viernes

Mis problemas con Juan Antonio


ilust: Moncho (mopae)

La ansiedad no existe, sólo existen las mujeres y sus rechonchas almejas rojas, carne y violeta, los labios rojos y fresa y esos anos, esas cavernas y las orejas y las narices. El alcohol no existe porque sabe el mar que es sólo un ansiolítico y la ansiedad es agua y la sal cualquier rosa en una cara llena de ramas. Todo eso le tuve que explicar a la policía.
Pero la policía no entiende nada. Juan Antonio se ve en su porra como un burgués ante la taza de su primer té en pijama y a la media tarde. Juan Antonio, le digo, que es de mi vida y es niño como yo y al que por eso lo quiero tanto y le doy mi corazón, que no tengo corazón, pero que sería peor no tener bar.

Del bar de la plaza de este pueblo (Brunete) que no es mío pero al que siempre me refiero con cariño, me echaron el domingo pasado por decirles guapas a las artesanitas (había mercadillo) y Juan Antonio se me puso que, si llego a tener corazón, le habría metido la porra hasta el oso de su caverna.

Brunete, es sabido, es una comidilla de fachas + burguesía semi-culpable. A esto le sumas un aspirante a jardinero con problemas mentales como yo y te sale de cuenta la marimorena de Jose Ramón de la Marimonera (los padres de él son los únicos habitantes vivos en la plaza de este pueblo-cementerio). Y, claro, nuestro Juan Antonio de guardia, y el cura, que tiene 3 coches.

Juan Antonio, coño, que llevo aquí toda mi depresiva vida, que ya me se conoce. Y Juan Antonio que no se me entera. Primero se pusieron chulos unos niñatos (uno me quería llevar a Móstoles ¿? para que me pegasen) y luego vino el dueño, que es un puto revienta-niños, con su cara de pornógrafo habitual, a decirme que abonara y me marchase (añadió: caballero). Le dije que no era del plus. Los violadores de niños es que son o del opus o del imagenio.
Sí, estas personas fueron las que se follaban a Makuliau Culkin y no el pobre Michael Jackson. Estos se la sacaban como si fuese un bolígrafo y escribían con ella un pleito a Dirty Diana porque, curiosamente y quitando el reuma, se parecía a su primer amor del pueblo.

Pues Juan Antonio sin enterarse.

Y yo, que ya he dicho, si tuviera corazón me lo comería (sin él) envuelto en pan de molde, quizá haya faltado a mi vida, a la vida, a nuestras costumbres, a mi educación. Porque es poco lógico que todo el mundo pueda tener la culpa de lo inmenso que es mi ego, retorcido, pulcro, primitivo. Dicho de otro modo, algo malo tendrá el tener los huevos muy grandes si te vas a tirar en plancha.

¿Qué es lo que quiero deciros? Quiero deciros -no os riáis de mí- que no sé de dónde he venido aquí, a esta vida mortal o, si queréis, a esta muerte vital. No lo sé; solamente sé que al venir a esta vida me recibieron las caricias de mis padres, no es que yo lo recuerde, es porque se lo he oído contar a ellos. Trad. Pedro Antonio Urbina.

Más adelante, san Agustín, ese inmenso retórico, habla de la voluntad, de la naturaleza, del rechazo y de la ciencia. Es decir, habla del amor o, al menos, de cómo lo busca, y a veces también en qué y con qué.

Otra vez Juan Antonio llamando al timbre. Que no abro, joder, que estoy leyendo a san Agustín. Vete a tu pueblo, Juan Antonio, que aquí sobras. Ah, que es este. Pues vaya. Bueno, pero yo ya me iré, eso fijo. No te pongas así, hombre. Me explico de nuevo: Mirar en un pozo el reflejo de la luna. Es de eso de lo que yo hablo todo el rato.

Un pozo que refleja a la luna refleja un pozo inverso, el agua es un trozo de plástico y lo mueve el viento. Yo he nacido para que los niños sepan. Es así, Juan Antonio. A mí me quitas mi ventana de facebook y me desintegro. No me han dejado trabajar de albañil ni de cablista ni de jardinillas ¿Qué puedo ser sino esto? Me refiero a esto que escribo, no a ninguna cosa importante, sólo a variaciones de este tipo. El desierto es igual siempre, pero siempre es otro porque las putas dunas se mueven y también los bichos esos asquerosos de quienes está lleno, igual que el cielo e igual que una persona que lo es de veras. Y no estoy hablando de amor, colega de la porra, pero una persona que realmente lo es, es simplemente una persona que, mientras estamos, estoy y está. Y ya.

Otro día sigo con esto. Escribir es malo para la salud, la policía y los médicos también, sigo con san Agustín, ya avisaré, stop, no sé qué deciros, stop, el desierto es un muñón de sangre y alguien siempre está en medio intentando que el sol no le vea. Así son también las excusas.
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