miércoles

La vida rosa de la semejante criatura


Un homenaje a Líneas Albiés

Ella era dios y yo le preguntaba al cielo ¿Cuándo va a parar de llover? Cada corazón es un insecto con voz de vaca. Al lado nuestro las tiendas vendían zumo. El cielo es eso. Muchos chococrispis y mierda de esa al lado de un tipo pesando un pollo. Y zumo, ya digo.
Los amigos son alguien que te dice que te da un premio de esos de lite a cambio de un setenta. Yo era un idiota de esos que decían no a todo o que tenían que pensarlo, así que no es que se pueda decir que sea literato, pero escribo siempre lo que me da la gana y desde casi cualquier mente. Tuve amores, como ocho o nueve. Eran seres extraños, de esos que mastican muelas todo el rato para saber que viven en la boca adecuada.

La gente es imposible de amar en el cielo. Ella es la rehostia. Tiene tantos nombres que nombrar el suyo sería una injusticia para todos y para ella más. (Yo soy casi majete, pero he vivido con sapos y, a veces, hasta he sido señalado por el capitán de un barco en ruinas.)

Una vez me senté en un bar con clientes habituales de esos que están bebiendo sol y sombra y haciendo chistes, reconocí al tipo que les hacía los recados a cambio de una cerveza. Tú tampoco tendrías que haber mirado mucho. El dueño del bar necesitaba una bombilla.
A lo que voy es que el cielo es una bombilla de esas. Debo de estar loco. Cuando volvió del recado le dije al tipo de los recados: hola, señor. Me miró, yo le miré y luego seguí bebiendo y a él le dieron su cerveza y ya está. Parece que has ligado, Juanito, dijo uno. El dueño se disculpó conmigo. Yo dije: me he confundido, el error ha sido mío. Me dijo, de señor, que si quería otro whisky que invitaba la casa. Lo rechacé. Dije: Muchas gracias.
Los seres humanos dejan de serlo cuando aprenden a decir Muchas gracias.

He fabricado una taza con la cara de Faulkner. Siempre que he de celebrar algo me bebo un Passport en ella. No es que haya mucho que celebrar, la verdad, pero al fin y al cabo estoy aquí, como tú y todo eso.
Los últimos amores que he conocido en el cielo son de una generosidad que asusta. Internet ha abierto las puertas a asquerosa gente como yo que vive rodeada de piedras en la conchinchina y que sólo ha sabido crecer leyendo a autores rusos bajo la sombra de un árbol flaco.
De Faulkner, un ruso más entre los norteamericanos de antes, sólo he leído Mientras agonizo, aunque dos veces. Me gustaba el título.

A lo que voy es que, no sé, ojalá estuvieras hoy conmigo. Ayer se me rompió una de Passport. Carlos ha vivido en México. Yo, de los otros pulsos soy muy malo, pero en el pulso mejicano siempre me he creído que era hasta alguien que podía ir de farol. Aunque Carlos me tiró a la segunda, el cabrón. Y la botella de Passport se rompió y volví a mi casa oliendo a whisky (9,95 €). Joder, a veces la puta vida es así. Todo tu puto mañana se queda impregnado en un asfalto, ya te digo, una mancha.
Carlos me dio una botella con un cuarto de Ballantines. Vuelvo a perder el poco atractivo, vuelvo a hincharme, mi cara parece un cráneo antiguo, los amores no están y, joder, tú tampoco.
Te quiero, abuela.
.

4 comentarios:

Bellaluna dijo...

Cuando alguien es así, ella, es porque es bílic@ (en el peor sentido de esa palabra; porque la biblia es libro y palabras complejas).

Beso!

L.

Alberto M dijo...

me alegra mucho tu mensaje, Bella, pero no sé entenderlo bien por más que lo leo.
Perdóname y un beso enorme para ti.
Muchas gracias por leerme.

Bellaluna dijo...

Leo: "ella era dios... ella la rehostia... ella con tantos nombres...". No se quién es ella, pero leyéndola se hace bíblica y compleja. Me astrago de ella y se espina. Como la biblia, libro de libros. El de los judíos. El nuevo -irreverentemente- puta mierda.

Gracias a tí y beso

L.

Alberto M dijo...

Luna, sólo se trata de mi intento de amor hacia un recuerdo. ESo, posiblemente, sea bíblico, es cierto. Pero no había caído.
En el último tuyo la imagen de la sangre me paralizó. Cubrió de vino el resto del rosa e imaginé el amor dentro de un erizo.

Un beso!