martes

El pájaro que cuenta los colores en las montoneras de trigo


A Anónimo de ayer que me leyó y, con justicia y generosidad, me señaló que no entendió el final que había hecho.

La foto la hice en el patio de el Campito de Julita.


Es verdad que tengo un mal y que juego a acariciarlo. (Intento arreglar este texto de ayer, hoy al mediodía) Hay quien piensa, cuando cree haber encontrado mi lugar solitario, que ese desierto funcionaría si yo u otra persona encendiese la lamparilla y ya está, así, con presionar un simple interruptor. Es verdad que he jugado, eso no puedo negarlo, aunque siempre he dibujado y escrito sobre negar, a volverme un loco simple, pero lo cierto es que mis padres, en su razón sencilla, están cansados de mí y todos mis alrededores han terminado imitándolos.
Sólo una vez pusieron un huevo. Los huevos de mis padres son como patatas peladas por la boca de un caballo. Y luego salí yo y hasta tenía órganos. Pesé un kilo y cuarto sólo. Aprendí a andar muy pequeño hasta que me estrellé haciéndome una brecha por la que aprovechó a entrar un gato que sólo vi yo y luego dejé de andar y, cuando volví, me quemé el brazo con café. Todavía tengo las señales. Las he inspeccionado con lupa buscando en ellas un signo típico del demonio o alguna cara, pero sólo he visto un desierto pequeñito, como recién hecho nada más romper cualquier reloj de arena.
Sí tengo un mal y la gente ciudadana se ha purgado de ello mismamente en un semáforo. A mis padres les ha dicho un amigo millonario que por mí hará lo que sea si ellos faltan y que tendré comida. Yo tenía que curarme. La médica dijo que moriría. Siempre ha sido mentira eso, porque lo han dicho otras veces. La médica de este pueblo es una señora que ni chicha ni limonada, alguien de veras increíble. Me dijo que me moriría y que tenía todos los elementos por las nubes e hinchado el hígado. Dijo que los alcohólicos... y yo le dije que nada más bebía apenas unos sorbos y que conociera la verdad a pesar de su evidente ninfomanía. No me hizo caso. Mi madre me agarró sacándome de la consulta y se disculpó por mi enfermedad nerviosa que a veces me hacía decir incoherencias y faltar al respeto. Pero luego no bebí. Y ya no bebo. Por lo demás esa señora extraña y -a pesar de mi supuesta ironía al llamarla ninfómana debido a su cara absolutamente primate y monacal- cordial, fue una luz. La luz hay que considerarla en caras que apenas oculten una historia, en la nada, lo digo yo que he estado enamorado locamente, y no en la verdad que es, como decía mi amigo, absolutamente siempre delirante.
Me crió mi abuela, que era todo bondad. Yo no he heredado su virtud porque yo sólo nací para decir que no. Dibujé mucho, triunfé en los pueblos y lo tiré. Se me rompió el pájaro que me contaba las cosas que pasaban. Cogí su oxidada maquinaria y la tiré a la basura junto con los ketchups caducados. La ruptura del pájaro despertó al gato cabrón.
Hoy es el día que vuelvo y tengo que tener cuidado, pisar sin atención el suelo y todo procurando que ese gato de la troje no despierte porque, a mi menor atención, tiene hambre.
Bebo champán -gaseosa y mosto- solo, porque he de celebrar que hoy sí veo el cielo. Mis padres están en el trabajo que ya no existe, sentados, abriendo carpetas que no contienen nada. Yo enciendo la bañera. El gato está a salvo. Señala con sus uñas su día en la pared de mi cráneo y vuelve a echarse.
Hoy estoy muy contento, al contrario de cuando empecé ayer a escribir esto, francamente delirante, en el blog y eso se lo debo a un experimento que hice para mejorar mi salud, pero hoy todo ha cambiado y he vuelto a tener ganas de salir, de la gente, de las noticias, de mis padres y de todas esas cosas. Ya sólo pienso en la página siguiente y, tras esa página, dormirá de nuevo el gato que no tiene nombre ni lo va a tener nunca aunque se llame como yo.
Un abrazo,
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8 comentarios:

campesina dijo...

Ese gatito tuyo es Zorbas, el mismo que un día conoció a Kengah, una gaviota que huía llena de petróleo y que cayó justo en su balcón. Kengah fue la que puso el huevo y le hizo prometer a Zorbas que cuidaría al pollito y le enseñaría a volar. Fue difícil, Zorbas casi muere una de sus vidas, pero un humano les ayudó. Ese eres tú. Y también eres Zorbas.

