lunes

Toda la arena del denso Tajo


(dibu: Juan Soto Ivars, dueña del dibu: Desirée Rubio de Marzo; bardos modernos, desapegados, bizarros, drogotas, etcéteras,
Thanks a ambos)

En los días en que el cielo es clemente, bajo a una terraza con los ensayos de Montaigne bajo el brazo. Me siento, llamo la atención del camarero y pido una bebida. Veo los árboles y esas cosas, los niños juegan y las madres, que podrían ser nietas mías, charlan entre ellas. Todo puede seguir ese rumbo y nada pasaría pero, en cuanto noto que un pájaro cualquiera me plagia la vida, abro al azar el libro de Chuang-Tzu, que lo sabe todo y, cuando me encuentro con lo que está pasando, entonces creo que ha merecido la pena salir de la cama y eso y que, sea cual sea la bebida, sabe a gloria, ángeles y amor.
Siempre que vuelvo a casa calculo el promedio de mis pasos fumando un número de cigarros Lucky Strike determinado, aunque a veces se me va la mentolina y sólo sé pensar en hormigas. Me gustan las hormigas en general. Soy así. No puedo evitarlo. Cuando tenía 12 años miré a una niña pálida y, desde entonces, siempre que quiero acordarme de cuán ciego me sentí, termino imaginando hormigas. Las hormigas son unos bichos llenos de humanidad. Lo dijo Fidel Castro. Me acuerdo de todo eso mientras camino y saludo al primo del novio de la chica que estaba el otro día con no me acuerdo qué ruina de persona casi humana.
Cuando por fin llego a casa dejo el libro de sir Thomas Browne en su estante, me siento en mi silla de plástico duro y miro el reloj de pared que me compró mi madre. Caso de reparar en que aún llevo el abrigo puesto o la camisa entonces imagino una temperatura u otra. Soy feliz con mis escasos hobbies y, además, siempre puedo recurrir al libro de Horacio. Siempre y cuando, bien es cierto, no esté sonando el maldito teléfono. Siempre es una señora que se llama Margarita, absolutamente siempre. Es de una cosa sobre un estudio y me pregunta, siempre, si compro la comida cerca de mi casa o no y si voy en coche o en transporte público o andando o cómo. Es horrible. Un horror hasta que cuelgo. Margarita es lo peor que existe en una vida decente, alejada del ruido de los gamberros y de los taladros. Menos mal que tengo ayuda para todo lo que necesito. Si no, me quitaría la vida. He pensado en la farola que hay al final de la calle sobre las siete y media para que, con suerte, me vean los niños que van a la parada de autobuses del colegio. Es tan horrible esto que acabo de poner, lo borro, lo borro. Necesito fumar.
Una vez, al menos, había una chica pálida. En sus hombros se posaba un bicho que era Dios y con el que se podía hablar de cualquier cosa. Siempre que estoy sentado mirando el reloj de pared que me regaló mamá me acuerdo de eso y, siempre entonces, espero que suene el teléfono. Mientras espero, fumo sin parar tabaco Pueblo. Los lío por la mañana con la máquina, uno tras otro y, luego, cuando el cuerpo lo dice, entonces abro la cajita y los fumo, siempre uno detrás de otro y de otro. Es un no parar, hasta que se acaban y, como después ya no sé qué hacer, entonces me hace gracia la idea de que mañana vaya a ser otro día. Me río tanto, tanto, que tengo miedo de despertar a los libros. Pero luego me sereno y ya está. Si el cielo es clemente y la paciencia está despierta, mañana, entonces, desde luego y siempre, será genial.
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10 comentarios:

Anónimo dijo...

Coño! ¿Y dónde has metido la opción "me gusta"???? ;-)
Besitos, Alber.

Alberto M dijo...

la estoy buscando, no creas. Beso.
Lour?

Desirée dijo...

inmenso. inmenso como el jardín. heme aquí, desde ahora, habitualmente.

Alberto M dijo...

inmenso como el jardín? qué miedo, Desirée.
Otro bico.

MALU dijo...

hormigas pálidas
recuerdos a Margarita
besos
Malu

Alberto M dijo...

en cuanto llame se los doy, Malu, de tu parte.

Sirena Varada dijo...

Genial y además bonito, criatura.

También a mí me hace gracia la idea de que mañana vaya a ser otro día... ¡Vaya, parece que sé lo que digo!

Besos

Alberto M dijo...

ya ves que si lo parece!

Besos y gracias, locuela.

Alberto M dijo...

Pero... ¿bonito?

Jose dijo...

El dibujo es horriblemente bello, y lamentablemente excelente.
El texto, sí, también me parece... bonito; lo digo por picarte.
Por cierto, Fidel Castro padece abscesos de romanticismo, y a veces de humanidad. ¿Se lo agradecemos a las hormigas?
Sigo esperando a Ernesto, o es que no entiendo nada.
Un saludo, otra vez.