domingo

Textes pour rien 4








Escena uno: Cita dominical con el filósofo.


La mesa está puesta. Hay salchichón partido y, en otro plato, unos macarrones con tomate y queso. Hay un plato de ensalada sin aliñar y, en medio de la espantosa fiesta, el filósofo toca una flauta que se ha hecho con un boli. La canción se llama, según dice: Una campana de vidrio parece rodear al esquizofrénico. No hago preguntas. El filósofo toca. Su señora me trata bien. Es todo amabilidad. Me pregunta si me gusta el vino. Digo un poco y dice: Pero si tú no puedes. El filósofo abandona su melodía y echa una risotada. Coge unos macarrones con el tenedor y dice: Madelein, el tomate esta vez sabe a tomate. Ella dice: Nuestro invitado de hoy no puede ¿A que no? Y él dice: Ahora voy a tocar en re mi composición Las mejores enseñanzas se muestran en los pormenores.


Escena dos: Una lacra con sentido.


Hay muchos mosquitos en la noche. Hacen ruido, pican y despiertan. Los cerebros, cuando ya no lo pueden soportar, piden un cambio. Es esto lo que se ha malentendido, según la teoría del filósofo que vive dos calles más abajo. Muchos cerebros se han ido de casa sin permiso. Y, por ese mismo motivo, han sido recibidos en muy dispares cuartos de baño. Se acomodan, asegura, en una palangana (y esto lo dice: por poner un solo ejemplo). Cuando el agua rebosa no actúa, señala. Esto es el mal de nuestro tiempo. Yo digo si podría tomar un poco de vino. No, dice Madelein. Tú no. Es un encanto. Me da un bollo. Tiene miel. Él coge la flauta que se ha fabricado con un boli bic. Dice que va a tocar su composición preferida, que se llama En un tiempo viví como los dioses y por eso hoy existe mi viaje. Cualquier vaca del monte tocaría mejor el oboe.


Escena tres: También los átomos, ya nada importa.

Los mosquitos son insoportables. Uno, por ejemplo, puede estar durmiendo plácidamente en Aravaca o Hong Kong. Siempre que un mosquito elige un cerebro que amartillear se muere un gallo. No importa la hora que sea. El sol ha salido y los coches vuelven a su hogar. Todo es como en una película de caballos, dice Madelein. Madelein ama a los animales. Tiene un orangután llamado Mongolín que vive con su mamá en el pueblo. Me pone el desayuno y dice que no se me ocurra beber Larios y ríe enfermamente. Luego añade que es de muy mal gusto. No sé por qué me he quedado a dormir. Esta familia debería de estar, si fuera yo, hasta las narices.
Mi amigo el filósofo viene a la cocina, me dice que me va a tocar hoy el xilofón. No se rinde. Ha compuesto una canción que se llama El ciego psicoanálisis. Me dice: ¿A que te mola cómo toco? Yo digo que me marcho, que mis padres han de estar preocupados. Él dice que necesitaré un buen hacha si el tronco es grande. Madelein aplaude. Dice: Por favor, toca esa por la que te dieron la Erasmus. Ah, dice él, pero eso fue una composición sin importancia. Sí, por favor, insiste ella y me dice que él siempre ha sido muy modesto con sus éxitos. Saca una zambomba y dice: Querido público, desde la calle Curato, les voy a interpretar una locura de juventud llamada Morir es arduo, pero se consigue. Madeleine, visiblemente emocionada, aplaude y me dice que, desde el día en que conoció esa melodía, algo inexplicable afloró en su sensibilidad.
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9 comentarios:

Anónimo dijo...

¡eres una persona muy sensible!
Salu2 desde Colombia.
Mara

Matona dijo...

Hola Alberto M. Te dejo mi número de teléfono:
91 711 50 12

Alberto M dijo...

está comunicando

Anónimo dijo...

Llama luego. Es que estoy hablando con mi psiquiatra

Matona dijo...

Por cierto soy Matona. k no había firmado

Alberto M dijo...

me parece que acabo de hablar con tu madre ¿También se llama Matona, no?

Madre dijo...

Matona está ocupada dando de comer a las ratas. Luego la digo que quedéis

Anónimo dijo...

Hola, soy Mara, de Colombia. Alberto, sinceramente, me parto con tus tragedias.

Mara.

Anónimo dijo...

yo también!