miércoles

La moral, por Ernesto Zubiaga

Concurso rural de relato mágico La Calera.

Ganador: Jorge Carrasco, de 9 años.
Premio: Dos sandías, cuatro lomos y una docena de tomates de un kilo.

“Mi mejor amigo tiene un moratón de plata y, dentro, una escalera que da a un sótano quemado. Tiene ruinas en sus ojos de sacapuntas y un gorrión durmiendo en su melondro derecho y una vaquita saludando en las fotos donde sale con un jersey en el que pone que Las Vegas mola. Es un subnormal muy profundo y siempre que no le estoy mirando se hace el dormido.
Mi mejor amigo tiene los ojos de un avión de noche, es un desastre y sus pies parecen una esponja comida por un subnormal.
Mi mejor amigo tiene un terrón de azúcar sujetándole las muelas y vive en un palacio, pero de esos otros que no tienen relojes ni torres. Y hay un chucho, pero es flaco y tonto y parece una nutria de la televisión cuando se tumba.
La casa es sabido que es un sitio abominable y en la habitación de mi mejor amigo siempre están peleando las abejas y al final caen muertas en su cama, que parece una tarta mal hecha.
Hay una colmena en el corazón de los locos que he conocido, como tío Ramón o tita Márgara, por eso los burros y mi mejor amigo se les acercan moviendo el rabo.”


Entrevisto a Jorge Carrasco, que acaba de ganar el 1er premio.

- Hola Jorge.
- ¿Y tú quién eres, hijo de la chingana?
- Mi padre era de este pueblo y he sido uno de los que han elegido que tu cuento sea el ganador.
- Me toca las zurraspas ¿Ya me puedo ir a jugar al fútbol?
- No, porque te tengo que sacar en el blog de LSC para que España lo vea.
- ¿Qué es España?
- No lo sé.
- ¿Entonces? Vaya mierda.
- Dime hijo, en qué te has inspirado para escribir el cuento.
- En mi padre y además me lo escribió él, pero yo no soy tu hijo a no ser que me invites a una fanta de naranja.
- Sí, ven que las tengo en el frigorífico de aquí detrás.

Me aseguré de que no había nadie y lo torcí el cuello hasta que cayó al suelo como una piltrafa. Hoy no puedo dormir. Tengo pesadillas. No tenía que haberle torcido el cuello, pero es que soy poeta y humillado. Me pego fuerte con un látigo y sufro. Eso es, sufro.
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7 comentarios:

Alberto M dijo...

Ernesto, majo, no me vuelvas a enviar más textos, por favor

xrisstinah dijo...

Anda queeeeeee
¡qué poema tan melondro!
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...¿concurso valsecar de relato malo?... jjajajajajajjajjaaa

Anónimo dijo...

Viva Ernesto Zubiagaaaa!! Vivaaa!! Queremos más entradas de Ernesto Zubiaga e incluso que escriba en La semejante criatura y no Alberto M. Viva Ernesto Zubiaga, el asesino poeta!!

Anónimo dijo...

¿Mucho tiempo libre?

Salud,

comebombas dijo...

Son ustedes un coñazo. Me voy a un concierto de Joaquín Sabina!

Jose dijo...

Ernesto Zubiaga es un poco bajito para mi gusto, y no conoce la diferencia -por otro lado, muy difícil- entre chascar el látigo, los dedos, o la lengua. Es por eso que es poeta, me parece. De los poetas que se hacen a sí mismos. Le pediría que tuviera un poco más de paciencia para el próximo concurso, y que unificara las teorías del chasquido de Joey & Chedler. Me parece recordar que Joey pronunciaba "ssh-chkisss", y Chedler "wuo-paaa"... Para el caso, es crucial averiguarlo. Le permitiría hasta la soledad, si la necesita, pero que traiga la respuesta exacta, y que sea excelente. Mejor si además es cierta, claro.
Hoy le perdono las pesadillas, porque el relato era realmente bueno, y de donde vengo la bondad tampoco se tolera. Digamos que le entiendo. Pero más paciencia sí, y como me enseño alguien, añadiré aún más: por favor.
Y a Ud., Alberto, un abrazo y un jugo... de palabras.

Alberto M dijo...

Mi respuesta se ha quedado en el siguiente, Jose. No es coja de cerebro, aunque puede sí serlo de demonio.
Un abrazo!