sábado

Arteche y yo

Qué lindo es amanecer y no ver ni una simple mota de sangre alrededor del sol. Estoy sentado en mi sitio del búnker, cerca de la ventana, sobre un cubito de hielo. El teléfono está a punto de sonar y no lo voy a coger. Mientras escribo cuento los cadáveres que caben en un bocata de mortadela. Al lado de mí está Ona, que ya casi es hermana mía (antes era sólo prima), haciendo lo mismo.
En la facu me he ganado el dolor de algunos compañeros. Es una oportunidad que he cogido al vuelo con ambas manos y depositado lo suavemente que he sabido en el interior de una crisálida. Yo estuve en varias pero siempre salí igual. La vida es un poco así. No es doloroso estar en una crisálida, cualquiera lo hace cada día, es sólo estar quitándose el pijama mientras esperas que el agua de la ducha salga caliente.

Hoy Celia me ha invitado a la fiesta de su cumpleaños. Quise comprar una orquídea ayer tarde, me acerqué a ellas, quise abrir su escote para ver el rocío muerto, pero allí sólo había soldados. Me fui. Odio el hiperrealismo (lo cual quiere decir que también odio mis escritos) y la alta cultura pero terminé comprando un Odio de Peter Bagge. En la portada salimos ella y yo queriéndonos un rato que dura lo que dure el dibujo. A mí me gusta. Antes, cuando yo era joven y adicto, era famoso por ser dibujante. Es cierto. Luego lo dejé. Me fui a Valseca con mi abuela y le dije al pastor (hoy Farina, entonces Anduráin) que yo me ocupaba. Hablar con él o con ellos era un poco incómodo. Comían abono. Yo no tengo nada en contra de eso, pero cuando lo he hecho no me he ido al bar a que todo el mundo se entere de ese peculiar aliento (sólo hago eso borracho, pero para estar borracho, en Valseca hay que ir al bar -el pasado- tampoco puedo nunca poner la mano en el fuego, esto lo saben hasta nuestros tatatatarabuelos de las cavernas, que no sé cómo podían vivir sin sillones y, lo que es peor, sin internet). Lo importante es que no me dejaron al final las putas cabras, el puto radiocasete con los chistes de Pajares. Mi abuela tampoco quería. No sé, yo leía muchas cosas sobre Jesús entonces, quizá se me piró. En fin. Luego, no me acuerdo, no sé, trabajé en una granja escuela, leí a Althusser, no entendí nada, me hice comunista, recluté cerdos, de esos tan monos, vietnamitas y, cuando el resto de la piara estaba a otra cosa, me comía al despistado. Fui feliz. Luego murió Héctor. Luego volví a estar enfermo. Mi primo Nico, cinco años después, murió 500 metros más adelante. Es verdad que, en este blog, siempre hablo de los mismos muertos. No significa que no se me haya muerto mucha más gente incluso amada, pero no quiero hablar de ellos, no me sale. Y exnovias, también se me han muerto exnovias. En fin.
Morirse es sólo un papeleo, yo lo he hecho pero, joder, nunca me he muerto enteramente. Si lo hubiera hecho, hubiera pasado el papeleo a otros. De eso va el amor.

Al salir de la granja escuela, donde dijeron que, por mí, lo que hiciera falta y, como estaba en casa todo el día haciéndome crecer la picha con los aparatos esos del Chuck Norris, mi abuela me pagó un curso en una de esas escuelas para burguesitos que quieren ser escritores. Al principio fui invisible, como yo quería, pero luego la cagué. Nunca aprendí un trozo de malanga de esos lugares e incluso, para desgracia mía, fui reclutado. Ya lo he dicho más veces aquí, soy John Rambo. Trabajé por un pedazo de queso en el Hotel Kafka y, cuando me fui, me dijeron que, por mí, lo que hiciera falta. Intenté volver, pero siempre estaban reunidos debido a que son muy importantes. No era mi guerra, coronel Truman. Yo entonces vivía con una putilla que, a cambio de un pinchito, follaba con cinco o seis. Yo llegaba de cuidar las pelotas a escritores como ese de Historias del Kronen (ya, tío, y luego el Nóbel van y se lo dan a Mario Vargas Llosa, qué putadón, lloro sin lágrimas) y cineastas como el de Airbag (diría sus nombres si me acordase de ellos, pero no me acuerdo). Aprendí que Lucía Etchevarríliga folla sola con los sillones y no tiene ni media lamida (como yo, equivocado, pensaba de cuando la conocía de la televisión).
Algunos valían, como Elvira Lindo y su marido, y mi ídolo Raúl del Pozo (en clase de la enorme Irene Lozano), que sólo le conocí un día pero que fue mi amigo y hasta me recomendó, a mí y a otros tarugos, que me hiciera un personaje literario, cosa que, creo, he intentado, aunque tampoco es que me ponga. El resto de escritores, tan a gusto si se van a Rumanía a nutrir de ruso las aulas. España se iba a quedar tan ancha, joder.

