lunes

Como quien besa un labio muerto antes de acostarse.


Hay varias cosas encima de la mesa. He pensado que podría enumerarlas. Voy a ir de cerca a lejos, primero hay un cenicero de agua con colillas, luego un pañuelo de tela blanco arrugado, más allá está mi impresora -un amor quizá algo extraño, pero nada comparable al de otras especies de animales-. A su derecha hay carcasas vacías de cedés y, cerca de ellas, unos trece o quince separados -algunos vueltos- todos, compruebo, señalados por mí con fechas y que, salvando ese dato, no tengo ni idea qué contienen (y menos ganas aún de comprobarlo). Al fondo del todo hay unos libros -bolsillo- apilados. El de arribota es Desgracia, de Coetzee, en la edición con foto de la película -un regalo, seguramente- y que no he leído aún salvo sus primeras cinco páginas. Debajo hay otros libros, todos de los que me trae mi tía del kiosco y, abajo de todos ellos, el escáner, que no estoy seguro de si funciona o no.

Mañana se cumple un mes de mi nuevo inicio a la habitación. Observo algunas fotos -todas ellas suficientemente antiguas- y las uso como una brújula para ver por dónde he de dirigir este nuevo escrito o año o lo que sea.
He empezado bien. He ganado 60 millones de euros a la lotería de El niño y el elevador de serotonina que mi especialista me ha recomendado -Esertia- me aplaca la ansiedad de una manera muy efectiva. Mi apetito por las cucarachas etc se ha esfumado y, salvo quizá alguna pequeña hormiga de la cocina, ya diría que casi puedo presumir de no comer insectos. Apenas bajo al sótano y, si lo hago, es casi básicamente para eliminar la suciedad. Libero a las polillas de los armarios y observo plácidamente cómo desaparecen a través de la ventana. Distingo en su vuelo -torpe- señales típicas del destino como la fecha en la que moriré (en otro de los vuelos interpreté que era asesinado, por error, de un seco balazo, pero no un suicidio de esos, sino un niñato gilipollas que, quizás al igual que su víctima, se había confundido de dirección).
Un día que salí -cobro típico con su consecuente papeleo- me perdí en la ciudad durante un tiempo de aproximadamente doce cigarros extra-largos, resultando en la parada de autobús que, creo, suelo usar para después aparecer en la puerta de mi casa. Al meterme la mano en el bolsillo di con una llave y después, como de costumbre, no supe desde dónde narices escribía esta frase que termina aproximadamente aquí. Como no sabía qué hacer con ella la colgué en el facebook. Me hice socio o como se diga hará un año y me tiene algo enganchado.

Esertia es un planeta típico que contiene los mismos monstruos de siempre, pero todos, como el propio, están a lo suyo, con sus trabajos, titis y eso. He salido ganando. Llevo una vida sana y jamás se me ocurre pensar en Wilhelm Reich cuando como una coliflor. Tampoco escribo, o casi no, es decir, lo mínimo y para otros/as. Tres hormigas al mes es una dieta más que suficiente. Otro día salí a pedir tortitas con nata. Ahora quiero ser como las solteras de mi barrio. Pienso en Chiky, en el café de Chiky y en el día en que se murió de cáncer la señora que me guardaba la tarta de nata y turrón en mis cumpleaños.
Dudo si enumerar más cosas o idear un alejandro para titular este primer post del año. La verdad, no se me ocurre una manera de acabarlo.
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13 comentarios:

Tesa dijo...

Seguramente Esertia es un planeta con gravedad 0.
Tiene pinta.

Alberto M dijo...

Exacto, y al mismo tiempo es una composición para piano roto de John Cage interpretada por el nieto de King Kong. Lo llevo bien porque también te priva de llevarla. Es una adaptación sobre otra. Además ando en casa y mi teclado es negro. Necesito mirar las teclas para escribir y no subo las persianas porque no entra luz suficiente. Pero todo esto es de privilegiado, absolutamente.
Un beso, Tes.

Bellaluna dijo...

