literatura es acojonantemente seria, encierra para sí el humor de Beckett y la lírica de un Cioran o el Bataille de Lo imposible. Lo que nos reúne recuerda la anécdota que me ha contado Jose hoy: En una de tantas ocasiones, Teresa de Calcuta (nótese la ausencia del “santa”) se encontraba bañando leprosos en el río ese que hay por Calcuta, cuando una señora se le acercó y dijo que eso no lo haría, no me acuerdo, pero por una cifra desorbitada de millones de dólares. A lo que nuestra amiga Teresa le respondió: Yo tampoco lo haría por 10.000 millones de dólares. ¿Y por qué lo hace? Dijo la joven. A lo que Teresa dijo: Sólo lo hago por amor. Bien, pues eso yo encuentro en AA, donde soy las tres personas encerradas en Teresa, la joven y el leproso. Pero donde me sé obligado a hablar y escuchar desde el leproso. Así funcionan las cosas, Rubalcaba. Me refiero a las cosas que funcionan.

Sobre meter la pata: Tiene más que ver con Richard III que con el Harold Lloyd de La vía láctea, pero vivimos aquí, en este tonto momentito, y la cara de Harold Lloyd en La vía láctea también está para ser usada.
Más sobre esto: Soy inocente debido a que soy una persona, dijo la madre de Caperucita (pero la que no sale en el cuento, sino la otra) y es mejor no mostrar más que una pequeña dosis de tu oro. Se aprende muchísimo más y permite acallar la solemnidad del maestro con mayor rapidez. Hasta las mentes más viejas que he conocido han hablado en clave delante de mí. Una clave que, lo dijo Platón, se sabe antes del nacimiento. Una clave, insisto, son todas las claves. Casi solamente de eso, bajo distintos etiquetados, ya que la historia de la filosofía también es una compra-venta de estilos- va la filosofía de tipos como Deleuze, Derrida, Levinas… esos. Un truño.


No puedo decir nada, esto es lo más importante, en mi probable dignidad añadir que Eso no se calla. En una ocasión, como recordarán, Churchill le dijo a un joven diplomático que aquello que iba a tener enfrente era siempre el enemigo y que, de nuevo, siempre (son horas más tarde, me he quedado dormido delante del ordenador). Ya no recuerdo lo de Winston Churchill, venía a decir que el enemigo le iba a temer mejor por lo que callaba que por lo que hablara.
La política, en fin. Mira, yo sólo eso lo he visto últimamente en Valseca, donde me increparon injustamente por escribir sobre Valseca -el mando- y dije que me presentaría a las siguientes elecciones. Nadie me creyó, e hicieron bien, porque con ello consiguieron que no lo hiciera, lo cual no puedo negar que bien, desde luego, me ha venido y me vendrá.


Otra un poquito más grande pero no demasiado, el mundillo madrileño de la literatura que tuve la suerte de conocer bien. La ventaja: que dos meses después todo el mundo vuelve a no saber quién coño eres (e incluso uno mismo en mi caso, cosa que, creo, ya he superado totalmente y que ni de lejos hubiera conseguido ebrio).


Lo que quería decir desde que me quedé dormido era que, vete a saber, quizá mañana vuelva al bar este y le diga a Lou Reed VI que quiero ser su amigo y recitar poesías con él por los bares de España. ¿Por qué no? Me están entrando ganas de hacerlo. Soy la bestia que quiera en ese terreno e incluso capaz de robarle Rimbaud, Dylan y Mapplethorpe a la legendaria (y así se quedó) Patti Smith. Querer es poder y además yo lo valgo, soy más guapa, creí, aunque recordé una de las escenas que más me gustan de la televisión, de Tomates verdes fritos, ese: soy más vieja y mi seguro lo cubre todo.


Ayer, un hombre dedicado a las letras en serio y persona amiga me dijo: No eres prudente. Y tiene razón, lo he sido muy poco.
Da igual.


Otro de los motes que me pusieron en el pueblo: Alberto el enterrador. Antes de eso: guarrilla (yo tenía, ay, cabellera donde hoy tengo peluqueros, antes Javi, hoy una negra, aunque me he empeñado de nuevo en el pelo largo, también tenía entonces la chulería roquerita de jugar con la higiene, cosa que hoy no me puedo permitir y que, entonces, me enseñó desprecios de los que aprendí una sola cosa: Conviene ducharse casi todo los días, incluso perfumarse un poco -Nenuco-).
También, durante esta época que llevo despierto he recordado otras conversaciones de pelis: ¡A comer! (Saló) ¡Cava! (El bueno, el feo y el malo) y Córtate un poco la cara (Hannibal Lecter). No son textuales, son como las recuerdo ahora, ya ves.
Terminar un blog es hoy como morirse. Que no se termina de morir uno y, dentro, todo el mundo quiere decir algo.


