domingo

Speak Low (alternative take)


Desperté de mi inconsciencia cuando fui tirado del banco de la plaza. Caí de morros sobre mi propio meado, levanté la cabeza y vi que había unos jovencitos insultándome. Uno de ellos tenía un palo. Les dije que lo sentía mientras caminaba hacia atrás con manos y piernas. Una chica que les acompañaba me empujó un brazo y volví a caer, esta vez de costado. Vi un vaso de plástico derramado al lado mío. No me dio tiempo a saber qué podría hacer con él. Los jóvenes insultaban muy alto. Yo volví a decirles que lo sentía. Uno dijo, eso lo recuerdo bien: ¿Tienes madre? Y repitió la pregunta hasta no poder yo estar seguro si no la repetía yo al mismo tiempo. Dije lo siento de nuevo y, creo, les debí dar pena o algo porque dejaron de atenderme. Me levanté y caminé dando por sabido que conocía el lugar en donde me encontraba.
Busqué un pañuelo para limpiarme sangre del labio y di con un kleenex arrugado en mi bolsillo. Me lo pasé por todas las zonas donde sentía algo intentando que se quedaran en el papel, pero la sensación que me creó fue, simple, la de estar guarro.

Sólo había ido dos veces a una ciudad o un pueblo desde entonces y ya me habían entrado ganas de beber colonia, pero estaba lejos de un paisaje parecido a un hogar, era de noche y pensé en una boca de metro cualquiera o en un autobús.
Había vivido una feliz infancia. Eso era todo.
También tuve una familia. Siempre que había podido me había dedicado a escribir y a leer, a ir y venir. Eso hacía en los sitios donde me creía más o menos una persona.
A mi izquierda tres mendigos estaban frotándose. Ella estaba abierta y riendo. Eso era dios. Sí, dios era una boca abierta de mujer con cuatro dientes, un cartón en una mano y dos pollas peludas. Si me cayese otra vez al suelo, pensé en aquel momento, eso sería lo que recogería mi cuerpo. Entonces, quién sabe por qué, seguí andando.

La amistad es una película de Almodóvar. De joven me había gustado tanto el cine. Había visto las de Resnais y eso hasta Terminator 2. Me gustaba ir al cine. Algunos días iba solo o de la mano de alguna ociosa.
Uno de AA había dicho que su problema era no sujetar la silla que le unía a AA. Yo no sabía qué era una silla. En ese momento hubiese querido estar en AA. Recordaba el comedor de mi hospital psiquiátrico como si fuese la inauguración de un gran evento que luego no fue posible. Sí, porque lo de la infancia estuvo bien.

Andaba las calles y eso y buscar una boca de metro era todo. Me vi reflejado en un cristal. Yo estaba bien. Sonreí. Había sido bueno ir y venir, todo para coscarse de que uno que hubiese capaz de morder su corazón hasta dejarse desangrar representaba el bien.
Desde luego que no es tan buen plato de gusto dejarse morir si uno es joven y el amor un monstruo, pero habría que esforzarse en algo y al tiempo, como dijo mi abuela, mientras uno va y viene no faltan tontos en el camino.

Al ver el nombre de la boca de metro recordé una dirección y estaba seguro de cómo llegar. Allí me atendieron, por esta vez. Fueron buenos, amables. Quizá me molestó un poco que me salpicasen con agua bendita y pusieran en lo alto de mi cabeza un crucifijo asqueroso pero, salvando esos dos pequeños detalles, me dejaron descansar. Yo recordaba el padrenuestro bien. Comprendieron por ello que tan ajeno no les era. Ya digo, incluso al levantarme, alguien me dio sopa caliente. Luego les hice unos cuantos recados y conseguí suelto hasta mi casa.
No ha sido tan difícil. Sabemos que a día de hoy un quejido es más o menos un gift en la red, como el sol y todo eso.
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4 comentarios:

Bellaluna dijo...

Yo ya no tengo alma, ni sentimientos; sólo un código xml embebido en el cuerpo.

Alberto M dijo...

Bella, tú eres la ostia

panterablanca dijo...

Vida dura la del vagabundo. Me ha gustado mucho.
Te invito a conocer mi nuevo blog:
pantera-detrasdelasolas.blogspot.com
Besos salvajes.

Alberto M dijo...

un besote, Pantera. Será estupendo visitarte.