viernes

Ahorrar

Ya vivo en Madrid. No significa que no siga siendo amable a las miles de cartas que van llegando a la redacción pidiendo hijos ni tampoco que me haya convertido en lo que uno ve, cuando en la calle (asegúrate de que no esté yo), se beben los culines de un vino hecho en Madrid y promovido por esa exposición de asquerosos a los que yo no voy a saludar pero a quienes reiré las bromas hasta que la feria sea chapada.

Pero sigo escribiendo mejor que el colega de los de (oh rey) Lluvia andante semi-paralela, para goce de ustedes.

Hoy he dedicado el día a la felicidad, es decir también bastante al dinero. He buscado amigos -también con dinero, aunque había alguno (menos amigo seguramente) tieso del todo- a millas de mis tormentos, de mi distancia, de mí (claro) y hasta de mis asuntos. Y sólo les he encontrado a ellos. Gentuza fúnebre y drogota. Mola.

Esta mañana le he pedido trabajo a un indio de un kebab y hasta me lo iba a dar el cabrón. He estado por darle un beso pero hacía gesto como de que no. Luego le he dicho que yo estaba completamente loco tendiéndole mi carné de pirao, aunque no lo entendía y se lo he tenido que explicar mientras por las manos se me escurría la salsa del durum. Nos hemos hecho colegas y, aunque no entiende muy bien mis chistes, ya tengo un sitio dabuten para comer barato y, a lo mejor, ya digo, hasta trabajo en épocas flacas. Hasta le he enseñado la dentadura cuando he pedido el curro. Joder, cómo me mola hacer el jilipollas mientras hago colegas. No entiendo por qué hay quienes critican que Madrid se haya llenado de moros, latinos, indios, rumanos y sus madres. A mí me encanta. En serio, y, es más, me corro de lo que me encanta. Se lo he dicho a una nueva vecina ancianita en el ascensor. Iba al segundo y he esperado a que abriese mientras pensaba alegremente que ya tenía otra habitación de la que ser okupa. Esto está bien Albertito, se empieza ayudándoles a meter la compra y luego ya vía libre para follarte a las nietas, los nietos y el marido.

Lo que estoy contando aquí es, más o menos, mi felicidad. Si bien no me olvido que empecé esta carta hablando de unos tipos a los que definí como “asquerosos”. No lo eran. Desde luego no al uso. Me refiero no a los que me hice colega y van a entrar (ojalá) en el célebre blog La semejante criatura sino a los otros.

Mi belleza es evidente y también algo sarcástica. Me gusta ir con camisetas del Manchester -en mi imaginación que no pocos frutos le ha dado a este invernadero también soy mi admirado George Best- aunque soy del Tottenham, de los años ochenta (aún me valen) y pantalones bien con zapatos típicos de chaval y calcetines de rombos. Vestido así me siento como en mi pueblo (muy a menudo llevo también las camisetas de la peña, aunque a la mayoría ya se les ha quitado el dibujo, porque las lavo). Y al coger un vino -medio- se miraron los artistas y se dijeron ¿de dónde habrá salido este gatito? Pues eso está pero que muy mal y es como empiezan los líos de los chavalines. Ya digo, si mis propios prejuicios cupiesen en una papelera me metería entero. Y ya está. Luego no, luego hice mazo de colegas y, por supuesto, novias. La vida es así. Otros no os coméis una puta rosca -caricias en el lomo-. Conmigo es que no es fácil, no permito que ninguna moza no quiera tenerme como novio, o sí, pero ya después, cuando no tiene solución. Esta actitud -muy franca y definida, por desgracia algo notoria- me ha traído alguna bronca, pero mucho más de follar.

Ya sé que es duro. En este blog siempre hablo de vuestras asquerosas pollas pero, claro, llega un momento en el que dejo de sobárosla y por fin saco la mía, neng.

