jueves

¿Dónde estás, profesor Neyra?, por Pepita Velasco.


James A. Mirrlees, -Nobel de economía , 1996-, es un hombre cansado de los teléfonos.
El teléfono, es sabido, siempre ha sido un aparato que, bien exceptuando al maestro Gila, se nos ha dado regular a los españoles. Antaño se amenazaba en este barrio, al poco de haber llegado del pueblo, con llamar a “mi abogado” y más tarde -cuestión de elevar vértigo sobre amenaza- algunas decidimos sustituirle por “nuestro constructor”. Hoy directamente llamamos a Oxford a ver si está el bueno de James para hablar el lenguaje universal de los números en inglés. A James en cambio, desde que le fue otorgado el Nobel, lo que le mola es estar en su granja escocesa cerca de su familia y sus vacas (es lo que tiene un reconocimiento así, claro, que, de repente, o bien abres un chiringo diario o tan a gusto centrado en ver crecer las coliflores de tu finca), pero algunas insistimos con el teléfono, lo cuál está bastante feo. Y es que en Oxford siempre han estado muy ocupados (parece eso el Palacio Real -véase a don Juan Carlos en la miniserie “23-F”-). Y, de tanta llamada, Mony Penny está hasta las narices y lo descuelga.
Pero Mirrlees (un 70% de deuda pública es bastante) ha venido a la Complutense a decirles a los españoles qué pasa con lo del euro, el hoy y el paro, mientras el mismo día, en el congreso se cantaba aquello de que dentro de cada uno hay un bien y hay un mal... Y hay que ver cómo ha rajado Mirrlees, carayo, con qué clase y buen vestir se ha dirigido a las pocas abuelonas que nos hemos acercado -metro: Ciudad Universitaria- a escuchar las palabras de nuestro gentilhombre británico. Y, claro, no nos hemos enterado de nada.
(Eso sí ¿Dónde habrá comprado esa colonia?)

Lo de vivir en deseo es lo que tiene, por mucho que algunas aún nos acordemos de la percha del primo que tenía mano en Abastos. Y eso está muy mal, como dice Zapatero. Pero que muy mal.
Necesitamos un nuevo profesor Neyra ya, porque esto se está yendo a pique.

Vecinos de Valseca: La pensión, tomates lunes, remolacha martes y un día en el Zara. La profesora que no venga ya los viernes. Albertucho, mi ahijado, se presenta a lo de la alcaldía. A mí también me duele vivir así etc...

Mirrlees (contra las tasas sobre transacciones) sonríe sólo del lado en que su mirada ve un incendio. El ojo contrario, en cambio, es un mar en calma donde no existe la Tierra. Y mi Jaime espulga los garbanzos, pensando en pesetas.
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