PD: Me voy que juega mi atleti, y hoy es por Arteche. Otro día a lo mejor hablo sobre los poetas de mi barrio. Menudo pedazo de rositas.
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12 comentarios:

Bellaluna dijo...

Al, el rencor está muerto y nunca se debe trabajar por un pedazo de queso ni dejarse follar por un pinchito. Cómo pensar que hijos de burgueses pueden enseñar a escribir (libros) en una academia si no los han escrito nunca, sino que se los han escrito...

Alberto dijo...

pues sí, Luna, es algo así. Algún sentido concede a nuestro país (aunque es muy ñoño quejarse a secas y también -o más- de España), claro.
:) hoy estudiar, comer con mi tía, AA y dormir bien. A ver cuándo leerte de nuevo

campesina dijo...

Sí entiendes a Althusser, tus palabras son como explosivos, como tranquilizantes o como venenos. Algunas luchan entre sí, otras son ambiguas, como en una batalla decisiva que aún no se decide.

Yo no quería que Vargas Llosa ganara, pero no tenía candidato ni candidata..y tú?

Alberto M dijo...

Eres un sol, amada campesina.

Yo tampoco suelo tener candidatos. -Se me ocurre ahora quizá McCarthy-. Me enteré comiendo un bocadillo -de calamares- en el bar, porque tenían puesto el telediario.
No haberlo leido casi nada es quizá no haberlo leido nada. Nunca hay justos ganadores, supongo, lo que no quiere decir que no lo merezca. Sí lo merece. Y me alegro.

Anónimo dijo...

PD: es sabido que mis candidatos son Cristóbal Serra y Juan Eduardo Zúñiga, eso: por favor. O incluso: Ferrer Lerín o hasta Leopoldo María Panero... en fin, Arrabal también, por qué no. No sé. No piloto.
Ojalá se lo dieran a Ray Loriga a ver qué pasaba. Yo qué sé.
:)
Un beso

Alberto dijo...

se me olvidó poner lo de Alberto en el comentario anónimo, carayo.
Que se lo den a Gándara y a Belén Gopegui, a todos. Y a Dragó también y a Jodorowski.
Venga, todos a tomar copas!

Alberto otra vez dijo...

Y a Armas Marcelo y Espido Freire, que se lo den a todos. Hoy iba con un colega y nos hemos chocado con un tipo que salía de u bar, del bar gallego del barrio. Joder, era Álvarez Manzano sonriendo. A él se lo tenían que dar. No le he dicho más que disculpe, pero le tenía que haber dicho: a ti, coño, el Nóbel de literatura!
No sé quién va a pagar las copas al final.
Las dejaremos a cuenta de nuestro amigo Baudelaire

Patxi dijo...

Good boy, babe...

I dijo...

yeah

Bellaluna dijo...

Digo, es una vulgaridad para este nobel mezclarle con bares españoles de calamares a la romana en bocadillo.

campesina dijo...

me río mucho contigo Albertito...y pensándolo bien, yo también tengo un montón de candidatos..eeeeh, bueno, no me acuerdo ahora. Ayer leí lo que dijeron Javier Cercas y Juan Gabriel Vásquez sobre Vargas, básicamente que en este caso, la controversia es política y no literaria.
Oye, Bellaluna, parece que a Vargas Llosa le gustan mucho esas cosas también. Yo tengo los mejores recuerdos de los bares españoles, claro que nunca me ganaría un premio de nada, pero disfrutaría feliz otra vez de esos bocadillos.

Alberto M dijo...

Sí, Lun, el tipo, es un extraño profesional. El mundo está lleno. En fin, y no, tampoco compartiría con él un bocadillo de calamares, eso él se lo pierde. Pero bueno, da igual. Beso.

campe :): no existe la controversia literaria.
un beso