domingo

El mundo


(dibu de Juan Soto Ivars)

Si hubieras entrado en mi casa, hubieras girado a la derecha y caminado el pasillo que ahí empieza, en la habitación del fondo hubieras encontrado a Blanqui, mi ex, gritando. Lo hacía para ejercitarse, dice. Se llamaba Blanca y en mi familia la llamamos Blanqui. Empecé yo, me aseguró un día, con lo del nombre. Aquello debió de ser cuando nos conocimos hace casi dos años. Antes nunca gritaba pero, en fin, eso es otra historia.

Al principio la imité. Duré gritando casi tres días. Pretendía hacerla ver que yo también sabía. Pero no funcionó. Aquellos tres días, efectivamente, apenas duraron un grito mezclado con otro. No era raro que viniese la policía a casa. Los vecinos estaban muy preocupados y, además de eso, también querían dormir en paz.

Siempre venían los mismos. Yo les atendía. Les invitaba a un huevo frito con patatas y a un whisky con soda. Mi novia era así, les dije. Cuando empezó quise imitarla. Duré tres días, pero no surtió ningún efecto. Siguió gritando cuando callé. Así, ya se imaginarán, como si no hubiera pasado nada, como si mi voz y su ausencia no existiesen. Coman, coman, por favor, tranquilicen a los vecinos. Díganles que está en tratamiento aunque no sea cierto. Esos dos estúpidos policías no escuchan a nadie. Ambos tienen un agujero en la frente. Es por donde estornudan. Se lo he notado. Siempre que han estornudado ni siquiera ha salido nada. Por eso no usan pañuelo. Por lo menos son amables. Dicen que harán lo que yo diga y me dan las buenas noches. Al cerrar la puerta siempre miro a través de la mirilla y observo cómo ríen sin parar en lo que esperan el ascensor. Después que se han ido echo la cerradura.
Hasta lo de la policía iba bien, pero suelo tener que salir a por comida. Es muy desagradable encontrar las babas, meadas y cagadas de los vecinos en la alfombra Welcome. Al principio las quitaba y ya está, pero ya llegó un momento en que dejaba que se quedasen ahí secándose. Los policías, única visita en esos días, ni siquiera dijeron nada.

Llegó una mañana en que subí de la compra y encontré la casa en silencio. Recorrí el pasillo de la derecha hasta abrir la puerta. En lugar de ella había una nota. Ponía “Creo que me confundí contigo desde el principio, Adiós. Blanqui”. Reí hasta la noche ¿Existiría una mujer cuerda en el mundo? Sólo pudieron interrumpirme los policías. Fue cuando llamaron. Me dijeron que el vecindario no entendía nada. Les dije que patatas no tenía, pero que les haría un huevo. Uno de ellos, el que tenía el mismo agujero en la frente que el otro, dijo: Siempre es usted tan amable con nosotros. Y el otro, el del agujero en el mismo lugar de la frente que el que había dicho lo anterior, dijo: Dios le bendiga.

Dije que ella se había ido y que yo no podía evitar reír. Mientras mojaban pan en la yema me preguntaron si sabía adónde había ido ella. Yo les dije que ni idea, que yo había bajado a por provisiones y me encontré una nota que enseguida les enseñé. La leyeron y fue entonces cuando empezaron a desnudarse. Quité los platos y los puse en la pila, me serví un whisky. Ellos estaban mirándome, desnudos. Uno de ellos, el de la izquierda, dijo: Disculpe nuestra actitud, señor, pero creo que tanto mi compañero como yo no tenemos ni idea de por qué hemos hecho esto. ¿Desnudarse? Pregunté. El de la derecha dijo: Sí.
Les dije que si querían whisky que se sirvieran.
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6 comentarios:

Bellaluna dijo...

De los huevos fritos lo más rico es la yema. Pero, como decía mi amigo K., de Barcelona, de verdad, lo mejor es el chorizo.

Gastronómicamente soy un desastre, y sentimentalmente creo que estoy en manos de los vaivenes del destino.

Tengo 20 líneas escritas...

Alberto M dijo...

A por la 21, Lu, que es múltiplo de nuestro 7!

Bellaluna dijo...

Ya he pasado e igual me he pasado: 80 y me he contenido. ¿Lu? Mola

Besote!

L.

Alberto M dijo...

ya veo, ya
muak

panterablanca dijo...

Los policías debían tener calor y por eso se desnudaron, jajajajjajajaja!!!, y Blanqui, ¿no se quedó afónica de tanto chillar?
Besos selváticos.

Alberto M dijo...

Panther: la afonía de Blanqui eran esos dos chiflados mirándome menos exhaustos que yo!