Mira, chico, encima de esta frase tienes la puta enfermedad de esta sociedad, me dije antes de volver a pensar en parar quieto de una vez.


Otra más: Perdí el miedo al brote psicótico. Puedo bailar aún teniendo las piernas como las tengo en esta noche. No tengo frío, lo cual no es lo habitual en este sitio en la última -mayor-oscuridad del día de ayer. Si me constipo me iré a Brunete o, mejor, incluso llamaré a mamá para que me recoja. Brunete: Un sitio donde aquellas personas de quien me creía amigo llamaban a la policía cuando me emborrachaba, lo que supuso que terminara siendo amigo de la policía de Brunete más que de mis propios amigos. Amigos como la basura de Osquitar. Ay. Uno sólo puede ser timado cuando tiene en la cabeza un timo. Cuanto mayor, más timado. Esto lo dijo Buda en el mismito Dhamapada, que regalé a un timador que, encima, se creía guapo, onubense.


Esto que estoy haciendo hoy con la escritura hace que me pregunte ¿La sobriedad es esta mierda? Pero compré ocho cocacolas el lunes y acabo de abrir una. Para vaciar el cenicero he de ir a la cocina, lo que es mucho más arduo.


Segundo subrayado (sin contar el prólogo a la edición, que he subrayado entero) del libro que tengo entre las manos “¿No ha ido nunca aquí a la iglesia de los desamparados -preguntó de pronto-, donde está la Virgen de los que no tienen a nadie?
M. Laruelle negó con la cabeza”.


Con esto quiero decir, leo para mejorar mi estima y, aparte, no sé para qué más. También se consigue masturbándose, siempre que ella valga la pena.


Más notas: No, no tengo. Estaba vacilando.


Lo que sí es cierto es que el día 2 de octubre de este presente año me propuse vivir en sobriedad, cosa que, poco a poco, están notando los espacios dedicados a las horas de mi agenda (he tenido que ir a una papelería a comprar una puta agenda y no lo hubiera imaginado).


Otra: He llamado dos veces en cuatro días a esa nueva chica preciosa (resistido al menos ocho), no lo ha cogido y ahora mismo aún me da pereza eliminar su número del aparato, entre otras cosas, porque no sé qué nombre puse. Ya, no me lo creo ni yo. Bueno, hoy Mariona no estaba, y quizá no vuelva al bar de los poetas. Hoy ya no, de momento. Necesito dormir.


Más: Como con este escrito me estoy mostrando que lo que no quiero es morir y dejando mucho en el tintero, quizá finalmente deba escribir más despedidas de blog, así que esto sólo será el inicio de una de mis tantas obras literarias. Otra gilipollez dentro de mi corazón. Es broma.


Mientras, mi biblioteca de Brunete está siendo interrumpida. Mi orden ha desaparecido para ser impuesto por Julita. Cuando voy me encuentro los rojos con los verdes y me sienta muy mal. Me va a dar una embolia un día al entrar. Hay un chiste de Palahniuk que me encanta, es de Fantasmas, una tía o un tío se estudia todos los libros del feng shui para aprender a colocar los muebles de la entrada de manera que pueda provocar la muerte de su compañero cuando abra la puerta y los vea.


Aparte una novela, que está en pequeños museos y que es muchísimo más importante para mí hoy -amistad, quizá, alegría y respeto- que lo que voy a contar a continuación, un extraño editor sacó un cuento mío en un libro de famosos y putillas, con el mal gusto, permítanme, de colocar por orden de (no sé cómo se dice importancia en francés). Es malísimo -el cuento- porque formaba parte de una novela (que no sé en qué ordenador tengo) y lo saqué debido a que padecí una influencia. Por sí solo perdía sentido, lo cual convierte cualquier cosa, posiblemente, en mala, en general, no como linealidad que, anda demostradísimo, puede ser un recurso muy prescindible. Hice siete versiones incluidas otros cuentos, porque el editor se empeñó y, haciéndolo, me ahorraba reírle los chistes cuando pagaba él las copas -yo entonces bebía, no mucho-. Finalmente se publicó, en un arrebato de elegancia malentendida, la primera versión ¿Pero qué soy yo para hablar de elegancia malentendida?
Sí, mejor dejo eso. En ese mundillo no sólo fueron eludidos mis estudios, además, esos amigos de quienes yo aprendía literatura informaron, es una opinión, injustamente de mí cerrándome puertas laborales y, mejor, amorosas, lo que tampoco quita que yo siga haciendo mi vida con la paz que sepa y pueda. Las 7:02.