Un nuevo Kurt Vonnegut -joder, 6º piso-, una nueva botella, ya casi fundida, de Jameson, hielos, un vaso, un cuchillo y, de comer, farla (ah, y Marta lo ha dejado con el tonto de su novio) ¿Qué más quieres, marqués? Ahora a resistir. Con lo que sobra hay una fiesta el viernes, pero (lo siento, churris) no voy a poner la dirección todavía.

Las botellas de Jameson deberían traerlas con dos litros y medio como las de las cocacolas, porque se acaban enseguida y, encima, no se ahorra. Pero también por desgracia, los mundos del diseño son bastante inescrutables. Ya ves, amiguete, hay mucha jilipollez ¿A k molo cuando pongo jilipollez con jota? Pues así soy yo, mi niño de dentro es enorme y, cuando llora, sólo le puedo hacer caso, porque es tan guapo como yo y, a diferencia de mí, merece ser feliz.

He notado que, desde que vivo aquí, el tiempo es otro y que se debe a ello que el whisky corra más aprisa. Tengo que acostumbrarme a muchas cosas. El tiempo en Brunete era un tiempo tan muermo que no se te ocurría ninguna cosa y, entretanto, te metías en una página de esas. Aquí no. Ayer le dije a una señora de la calle Montera que me esperase para casarme con ella y se lo tomó en serio. Voy al súper y me conocen ¿con eso no se debería de hacer la revolución? Un paleto de Valseca llega a su casa en todo Madrid ¿No debería haber subsueldo? ¿Con qué cara he de mirar a mis amigos? Porque a las amigas, está claro, las miro todo el rato con la cara de follar, y eso vale para todas las mujeres, incluidas quienes no me ven y, curiosas ellas, me leen por este blog, aunque también me lo monto con jovencitos, muy jovencitos. Y con moracos. Mi polla está llena de cultura.

Con los gatos de Yara me llevo bien. Les estoy picando para que se vengan a vivir a mi habitación. Y gatix ya quiere, pero todavía tengo que convencer a Mistery sound. Ellos resolverán las finales dudas de mi existencia quitándose las legañas uno a otro. Los gatos somos buena gente.

Ya no me apetece escribir más. Un beso, sobre todo a Bellaluna.

Es otra mañana, como galletas chiquilín con leche, cambio el Jameson por Ken Lough y como una manzana. Puede no ser coña que le pida curro serio al puto indio. Aquí el dinero se va por bulerías, y si llamo a algún colega es peor. La gente es un perro gañán y yo un corazón resuelto en una nube que desaparece en los cajeros de 6000. He perdido, Madrid en cambio es hermosa. Yo, ya he dicho, en cambio, como hermosas manzanas, llamo a exnovias y follo con la corriente de la electricidad. Vicky puede ser, pasado mañana, un buen plan. Hoy me ha dicho que sólo se fija en las chicas. Le he dicho que lo haga por mí también. Menos trabajo, mola. Ahora me gusta la lentejuelas. Todo es tan normal. Quiero también dormir hoy. Se me han ondulado dos de Montera. Un poco de please, iba con Yara. Yo puedo ser mucho de putas, como cualquiera, que lo soy (cualquiera), y también mucho no (que lo soy: una negación, supongo). Pues he cogido y he ido al cole, para aprender ¿el qué? Pues cualquier cosa, cualquier persona, cualquier poyete de la calle y cualquier día. Pronto me haré a llevar caramelos en la gabardina. Me alegra mucho que en Madrid exista el vecindario normal, aparte mis coñas. Y me ayuda ser alguien distinto cada día y, en el fondo, el mismo tontorrón, el mismo chavalote algo vaguete -pero con sus cosas- que es que también es medio de Valseca y hasta muy frustrado pastor e incluso cura. Por dentro todo está permitido.

Un abrazo,

PD: Ojalá fuera Chesterton, no sé, (o Dragó) pero (es que) soy Alberto. Mientras sólo puedo ser eso y comerme unas sardinillas leo Correr tras el propio sombrero y el nuevo Vonnegut (mierda de leer, caray, pero bien).



