miércoles

Textes pour rien

(hoy le robo foto a mi amiga y compañera de periodismos en HK, María)

El cerdo primordial de mi alma, si se enterara de que vive en un gusano, capaz sería de graznarle a mi rota cabeza de dichoso.
Como no tenía dinero dije que pagaría en cuanto me fuera posible.
Siempre que comió la hostia lo hizo sin decir: Y con tu espíritu.
En los morros del buen cerdo crece una hormiguita. Es un bien al que se aspira cuando no se puede cambiar el canal de radio o su puta madre y soy demasiado amigo de (...) para ser su (...). Ya no sería negocio. Si no hay palabra para expresar horror entonces ¿qué boca inocente? Siempre creo que Nicolás, mi primo, el más pequeño, que jugaba conmigo, me cuida desde algún sitio. Lo creo sólo porque murió muy joven. No le fue, creo, y su cabeza se cegó rápido. El casco se salió.
Hoy todo es un amor (siempre sucio, claro: es un Yo) picoteando alguna oreja y, antes, friéndola. Pero sí creo que, aunque no me aprecie ni nada así, mi primo me ayuda o algo.
Las cocinas pueden ser enormes. Alguien elocuente hacia su moraleta se acordaría, como mínimo, de encontrar ratas, cogerlas y echarlas a algún sitio cualquiera que contuviese desperdicios.
Yo soy muy fan del queso. También me gusta el vino (el vino es a la música y el queso a los libros creo, por ejemplo), y preferiría que permaneciese ante el queso, el vino, pero se me da guay el queso. Yo entiendo de queso. Tapo bocas con el queso. El que me atiende se acojona porque sabe que no reacciono ante su: usted tiene buen gusto. Para nada. Le monto dos ostias ¿sabes?
He visto gente muy solemne en los súper.
Yo tengo Eroski y Día. De donde yo vivo hay más variedad y, por lo tanto, más gilipollez en el Día. Por eso, a veces, es un buen plan elegir uno de ambos para salir de casa. Suelo salir con de 15 a 30 €.
El cerdo primordial sólo sabe escribir en el blog pero siempre que teclee otro... Al cerdo lo que le va es la panceta refritita.
De conocer tanto gilipollas suelto sólo aspiro a estar muy enfadado con mi cerdo primordial. Es por, caso de no poder esconderlo, hacer que parezca de lo más vegetariano.

Tengo una especie de amigo inevitable que vomitó un corazón a los fríos -es un suponer- pies de una chiquita del colegio y siguió viviendo como si tal cosa, aunque muy insultado y multiplicados los desprecios hacia su posible persona. Esto pasa. Yo con él porque no tengo otra y porque es una maravillosa excusa de permitirme no hablar, de no dejar que hable un espantoso rinoceronte.
Le conocí de pintar y la escritura. Da igual. Si se muere sólo me acordaré como minuto y medio. Un cigarro, eso le voy a dedicar. Me gustaría encenderlo ahora. Ayer y antier es mentira todo. No supe. Sí, la verdad es que sí, vamos, le diría si estuviese aquí ahora. Pero no me quiere.
Le comprendo tanto.

Presumí ante él y otra vez ante otro de haberle, quién sabe para qué, rescatado de un hechizo. Hoy su realidad es pisar despacio el mismo mapa que le condujo a aquella patología procurando evitar siempre antiguas minas.

No me pregunten por nombres, por favor. No recuerdo absolutamente nada más.

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2 comentarios:

Jose dijo...

Los barcos chicos, cuando hacen aguas, se achican... y así sabemos que el lenguaje siempre traiciona.
Sigue dándole perlas y margaritas al cerdo, queso, ofrécele diagramas, pero también esas concisas hormigas. Creo que es una receta infalible contra el empacho. Dile que todo lo que es, es, como dice Parménides y corroboran los murcianos, que son todos unos presocráticos. ¡Ah!... y déjale pasear contigo de vez en cuando. Algún día buscará otra dehesa que no sea tu alma, y cuando ocurra lo festejaremos con jamón, sólo por la ironía.
Un saludo un día después.

Alberto M dijo...

saludo un día antes, Jose. Por suerte mañana de este amanecido será com`pletamente diferente.
Abrazos