lunes

Textes pour rien 2


Escena uno: Cualquier día de Pez cabra.

Al lado suyo había un animal ciego buscando una mano que no existía. Reconoció a un hombre en un cartero. El silencio del autobús para excursionistas era cada vez menos maleable. Sólo había gente conocida. Todo daba asco porque la vomitona general era fruto seguramente de una traquea que ya no podía oír. Dijo en alto que las farolas eran una mezcla de chatarra y el amigo que se apoyaba en ellas. Lloró un tiburón que le quiso comer antes de ahogarse. Y luego se fue a acostar como si nada.


Escena dos: Cualquier miércoles de Hurón macizo.

Mi mujer vino y me dijo que estaba saliendo con un chico cachas, ese con el que a veces coincidía al sacar el perro. ¿Qué perro? Dije. Fue de un efecto sonoro que nos estuvimos riendo todo el camino. Cuando paramos nos dijimos hasta luego y entré en mi casa y me pregunté dónde se habría metido mi familia de sapos y ranas.


Escena tres: Una noche impresionante de Viernes bueno.

Me estaba riendo de no me acuerdo cómo molaba y se me ocurrió después de comer bien que iría a la discoteca de mi pueblo donde están siempre bebiendo mierda con basura. Me dijeron: Tú ¿Qué pasa? ¿Eres legal o es que no entiendes que es mía? Yo reía y reía. Pedí otra de mierda. Vino ella y dijo que se debía de creer gracioso o no sé qué y yo ríe que te ríe por los suelos. Luego vinieron los amigos de la pareja y le preguntaron si quería que me eliminaran. No podía de la risa. Les dije: Perdón, es que yo soy así. De verdad que no es nada personal. Uno de ellos dijo ¿Tú crees que somos idiotas? Y yo, pataleando de nuevo por el suelo, riéndome sin poder respirar. Dije perdonad, no me peguéis. Es que no me llega para todos pero os invito a una cerveza o algo y me puse a reír y reír sin poder parar barriendo con la espalda el suelo de la entera discoteca. Este está fatal dijo uno. Sí, dijo otro. Fue decir eso y conseguí levantarme. Les pedí perdón con toda la seriedad que supe. Él me dijo que bien estaba pero que no volviese a mirar a su chica. Yo sonreí un poco. Y luego me estuve riendo. Se alejaron y carcajeé y carcajeé. Un guardia me llamó la atención, me dijo que si había bebido lo suficiente. Le dije que no bebía. Le enseñé mi carné. Se fue y seguí riendo. A lo lejos vi cómo le decía a otro guardia y me señalaban. Guardé la compostura. Después me tomé una mierda de algo, pagué y me fui. Adiós, majete. Dijeron los guardias cachas. Esto fue el viernes pasado. Al salir oí el pío de los pájaros. Todo, en verdad, es tan tierno. Llegué a casa y miré si alguien me había puesto algo en el blog. Durante el fin de semana no salí porque me daba tanta vergüenza de que los pobres pájaros o quien fuera pudiese tener una miga de razón.


Fin.
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2 comentarios:

Jose dijo...

Un garrote es una razón de madera, dice un Sófocles envejecido y contrahecho, es decir un Sófocles lúcido y cabal. Me da que una razón endurecida da la sensación de ser zafia, cateta y soez. Como una certeza histérica que prescinde de argumentos. O un zote con una arroba de ellos.
Pero Sófocles se ríe, lo oigo.
Él adivinó mis sandeces hace 25 siglos, las mismas que pudo escuchar de un joven que ya nadie recuerda, uhm... (¿cómo se llamaba?)
Nos advierte que la verdad es eso que sirve para apoyarse al caminar, aunque más allá de cualquier trajín derrotado, pueda desenvolverse con destreza en un banquete como el de Platón -donde por cierto no fue invitado-.
Con la verdad se llega lejos, si es lo bastante sólida y útil. ¿Lo he comprendido, Sófoi?

La eternidad calla.


El planeta sigue girando.




Y yo le oigo reir, como hoy te estuve escuchando a ti.

...

Alberto M dijo...

Don José,
estás consiguiendo que tus comentarios se conviertan en una mejor seña de identidad de lo que este blog suponía en la historia de España.
Cuando te conteste con una respuesta que haga más claras estas tentativas de existencia, entonces, seguramente, ya uno de ambos se habrá ido de cañas.
Te debo la siguiente cuando quieras y te veo mañana.
Si no fuera por algunos ratos... y por algunas lucideces. Y locuras, qué menos.