No, no voy a hablar de tías. Se me han venido a la mente, pero no lo voy a hacer.


De verdad no entiendo por qué aquellos que yo creía mis amigos no editaron el puto vídeo con sus putos cortes. Entonces yo no tenía ni siquiera abogado más que el de mi familia. Me hubieran ahorrado muchas conversaciones con san Juan de la Cruz en la cocina y, quizá, que hoy le hable a san Agustín -el de las Confesiones sólo-. Mi loro, Charly, que ha sobrevivido, los personifica con solera. Pero no le puedo traer aquí, por el frío. Ahora hablo con una perrita y con dos gatitos negros. Si hubiéramos sabido que el amor era esto, querido amigo invisible de nombre Chicho. Incluso hasta hace cuatro años tenían las de ganar y, sin embargo, hoy siguen siendo ocho mentes contra una y, aunque capaz entrecomillas, rota.


¿Por qué dejó de llamar el padre Alfredo? Vale ¿Pero, y Chicho? La parroquia me ayudó mucho en mi infancia, a despertar hacia la vida real. Pero todo desapareció de un solo golpe en un muro que, aún hoy, en mi sobriedad, no veo.


PD: Esto es una despedida, pero light, no definitiva. Yo ahora me voy a dormir (incluso lo colgaré en el facebook) y mañana, aunque no sé qué voy a hacer del todo, viviré, creo, ahí voy. Y tú también. Me imagino, la verdad, que sólo eres alguien que lee sólo los principios y finales de los post. Este de hoy no me acuerdo de qué va excepto que se puede empezar y acabar por cualquier lado, aparte de por supuesto, quiero decir: me he esforzado en ello, quiero decir, literariamente.
Pero debo dejar a un lado, para acostarme ahora, lo del psiquiátrico y lo del ajedrez, que me gusta mucho, sobre todo mirar, quiero decir: también me han ganado mucho, aunque descubrí un don y tengo que hablar de ello. O a lo mejor no. A lo mejor se acaba esto y ya, y mis amigos me han dicho que tengo que escribir en otro sitio, donde entra más gente y serio, y lo pondré aquí porque es dentro de poco. Dame la mano, no me sueltes aún. No sé.

PD 2: Un triste cigarro,

20 comentarios:

Bellaluna dijo...

Coño, estás bien, Al?

Alberto M dijo...

ja, ja, sí, no lo he leido aún también, quiero poner una fotuca que me acaba de hacer Yara y despedirme, pero no en serio tampoco
:)Creía que nadie lo leería, pero tú... ay, tú, muchacha muchacha.
Beso!

Anónimo dijo...

¿un abrazo?

una mano
un nudo
solidario
un abrazo
sentimiento
y
...de postre
un beso¿?

pensamiento
alas de humo
ida y vuelta
al limbo del
alma suspiro

yo

Alberto M dijo...

un abrazo mola, si quieres (No hay manera de enviar la foto, que es muy graciosa y salgo muy mono -y el gato-, pero voleré a intentarlo)

Alberto M dijo...

bueno, y un beso, el beso también

Alberto M dijo...

ya está la fotografía, el abrazo, el beso, comer y luego ver a mis amigos, pero me echaré una siesta (y tengo 14 euros).
Lo he vuelto a leer y no entiendo por qué es tan corto, aunque sí voy entendiendo que sea una despedida, pero no una muerte ni nada así, por favor.
Sois la ostia, gracias.

hombredebarro dijo...

Alberto, qué foto más chula y qué texto mas intenso.

campesina dijo...

Alberto, me asustas. Y me conmueve tu juego rayueliano, tus pistas y tus despistes: ese cuento que 'por sí solo perdía sentido', como en este post, 'eso que estoy haciendo hoy con la escritura', lo mismo que 'la obsesiva manera en que lo esconde' Gombrowicz...¿o estoy alucinando?
Es un juego tuyo ¿verdad?, no una despedida, dime que sí. Un beso.

Alberto M dijo...

Gracias, Antonio. Me di una buena jupa. Un abrazo.