Y todo esto lo supe por Lucho Sepúlveda que vive en tus tierras y cuenta la Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar.

Besitos. Y a mi el final (el tuyo) me gustó.

Bellaluna dijo...

El gato es el animal que todos llevamos dentro, que suele ser cabrón y querer más a otros que a nosotros. Del de antes... Desgracia, me parece un libro con mayúscula. Y de la salud, que nos acompañe.

Qué calor agobiante: Roma derretida, y un pulpo que estaría mucho mejor rebozado.

beso!

Alberto M dijo...

qué bonita historia, campe. No conozco a Lucho Sepúlveda pero me has hecho un resumen que, dentro de poco, querré que me hagas otro de cualquier otra novela de quien sea que pase por tus manos. Creía que apenas había dejado ver el final anterior, en el que yo que, por un lado, he encontrado aquí un sitio donde expresarme, renunciaba un poco a expresarme. Es una cosa que me pasa mucho cuando me encuentro en alguna especie de atolladero mental que no sé solucionar, como nos pasa a todos. Un anónimo, entendí que de manera muy cómplice, me decía que no entendía eso, y luego pensé que tenía razón aunque este nuevo final tampoco es que lo haya pensado mucho más allá y, en fin, nuestros días siguen pasando, pero por aquí ando y tenerte por aquí es un lujo. Un beso.


Hola BL. Estaba pensando también en una persona que fuera un gato que siempre soñó con parecerse a un pájaro. Me parece buena idea subestimar a un gato que siempre se puede encargar de subestimarnos a nosotros (habitantes de él).
Claro que ya es una de las mejores novelas que he leído, Desgracia. Recuerdo cada imagen en cada lugar creo que exactamente. Ahora he hecho un parón pero, de los tuyos-nuestros, tengo todavía pendiente, por ejemplo: Meridiano de sangre.
A ver si tengo suerte y coincido en una nueva lectura. Por favor, no te cortes de recomendar, que los veranos también son largos y las lecturas, muchas y también pocas.

Besos.

campesina dijo...

Gracias por la hospitalidad, Alberto, y me hiciste reír con lo del resumen. Eso sí, los detalles son los sabrosos en todas las historias ¿no crees?

Me pasa a mi también que enmudezco en este espacio que es para decir. Son las contradicciones vitales, los atolladeros mentales y los del corazón, que son más atolladeros todavía.

Sobre el final, creo que me quedé con eso de 'ya sólo pienso en la página siguiente', el impulso de decir, de contar, pura líbido.

besos grandes
(tendré que leer Desgracia, por lo que dicen tú y Bellaluna)

Alberto M dijo...

hospitalidad?? es pasión, campe. Los detalles son el secreto de todo lo que vemos, completamente de acuerdo. Sobre Desgracia, he dejado de leer en cuanto la he terminado. No la creo superable ahora. Todos los detalles están ahí, los del mundo de ahora. No hay ninguno que ahora no pueda recordar, creo. Lo digo sin vanagloria. Soy muy distraído, pero esta novela es absolutamente... Estoy seguro que Bellaluna la describiría mejor. Tiendo a comparar la desolación de los distintos lugares que aparecen, es también nuestra ciudad, nuestra piel y eso, describe nuestros atolladeros mentales en todo el otro. Porque esta novela aborda todo el otro. Por favor, no quiero resultar esnob o algo así, de veras me ha tocado la fibra, cosa que siempre intento que me pase. Que te ocurra con una lectura, eso ya es un milagro.
Un besote!

campesina dijo...

Me entusiasma más todavía leer Desgracia, gracias por contarme eso. Son pocos los libros que marcan de esa manera, y ahora que estoy semi cesante, tengo más tiempo para leer.

Abrazo grande y felicitaciones por el triunfo de la roja española, aquí gritamos mucho mmientras comíamos paella en la casa de una prima fanática.

Besos, y no eres nada esnob ¡cómo se te ocurre!

panterablanca dijo...

A mí también me gustaría tener un millonario que hiciera lo que fuera por mí, me gustaría y me iría muy bien ;-DD

¿De qué autor es Desgracia?

Besos felinos.

Alberto dijo...

de Coetzee, panther!! El mejor!

Acá, Campesina de mis primores, ya nos cansamos de celebrar (pero antes que empezara el mundial -maldita hinchada periodística-)

Besos!