Yo también me perdí un día que salí de casa. Fue en la casa que mis padres (cuando eran dos) tenían en Monterrey. Y me perdí, es decir, en realidad lo que perdí fue mi virginidad. Y lo hice sin saberlo, porque tenía menos años de lo que los cánones morales decían que había que tener para el asunto. Y pensaba que lo tenía escrito en la cara. Y ese mismo día comencé a fumar. Temprana edad. Y lo que perdí lo encontró mi prima. También incesto. Un lío. Desarrollaré la idea, creo. No creo en el azar.

Alberto M dijo...

Desarrolla, por favor, desarrolla.
No sé si creo o no en el azar.

campesina dijo...

Y a mi que no se me ocurre un post para comenzar. ¿Cómo reponerme del 51,6 por ciento de personas de mi país que están felices porque el Berlusconi chileno llegó al gobierno? Y si leo Desgracia de Coetze ¿me sentiré mejor?

Me alegra tu vida sana, Albertito, pero tendré que monitorearte más seguido para que no abuses de Esertia, porque te puede hacer mal. No sé, será que hoy todo me parece peligroso. Quiero hacer bromas y no me salen.

¿Cómo sobrevivieron ustedes a Aznar?

besos cariñosos, mándame un poquito de optimismo, por favor...

hombredebarro dijo...

Volver por aquí es como volver a casa, no defrauda usted.

Alberto M dijo...

no, los expresidentes son como exparejas, Campe, no se les sobrevive, quedan ahí como momias de un mundo o país o lo que sea completamente desconocido para el común, ya que sólo les pertenece a ellos.
No puedo evitar ser optimista, pero más allá, en lo real, procuro ir a mis cosas. Miro si tengo suficiente para esperar algo y, si llego tirando hasta que se acaba todo, me estoy lo más quietito posible y lo justo para moverme un rato después, pero sin mucho desgaste ni historias. La democracia es que no la entiendo demasiado salvo en algunas cosas del cole y eso.
Desgracia no lo leí porque me puse con tebeos, pero lo leeré. No sé si funcionará o no. Seguramente sí. De Coetzee me gustaron mucho Infancia y Juventud (que no le terminé no sé por qué). Que sí, que seguro que funciona.
Muchos besos, campesina.

Me alegra verte por aquí Hombre de Barro. Gracias. Procuro no defraudarme pero desde que terminaron las fechas esas, salvo por la tele, no me entero de qué ocurre o si hasta defraudo sin querer en cosa de por ahí. Está estupendo que aparezcas porque también así me recuerdas si te debo alguna visita, y es el caso.
Un abrazo.

Jose dijo...

Un día ya no serán necesarias las mariposas. Sabremos ir solos adonde están las flores, quizá sin brújulas. Alfiletearemos las polillas esas para recordarlas, un poco creo, pero sin paternalismos ni eso, sólo para no olvidar la senda que no te ha de volver a atrapar. Tres aromas más arriba puede distinguirse con claridad una red que pesca tormentas. No hay nada especial en ello cuando lo hace en silencio, sobre todo en invierno, y deja que el Sol te llene los pulmones... Me alegro por tu niño con 60 millones, y estoy dispuesto a vivir con él en ese planeta que dejó de ser Desertia. Te visitaré en tu próximo post, para invitarte a un bienmesabe. Un saludo de quien no dic-E-ser-tía.

Alberto M dijo...

Hola Jose! al fin te veo por aquí.
Na, los 60 millones ya me los he gastado.
Tenía pensado llamarte entre hoy y mañana!

Alicia Murillo dijo...

Qué bien escribes, joío.

Alberto M dijo...

:) gracias, Ali

Bellaluna dijo...

Callado vas, ¿piensas todavía en en final? Yo empezaría otro.

Un beso!

Alberto M dijo...

bueno Lunera, te diré que tampoco se me ocurrió qué aportar a tus últimos escritos (especialmente al de Haití). Haré otro, imagino. Pero es que creo que desde que dejé de beber ando semitonto, aparte de modosito y sonriente, y la pastilla esa es... vamos, que soy casi otro -formalucho-. Pero escribiré, espero, aunque sean principios sólo o finales.
:)
Besote para ti.