Pues le voy a tener que pegar a ese que te asusta, campesina. Me parece muy bien relacionado lo de la forma obsesiva con Rayuela (ahora tengo que añadir que no lo leí entero, pero sí lo avancé, elegí de la forma separada hasta que me traspapelée y perdí, claro, pero podría cogerlo de nuevo). Cortázar es un escritor diver, para mí, no sé.
Y sí, alucinamos mazo, creo.
Y desde luego es un juego, siempre, pero no sé la duración, quiero decir, como siempre.
Pero despedida no, aquí ando, ya ves.
Beso.

campesina dijo...

Qué bueno, Alberto, que andes aquí como siempre.

Yo también leí Rayuela así, y perderse era, es, parte del juego ¿no?

besos, querido

Jose dijo...

Lo he leído, creo que bien. Me ha llevado un rato, es cierto, pero lo he leído de cabo a rabo, de la ve a la ube...
La anécdota de Teresa de Calcuta es así en lo esencial, por lo que no protestaré, sobre todo cuando (es normal) pasas a Winston Churchill y te duermes, supongo que como un bendito.
Hoy la Luna cambia e indica el camino del equinoccio de invierno. Digamos que lo subraya. Los agricultores aprovecharán para recolectar unas cosas y podar otras. Yo volveré a sembrarte de anécdotas de Teresa, si te muestras fértil, y te interesa, claro, incluso puede que nos injertemos algún esqueje de virtud.
Un abrazo, gentleman.

Alberto dijo...

perderse, parte del juego. Pero es que a mí, campe, se me pierden los libros, o me los roban, no entiendo. Un caos. Malditos ladrones de cultura. :) Beso

Jose, sé que eché a perder la anécdota total, macho. Gracias por tu comprensión.
Y la paciencia, eh, a todos. Ya estoy pensando en otro post, a ver si no le engaño con la nueva

Abrazos!

Cristina dijo...

Hola

Me llamo Cristina soy administradora de un directorio web/blog. Tengo que decir que me ha gustado su página y le felicito por hacer un buen trabajo. Por ello, me encantaría contar con tu sitio en mi directorio, consiguiendo que mis visitantes entren también en su web.

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Cristina

Patxi dijo...

La idea de un blog lleno de despedidas de blog me parece genial, debería hacerse, tal vez tú.

Quizá tendamos a ser más sinceros cuando tenemos la sensación de que algo termina y ya nunca nos verán más, ni nos pedirán explicaciones. O mintamos de tal manera y tan bien que parezca la verdad. La lucidez ante la muerte y eso... La enumeración de todos los errores posibles...

Un abrazo...Cuídate.

Alberto M dijo...

uf. Si me pongo a enumerar errores seguro que me salen más posibilidades que realidades. Así lo digo, como si algo, por ser una posibilidad, no fuera real.
Beso, reina.
Hoy quería escribir algo, no sé. Me alegró verte.

campesina dijo...

besos para mi Alberto

Alberto dijo...

para ti, campe, con lengu eh

Jonás dijo...

Hola Alberto:

Acabo de leerme el texto más largo que me he leído jamás en un blog, y tengo que confesarte que estoy emocionado, te digo esto antes de leer los comentarios que hayas podido dejar tras el desafortunado comentario que te dejé antes de conocerte, no quiero que me condicionen a la hora de decirte que me gusta mucho cómo escribes y que espero poder seguir haciéndolo.

Un caluroso saludo

Alberto M dijo...

MUCHAS GRACIAS, JONÁS!!

Sheela dijo...

Es lo más cerca que has estado de decir la verdad y, de paso, confesar la mentira ( no sé que son, sólo se que la una se sirve de la otra y crea enrevesados, caleidoscópicos estados del corazón dónde sólo nos vemos de vez en cuándo ). He creido entender que sufres y que has sufrido mucho y me ha encantado.Llevaba tiempo queriendo leer tu desamparo, para poder tocar algo que no sea esa alegría kamikaze , que a veces asusta tanto cómo subyuga. Si nos hubiésemos conocido de niños me hubieses odiado enseguida: era rara y triste: me hubieses tirado de las trenzas y puesto algún mote horrible y yo habría llorado en secreto. La seño me habría intentado tirar de la lengua y yo no te habría delatado. Al final me castigarían a mi y tu seguirías jugando alegremente al fútbol o lo que sea.
Es sólo una versión. también podríamos habernos conocido en un manicomio o podríamos haber muerto de pena el mismo día. Yo que sé, criatura. Sólo sé que, a veces, la música de las palabras ya no suena. Nos hemos tragado el cascabel, el gato, los tejados, la ciudad y el mundo entero.
Y entonces es cuándo, a veces, sólo queda vomitar.
Gracias por el texto.