miércoles

Estimado amigo, Dr. Becerril Marcos

Hoy he estado guardando cola, cumplido el horario de desayuno, en la puerta de su despacho para agradecerle en persona que me hiciera llegar, a través de Dora, los ejemplares que sugerí en recepción, ya que considero fundamentales estas tesis para ordenar la mía y cumplir con ello de la mejor manera que sepa la obligación que me propuse desde que fui trasladado a este edificio y a la que usted, superados los primeros (así como pequeños) malentendidos, ha tenido la generosidad de mostrar su colaboración y apoyo.

Permítame proceder a informarle de algunos datos de posible interés acerca de mis avances:
En primer lugar mi ánimo se ha visto mejorado por la práctica del ayuno. Le aseguro que el primer sorprendido de que esta técnica haya funcionado en este sentido he sido yo, reconozco haberme equivocado rechazando en un primer momento la propuesta y, por favor, tenga en cuenta que mi rectificación no poco le debe a las conversaciones -cordiales en todo momento- con Juan, el bedel del turno de tarde (he llegado a realizar algunas anotaciones fechadas respecto a esta y otras situaciones que espero sirvan de testimonio, el cuál estimo completamente necesario integrar a la tesis).

La medicación apenas está alterando mi sobriedad, hecho que en un principio no cotejaba como posible y, aunque de consideración suficiente, los efectos secundarios apenas se acercan a la cota de mis experiencias -le aseguro, notablemente dolorosas- acaecidas durante finales de los años noventa.
Otro de los asuntos a reseñar muy positivamente es la integración de las mancebas. En mi estimación he de reconocerme sobradamente grato a la par que sorprendido por el correctísimo funcionamiento de sus trabajos, si bien le animo a barajar la inclusión de modelos de mozas menos agraciadas. Su distracción mejora mi salubridad así como, al tiempo, me hace descansar mejor; si bien, desde que fue iniciada la continuidad de las tomas, aún no he sido capaz de recobrar un apetito sexual moderado.

Otra cosa de la que quería informarle personalmente atiende a que he desechado apuntarme al régimen de paseos pactados tras el horario de comedor. Se debe, como comprenderá, a que son esas las horas que, he notado, mejor convienen a mi tarea, quedando libre para la partida de dominó a la que he sido apuntado por otros pacientes, permítame, cuya rehabilitación estimo cuando menos dudosa, aunque cuya compañía le informo libre de altercados.
Entiendo su tiempo muy limitado, no obstante espero poder tener ocasión de visitarlo en una siguiente consulta en la que usted tenga menos ajetreo que durante esta mañana. Cuelgo esto aquí con la esperanza que lo lea durante alguno de sus ratos libres y, por favor, haga extensivos los agradecimientos de mi parte que crea oportunos, así como, sin omisión alguna, a toda su plantilla.


Sinceramente suyo,
A.

1 comentario:

Anónimo dijo...

k mierda es esto?