martes

Textes pour rien 5


1:
Un día, mientras me golpeaban las costillas con una palanca, yo, imitando mis trucos de cuando era pequeño, daba alaridos con el afán de que esas expresiones pudieran frenar lo que estaba sucediendo. Hubiera podido ahorrarme a mí de niño. Hay veces en que el verdadero final de golpearte con una palanca las costillas mientras estás sangrando en el suelo simplemente consiste en lo que parece.

2:
En algunas ocasiones he sido feliz y me he creído amigo de gente. Amigos como con los que compartía rosquillas en el parque al lado de la farola. Los trozos de botella que había en el suelo recogían la luz blanca que salía de esa bombilla. ¿Y después cómo será? Decía uno. Yo follaré con tu madre, decía el otro, seré tu papá. La muerte es simple, tío, decía otro, como la noche y el día. Luego pasaba una chavala que paseaba un perro y uno decía que la iba a montar de buenorra, nos reíamos y abríamos otro paquete de rosquillas, y luego jugábamos al fútbol con las migas que habían caído de nuestra boca. Ni idea de dónde ha ido nadie. La amistad es lo que sucede cuando sólo has visto el borde de una gran decepción que luego resulta ser, a lo mejor, la única posible.

3:
Ayer fui a la librería a ver a mi amiga. Estaba su niño, el pequeño. Yo aún no le había conocido personalmente. Me chocó los cinco unas cuantas veces hasta acertar con la palma. Le dije que era un campeón. Al salir de la librería no puedo saber por qué me noté rápidamente invadido por una pena desde luego más mayor que yo. Entendí que necesitaba una habitación pequeña o baúl donde encerrarme. Se me ocurrieron varios sitios donde podría tomar una cerveza. Eso fue una gran noticia. Saqué mi monedero, lo abrí, conté cuánto tenía. Un poco más tarde miré si había alguna llamada en el teléfono. En la mayoría de los lugares, incluidos donde me recuerdo feliz, tampoco he sabido qué hacer.

4:
Estoy en la cama y noto retortijones muy fuertes en el lado derecho mientras oigo que mi padre rebusca las llaves del coche para ir al taller. Me quedo quieto. Noto desagrado en la idea de que me encuentre muerto cuando vuelva. Me relajo. Ponerse nervioso puede hacer que un dolor se convierta en una cosa más mayor que tú. Aparte, siempre me ha pasado que luego no me he muerto. Me repongo, al principio con dificultad, pero luego todo va rodado. Me preparo un café mientras saludo a mi pájaro. Él me devuelve el saludo. La vida es sencilla.
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5 comentarios:

campesina dijo...

Textes pour nous, y el 2 es para mi, el que más para mi, de todos. La amistad es algo así desde el año pasado, pero es muchas cosas más, muchos amigos más, alguien que viene y te cuenta cosas para que después duermas tranquila.

besos, Alberto, me gustaron estas letras tuyas.

Bellaluna dijo...

Lírico, inmensamente, Alberto M. Y la mañana se desliza no sabemos en qué dirección explicándole al día que nunca sucede nada. Bajo a comprar croissants. A ver sid escubro que abajo sucede algo. Pereza. Sencilla pereza.

Alberto M dijo...

Muchas gracias, chicas. Me hipnotiza mucho la pantalla del ordenador. Tengo tiempo libre pero estoy en una especie de sitio donde no hay nada posible salvo, por suerte, la barra de pan y, claro, cosas en la nevera. Como nota, Estoy acabando "Desgracia". Me está siendo tan intenso como prometía, si no más. Voy a seguir avanzando.
Besos

panterablanca dijo...

Me han encantado los textos, Alberto. Especialmente el último. Será que yo a veces también me siento morir y luego no me muero ;-)
Besos panterosos.

Alberto M dijo...

Al final no, alegría mía. Nos quedamos sentados, tan panchos.
Un besote dominguero!