CARTA 2:

Mis fuerzas están algo calladas. No sé si es mejor vivir con los padres, comer las mejores pizzas, jugar a la play y hacerse gayolas. Hoy, en teoría, iba a hacer una cerveza con una salsa, pero parece que los colegas pasan. Pues bien, que os joda una burra, he pensado. No puedo sacrificar mi sudor siempre eterno para que estén a gusto los señoritos. Uno aspira sólo a sobrevivir. El amor ¿Qué es eso nada más que ayudar a una vecina anciana a cruzar la carretera? Hoy he conocido a Fernando, un señor de 73 años que me ha invitado a dos gaseosas y contado sus ideas de suicidio. La vida es, ya lo he dicho, mitad rana y yo soy menos inteligente que una lata con media anchoa. Odio a mis amigos, me refugio en las palabras de nuestro señor:

Igual que Catón dictaba leyes en su pequeño Senado, y se sentaba atento a sus propios aplausos.

Odio a la vida, mis amigos y las putas que dicen que me aman. Odio todo, menos a nuestro señor. Antes para mí escribir era algo importante (sacrificar una tarde de atleti), ahora ni de coña. Menudos mentecatos y maleducados. Ojalá estuvieras aquí, Ire. Ojalá vieras por qué son unos simples. Unos encaramados a la foto en facebook. Unos sobraos.

Soy esquizo, sólo tengo una uva y mis amigos son medio escritores. Eso, junto con que te salga un grano sin aviso en la punta de la nariz, es de lo peor que te puede pasar en la vida. Por lo menos ellos han publicado. Hijosputa hay a tutiplén, las rosas también nacen de una semilla.



PD: Ya llaman. Adiós.
.

6 comentarios:

Bellaluna dijo...

Gracias,

L.

Alberto M dijo...

No.
Es un honor.

Pedro R. dijo...

Vd., disculpe que irrumpa, ¿está de la pelota o sólo se lo hace? Quiero decir, su lucidez corrosiva, ¿es pose o la tiene innatamente tatuada en el código genético o en el forro de los cojones?

Me levanto el sombrero, aunque mirando de reojo, por si.

Alberto M dijo...

No, don Pedro, esto de la lucidez es sólo un rato.
Un abrazo y gracias por pasarte.

Pedro R. dijo...

Le agradezco. Y mucho. Porque leo y releo sus escritos o posts o como coño se llamen y me sorprenden. Una mezcla de lucidez, corrosión, mandar a tomar por culo e iluminación (ya entenderá que no divina, sino de otra luz: extraña, visceral, absurda, entera) mezclada con deseo sexual. Yo estoy, y perdone que se lo confíe, muchas veces perdido en las circunvoluciones del mismo -mi- laberinto. Me veo en el espejo de sus letras. Luego, el güisqui. Eso es. No luego, sino antes, porque de lo contrario no se entiende lo mismo.

En fin. no me explico más, que de lo contrario no saco consecuencia. persevere, persevere. O hágaselo ver, porque la terapia escrita es saludable. Sin ella, supura mucho la herida. La mía -claro, no escribo- es enorme. Realmente una úlcera. Llaga, Cicatriz. El dolor al que temo. Y es como si muchas veces la tuviera en la misma punta de la polla y eso fuera -la disculpa- causa de no poder tomar a jóvenes deseables que me muestran su coño pelado y para poseerlo debiera desear dolor y sangre. Claro, en realidad debe leerse de otro modo. Mi timidez.

Bueno, no le entretengo. Mis mejores deseos para días sucesivos y a su salud (hoy voy a putas en Motilla, que hay gente de la antigua Unión Soviética muy apetecible; en qué ha terminado todo aquello...).

Pedro R.

Alberto M dijo...

No me entretiene. Al revés, gracias.
Estaba pensando si es sano o no escribir y, ahora mismo, pienso que sí, pero siempre a falta de otras cosas. Lo de las chicas de la antigua Unión Soviética me pone muy enamorado.