miércoles

Today is uncharted


El segundo día que pensé estaba rodeado de gente. Se trataba del Vicente Calderón. Era un partido entre el Atlético y el Sporting. No recuerdo cómo quedaron aunque ganó el atleti y dio un paso importante para acercarse a la lucha por la liga. Schuster estaba sancionado y fue Donato quien salió a su posición con el ocho.
La segunda vez que pensé debía de ser el minuto 63 o 64 del Atlético de Madrid – Sporting de Gijón de no recuerdo qué año.
Mi padre me dio un bocata y vi que era de tortilla y salchichas. Me dijo no me acuerdo qué. La gente estaba regañando al equipo porque no le echaban cojones. Silbaban a Donato. El mundo era una caca de la vaca flotando en olor a incienso. Los idiotas se irían. España era una mezcla de medio-centro suplente y guardameta tuerto. Los balones de España pesaban mucho. La gente, en el estadio, aplaudía y gritaba a los suyos. Los suyos eran Futre y estos, Manolo, Vizcaíno y Gabriel Moya.

La segunda vez que pensé acababa de sacar un córner el sporting. Abel la sacó de puños y yo comía bocadillo de tortilla con salchichas todo con un poco de ketchup y salsa brava. Esa mezcla me escurría por las manos. También tenía chorretones en la cara. España daba asco. Todo el mundo se parecía a un árbitro levantando la primera amarilla. El pito de un árbitro me despertó cuando el sporting iba a sacar un córner.
Ya no los hacen como antes, pensé más o menos el segundo día que pensé y di otro bocado y luego otro. Debió de ganar el atleti por la mínima. Eso le acercó al título. Son cosas de antes. Luego perdió en el Bernabéu e incluso oí que querían fichar a Klismann. La gente quería a Klismann y a Batistuta. La gente estaba contenta al final de ese partido porque, aunque no fue el mejor atleti, acabó ganando o algo así.

Aproximadamente en el minuto 67, después de haber pensado por segunda vez en mi vida, busqué a mi padre para decirle que iría al baño a lavarme del bocata y eso fue lo que hice. Abrí el grifo y después de estar limpio ya no recordaba nada salvo que había pensado según mis cálculos de ahora en algo similar a que ahora no era lo mismo que antes. Es decir, el tiempo pasa y el espacio sólo empeoraba o se corregía. Miles de personas, pensé y me lavé.
El segundo día que pensé tenía una moneda de doscientas pesetas en el bolsillo. El anhelo para mí era una moneda pequeñita, un bocadillo, mi padre y Dennis Bergkamp. Vivir en el ir, como dicen los poetas y los taxistas. No tener patria, continuaba el poeta, en el tiempo.
Lo que se sabe es una tontería mucho mayor que lo que se ve. Fue por eso por lo que no volvería a pensar, me dije. No tenía sentido. La gente salía cantando y gritando y yo no veía a papá. Papá, dije, papá. Me caí, me tiraban. La gente estaba tan contenta. Y yo también, yo también estaba contento. Mi padre me debía de ver desde lejos y se escojonaba mientras yo unos ratos estaba en el suelo sucio con colillas y, segundos después, levantando la cabeza a ver si esas risas se correspondían con la mandíbula de mi padre y todas esas cosas de las que yo era, en parte, hijo.
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2 comentarios:

Jose dijo...

Me da que esta nueva entrada es una metáfora del Mago de Oz. O me gustaría que lo fuera. La anterior estaba más clara, es cierto, pero mirando así al trasluz, donde las líneas rojiblancas que discurren entre pensamiento y memoria no confunden... pareciera. Creía que la infancia eran recuerdos de un patio de Sevilla, y que cualquier acontecimiento podía resumirse con "en casa, como en ningún sitio", pero qué sé yo.
Voy disfrutando con las habitaciones, los embaldosados y los huracanes que propones, el estadio en que no se sabe quién juega, si el futbolista o la afición. Por eso me dejo arrastrar contigo, embelesado.
Gracias por dejarme entrar adonde brillan las estrellas.

Alberto M dijo...

qué grande eres, Jose.
Este blo, en otro tiempo, gloria de una España pudiente hoy te pertenece junto con todas sus calamidades.