lunes

El campus 1


Por fin había conseguido andar con la cabeza bien alta por el campus. ¿Tienes fuego? Me preguntó un jovenzuelo. Sí, dije. Y se lo di. Me di cuenta de que era amigo mío de hace mucho tiempo y le dije que me acordaba de él. Dijo que él no y dijo Lo siento, amablemente. Pues yo sí, dije, y le conté que, debido a cosas de la vida y la medicación y eso, había vuelto a la facultad. Que así daba gusto, y le llamé mamoncete. El mozo parecía confundido, así que le dije que, fuera lo que fuera, yo me alegraba de volver a verle. Y nos despedimos.
Joder, qué bien me sentía de volver a ser universitario. Avancé hacia la secretaría pensando en qué nuevas bromas les iba a hacer a los chavales y los profes. De momento había comprado bombas fétidas y cagadas de mentira.
Me arremangué los calzones y el sombrero de la peña de mi pueblo y esperé mi turno en la cola sin gastar bromas. Cuando por fin llegué, la señorita me miró y la miré. Me dijo ¿Qué querías? Dije que me habían dicho que tenía que entregar mi carné de nuevo, que me había llegado una notificación al ordenador, un pentium. Me preguntó por mi nombre y apellidos. A mí me daba mucha vergüenza. Volví a mirar a la señora y le expliqué que esa situación me estaba poniendo algo nervioso. Le dije que volvería cuando noté que empezaba a poner cara de sumisión y encogerse de hombros y salí corriendo. El problema de las señoras que trabajan en las facultades de España es que están todo el día pensando.
En la puerta había dos mozas. Una muy guapa y la otra no. Saludé a la guapa y dije que era poeta y estaba pensando en hacer una poesía. Pues sigue pensando, dijo la otra. Qué asquerosa. La juventud es así, y mucho más cuando acaban de aterrizar del pueblo. Decirme eso a mí, uno de los mejores amigos de Antonio Gala. Hice como si no estuviera. La chica guapa era la que me interesaba, a fin de cuentas. Dije: Me sonrojo sólo de pensar en lo linda que eres. Pues sonrójate para que yo me ría. Dijo la otra, la lerda. Me di cuenta de cómo funcionaba la juventud. El hecho de que yo triunfara con la lerda quería decir solamente que me estaba dirigiendo a la chica más hermosa del mundo que, como mucho, sonreía con las intromisiones de su petarda amiga. La vida es muy sencilla, no tengo ni idea de por qué los jóvenes tienden a complicársela tanto. Tiré una bomba fétida y me fui corriendo. Yo entendía que era una broma que tampoco me alegraba demasiado pero en cuanto oí que ambas, incluída la chica guapa, gritaban Subnormal, me sentí aliviado y me entró la risa por todo el cuerpo. Joder, iba a ser el rey del campus. Las tardes me las pasaría encerrado en mi habitación alquilada escribiendo sobre mis hazañas. Sonaba idílico. Y por las noches volvería a ser el serio vigilante nocturno de la residencia de ancianos de Brunete, Valseca o lo que fuera. La vida mola. Dormir es sólo para la gente aburrida.
Pero me había salido muy mal la broma con las chicas, así que entendí que debía resarcirme. Ni siquiera me habían dicho cómo se llamaban. Me desnudé y volví corriendo a buscarlas. Hacía tanto fresquito. Cuando estaba corriendo, de repente, me acordé que me había dejado el certificado que tenía que entregar en secretaría en el bolsillo del pantalón en el montoncillo, junto con toda mi otra ropa. Pero ya me daba igual. Ya era demasiado tarde otra vez.
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5 comentarios:

Pedro Aros Castro dijo...

Divertida historia, volver tratando de vivir lo que pensamos que deberíamos vivir a veces cansa y agota y ya no es divertido ser divertido, felicitaciones Alberto
saludos

Fernando dijo...

Jajajajajajaja.

Haber intentado hablar con la fea, tío: a lo mejor estaba más necesitada que la otra.

Alberto M dijo...

siempre he ido a por las feas, mucho por suponer que, al ser algo más feas, se lo curraban más luego. Pero no. Era mentira. Se lo trabajan igual de mal todas :P

Jose dijo...

Seguro que eran hermanas y fans del mismo programa de radio, como si lo viera... ¿Una llevaba coleta? Creo que no las conozco, pero gracias por presentar sin intermedios tres variaciones de la misma sinfonía: la guapa, la fea y la secretaria de facultad. La vida es música, ¿acierto?

Un abrazo, Alberto

Alberto M dijo...

siempre que vienes esto mola más