lunes

Briar and the rose


ilu: Moncho

Yo he cometido todos los pecados; incluida, madre mía, la masturbación.

El viernes Alicia estaba pillando y yo salí a fumar, necesitaba echar humo como una pobre cafetera. El de la tienda de guitarras echó el pestillo para que todo aquello no terminase en algo peor. Yo me senté en una piedra y unos niños de ocho años vinieron a mí y tuve tanto miedo que me tapé con mi propia vestimenta de nuevo, como había hecho al despertar. Creía que me violarían y no me apetecía. Luego sacaron una pelota de colores y respiré. Casi me desnudo de alegría, no recuerdo el nombre de la calle pero no estaba lejos de mi sala de operaciones. Luego anduve, me perdí, quise hacer el amor con todos esos hermosos caballos. Adoraba el olor a colonia de mamá y echaba de menos a Yara, pero me había dejado las llaves en casa de Alicia y recordé que, en todas las ocasiones en que he perdido la brújula del melondro, siempre, todo había empezado olvidándome las llaves en casa de alguien. Perdiéndome en ocasiones, sí, como si mi casa no estuviese compuesta por un triste chopo.
Jeny era la luz que asomaba, aquel día o noche, en el medio de una caverna. Al final no la llamé hasta ayer. No entiende en mí un oso, sólo un perro o algo así, me ha dicho. Yo necesitaba beber agua y leer esas palabras que tengo ahora en la pierna y que dicen:
¿No vemos que la naturaleza no reclama otra cosa sino que el dolor se aleje del cuerpo y que goce en el espíritu, libre de inquietud y miedo, un sentimiento placentero?

Yo no sabía qué hacer y, antes de tocármela, le tendí un plástico de esos de la picha al infinito o como se llame esa cosa que gira muy rápidamente aunque parezca que gira muy despacio. No quería que me pegase su poesía, sus estrellas, su basura. No quería morirme.
Recogí las llaves y desaparecí, busqué una boca de metro, no tenía ningún hambre y me encontraba fuerte. Cuando entré en el vagón dije en alto: ¡No se puede ser sublime sin interrupción! Luego me callé y limité todo el viaje a asegurarme de que no me había confundido de trayectoria. Por primera vez en muchos años yo estaba sobrio.
.

4 comentarios:

Odile dijo...

No se llaman condones se llaman ovnis, compañero.

Alberto M dijo...

a mí tampoco me gustaba, lo voy a corregir, compañera. Gracias por la observación. Espero veros esta semana

Bellaluna dijo...

Alberto, es una letanía muy Dylan/Ginsberg o algo así. Muchas palabras e imágenes y como polvo de anfeta. Para leerlo.

Alberto M dijo...

Lo guardaré para ti, Luna. Que no se nos olvide.

Muak!