lunes

Nicho. Diario preparatorio de Silvinho 1


El discurso probable para la terapia de grupo (dia 1)

Hola señores, mi nombre es Silvinho. Un día un zumbado me dio una patada en la cabeza y desde entonces bebo y escribo genialidades en internet.
Verán, yo mi problema es que soy un idiota, casi como cualquier hijo de vecino que no lo sea.
Me jodieron con cámaras ocultas. Yo les gustaba a unos, vayan a saber por qué, y me jodieron.
En realidad bebo para parecerme a un ángel que me daba clases en una escuela de Madrid, de esas de literatura para niñatos con abuelas. Él me enseñó que la vida no es un camino de rosas. Le estoy tan agradecido que me debe el dinero que mañana tendré para comer y, como hoy ya me ha empezado a sonar el estómago, cada vez que lo hace me acuerdo de todo lo que me enseñó y me felicito por haber sido un mocoso elegido por él para, por ejemplo, animarme a tener un blog que se llama Las pulgas del tío jamonero.
Verán, yo creo que quedaría muy feo que viniese aquí y, echándoles un vistazo, dijera que yo no soy insano. De hecho me han abierto la cabeza un día unos científicos y dijeron al FBI que el hijoputa ese negro de Obama debería de ganar las elecciones.
No me malinterpreten, yo amo a Obama. Más que a mí mismo. El de aquí sin embargo me parece una sonrisa sostenida por una tela de araña fabricada por una de sus dos hijitas, a quienes también amo. En serio, casi más que a los hermanos jevis de la Gran Vía. En fin, no es que yo haya venido acá a hablar de política. Yo no entiendo. Mírenme.
Yo rompo los espejos de un puto suspiro chico. He estado de fiesta y han querido pegarme. Me han zurrado y no digo que no lo merezca. Siempre he sido un poco pijo y, lamentablemente, tengo una boca y oigo a los extraterrestres a través de mis oídos internos.
Yo bebo porque me duele la picha a menudo y no sé rascarme. Lo siento. Mis amos siempre han sido gente muy salá. Yo nací sin ego o, por lo menos, este vivía en Japón y se convirtió en la distancia que había de aquí a allí.

En serio, he intentado escribir una carta para vencer el miedo que les tengo a ustedes, el miedo que le tengo a, no sé, el dios ese, el que hace chistes por la tele, el... antes me gustaba Eddie Murphy. Lo siento, no suelo entender los chistes aunque seguro que se van a reír mucho ustedes conmigo. En cuanto coja confianza empezaré a llamarles guapetones.
Hoy no les conozco, quiero decir, aún, porque ya veo que esta carta sólo forma parte de mis tonterías para calmarme. Mientras les escribo me tiemblan las manos mientras cuento 30 gotas de haloperidol. Si echase más no me daría la mente para ordenar las comas, por mucho que en este escrito, se suponga que estoy hablando en lugar de escribiendo.
Sólo intento calmarme. Se me fue la mano como a cualquier otro tío y a mí me odia la desinformación y la inteligencia a partes iguales. Me deben dinero. Es el dinero de mi familia. Me deben respeto. Entiéndanme, entiendo por eso un nicho.
Estoy cansado de mí y por eso vengo a callarme y escuchar. Sabré hacerlo. Lo he hecho más veces de lo que parece.
Y me mola.
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2 comentarios:

Anónimo dijo...

lo que yo queria, gracias

Alberto M dijo...

temor de que resulte que, en final, todos seamos igual de buenos.
De nada