domingo

the only thing that´s real


ilu: (pedido para el blog) de Juan Soto (Gracias!).

Desde que el mundo es mundo, cada tarde, los mosquitos, oxidados, se posan en las teclas. El teclado de mi habitación ha usurpado completamente mi identidad. Cada tarde, no sé quién soy y esos alegres y oxidados bichos, con su piquito reventado, vienen a decírmelo. Ni siquiera sé si soy o no uno de ellos. Bonitos mosquitos, lindos. Donde yo vivo, cada tarde, desde que el mundo es mundo, hay un tanque de agua al lado. Por eso existen en los inviernos. Y yo, en mi trono de mentira, pertenezco a todo lo que toco. Un yo es así. Cuanto más aprietas sus teclas, más mosquitos vienen.

Yo estaba viviendo en mi teclado negro de verano con crisis, dormido (postura indiferente), así como hace dos sábados cuando apalabré otra habitación poco más o menos igual de extraña que esta. Las flores de mi ventana, Clau, son artificiales y yo leo rusos. Como solo. Un día me voy a atragantar con el lacón (hoy domingo, jamón de york). ¿Qué puede hacer una ciudad cuyo colegio no abrirá sus puertas hasta dentro de un mes y pico? Los niños vienen a casa. Nadie puede no mirarles. Me cantan las canciones que han aprendido mientras fuman sus primeros Chester. A los tres días bajo a por cervezas y una de whisky marca You need job. Algunas tardes salgo a pasear con tita Pepa. En el camino hay un rancho que lleva el hermano de mi amigo, que me dio trabajo en una granja escuela. Era feliz en esa época, yo. La novia del hermano, drogota perdida, me la cogía en el baño. Llegamos a tener una contraseña que consistía en que yo dijera lo bonitos que eran sus ojos. En la mesa, cuando yo decía algo así, se reían los pobres. Llegué a follar con todo el mundo incluidos mis amigos los animales. Llegué a no distinguir entre la boca de mi primer amor allí (la puta yonqui) y los morros de los cerdos vietnamitas.
Los baños, las cochiqueras, la piscina llena de meados, todo era lo mismo. La chica inglesa que tocaba a la guitarra las canciones de Bob Dylan y a quien la lloré en los hinchados pechos de su hinchado cuerpo informándole de la muerte de Héctor, mi amigo, también era lo mismo.
Qué rápido se fueron a cagar esos veintiséis o veintisiete años. A mí me daba igual que me mataran. Ya había muerto, cuando tuve veintiuno. Ya me daba lo mismo. Hoy he de esquivar a mis padres, en las horas en que están, para beberme una birra. Mi padre, el pobre loco, tiene hasta controlados los hielos. Me he hecho a beber whisky caliente. Whisky marca You need job caliente. Joder.

Como no podía parar de llorar en ningún lado mi abuela me pagó un curso en la escuela de letras. Me dije: chupi, y di un salto tan alto que me llegué a dar con la cabeza en el techo de la cocina y no, tampoco desde entonces he vuelto a ser el mismo, aunque he hecho amigos muy buenos. Un día me sentaron con unos desconocidos en una boda y dije que era escritor.

He estado perdido, no he sabido qué hacer. Cuando me encuentro solo salgo a la plaza con idea de ligar con moritos (Chupa doce). Mucho peor son los libros de Haruki Murakami. Son como salir a andar rápido los libros de Haruki Murakami. No hay por qué pararse a hacer una fotografía con el móvil. Cuando llegas a casa, te quitas las zapatillas antes de caer en el sofá y así son los libros de Haruki Murakami. A mi psiquiatra (que no es bobo) le encantan sus novelas. Yo no puedo. No, yo chupa moros, bebe whisky escondidas y ¿Qué más? Las cervezas también escondidas, y leo rusos y como jamón york.

Joder, yo antes era la ostia en vinagreta. Ahora ligo en meetic. Jamás han conocido a un tipo tan raro como yo. Claro que, eso dicen ellos.
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5 comentarios:

panterablanca dijo...

Pues a mí me gusta Haruki Murakami, y el otro Murakami, Ryu, también.
Besos selváticos.

Alberto M dijo...

no, si a mí también, eso es lo que no puedo entender. Porque las novelas de Haruki es triquitrá y triquitrán hasta el final y bien está. El Ryu me leí una hace años, pero no me acuerdo de nada. Estaban todos puestos de caballo creo y escuchando una música y ya no me acuerdo de más.
Besotes cachondísimos, Panter.

Rouge dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
GUILLERMO dijo...

Muy bueno Alber, me ha resultado muy entretenido, sigue así,go on!

Albert dijo...

A ver,
si no salvo yo la literatura
¿Quién la va a salvar?
¿Constantino Bértolo?