lunes

apuntes de lunes para una clase de mitológicas


Pienso, aparte de en una nueva amiga fotógrafa, en Kafka cuando bebo una cocacola, en Vallejo cuando me invitan a una fiesta. Estoy contaminado por el ronroneo de las máquinas y, aunque a veces he sido aplaudido por salao, tampoco es que la literatura y las artes me fascinen llegado el punto de perder la cabeza y dejarla rodar hasta una alcantarilla de festejos editoriales.
El personaje de mi novela ve una deidad espiritual en cada pico de la camisa. Es un hombre niño y sólo es yo cuando le dejo al borde de un precipicio y apago el ordenador pensando que mañana va a ser otro día para él y para mí.
Me viene bien salir. El otro día Marta, en el cumpleaños de Eduardo, me dijo que entraba en el blog. Yo me creía que ya no entraba nadie y que yo había usado una treta que no me creo ni yo de despopularización debido a una serie de inocentes cabronadas, pero sigue aquí, aunque ya casi no hable de Valseca y lo identifique más con países indecentes que conozco debido a las películas.
Permítanme que cambie de tema, he conocido a mucho cabrón. Se les reconoce porque les salen ciempiés de la boca al dar los buenos días.

También el otro día he ido a una boda de un primo mío y me están empezando a crecer las cejas.
Otros días rechazan mis relatos cuando he hecho para que se publiquen si quieren y me den unos euros para hir a putas. Envían emisarios que traen una tuna cantando que no que no y que la Parrala tiene un amante.
En mi familia dicen que lo que escribo es para entendidos, pero yo no estoy de acuerdo. Los entendidos amigos me dicen que mola, aunque coinciden en que más cuando no hago poesías o cosa así, cuando hablo de los Valsecas alucinados y las cosas normales. Pero las cosas normales son una manzana deshaciéndose en la boca mientras, por ejemplo, imagino a un señor que está visualizando una llave con la que abrir mi cerebro para comerlo un lunes cualquiera de una semana que viene. Por eso a veces escribo invenciones, majaderías... es por los que dicen la verdad cuando uno está comiendo una manzana sentado en el parque y viendo a los bichos esos, las tórtolas. Sé que mis amigos y maestros saben esto mucho más que yo, que han enfrentado a Polifemo con un cirio de procesiones de las que van por el dentro y, sobre todo, el fuero de la ley.

Pienso en Marcel Schwob sentado en una estación de trenes mientras abro un paquete de ducados rubio, en la eyaculación de Duchamp llamada Paysage fautif cuando apalabro una cita con un psiquiatra, en busca de droga, naturalmente. Me fascina Nerval porque fue visto paseando a una langosta atada con un lazo por la calle y unos meses después se colgó de una farola.
Mi vida ha sido por un coito como la tuya, le digo al Sr. fontanero, que quiere cobrar un precio discutible por la visita.

Quizá me vaya a Segovia a vivir. Sospecho que seré un buen ordenanza en apenas un mes. El encefalograma plano de los metros es un sitio en el que no se está tan mal pero en Segovia se puede ir andando a cualquier sitio.
El whisky leí que es oro que arde y hay un montón de estrellas en el azúcar de la mantequilla. Por las calles de Segovia aparezco en las fotos que se revelan en Austria y Alemania. Cuando echo la pasta para lavarme los dientes pienso en una chica cualquiera de cualquier salón con mesa sentada pensando en cómo la gustaría ser recordada.

Ya no entro tanto en otros blogs, es mentira lo de que yo sea literato aunque me hayan aplaudido en un par de bares de colegas y mis dibujos de rallao igual. Imagino a menudo los cuerpos de mis amigos desaparecidos descomponiéndose, a mariposas despistadas buscando el comosellame que eran antes...
No sé, hoy sé que es verano y me había propuesto poner algo aquí para quitarme de la novela a la que volveré si no saca una fusta y me raja el fontanero de antes. Poco me importa que las posibilidades de que el personaje descubra un grial de juguete en la siguiente página sean bastantes. La verdad es que Jacobo no me cae del todo mal. Quiero decir: Para lo que es el mundo. Aunque el mundo mola ¿O hay quien no está de acuerdo?


miércoles

verano de 2009


Aquí hay una simetría de coches quietos, un bar con un tejado rojo y unos colegiales corriendo como el granizo. Hay un ruido de máquinas taladradoras cuando ese granizo martillea los cristales, una mosca que dibuja labios en el aire y un niño que ronca. Hay sábados en los que hay la alegría de esta casa. La casa es un montón de casas que están hechas de ladrillo. Hay perros que, cuando pasas, saludan a otro; niños que, al ser verano, juegan a la petanca. Hay cardos al salir a la carretera y, enfrente, un desvío con un planeta en medio.

Hay una fosa de animales y un jardín repleto de aire. En el bar, sobre las cinco y media, un señor con gafas oscuras entra a vender lotería.
Hay un dragón de juguete que pelea con Marte, una sirena que canta todo su repertorio a un espejo roto y una navidad abierta en el centro de una mesa.

El porche es una fachada de calendarios. Las hojas que hay por el suelo son orejas de un asno que mueve la cola con la que se barre el patio y que da coces a lo que entiende.
No pasa nada porque le vuelven a crecer.
Es un asno tranquilo que son los burros que no han hecho daño a nadie. Al lado hay una mecedora y sauces. Hay una fuente de agua inventada llena de retratos de gente que no está y la medalla de un perro dorándose al lado. También se ve una isla en la que siempre es martes y gente llamando por teléfono. Hay un patatal rodeando un vidrio y un espantapájaros haciendo tiempo en una cola. Hay la tarde de un niño secándose en agosto y una piscina con gente ciega haciendo largos.
Es mañana un extraño enjambre que cuelga de la partitura de voces que están saliendo de él.

.

Jacobo G. T.


Mira -he tenido que decirle a Jacobo-, el que persigue su fama da crédito a una cosa que no es él., porque ha pasado en el antes de ahora mismo. Todos tenemos alguna fama o varias, sobre todo, los que somos muy guays. Es la de cuando alguien dice que eres algo. Lo del colegio y esas cosas.
Hoy me he afeitado las cejas y la parte de los lados del pelo, los sobacos y el pechal para ver si era algo distinto. Y también he cogido unos alicates.
Nada de particular salvo que estoy muy sexi.

También he avanzado mi novela, quizá la mejor que hay en Europa sin terminar. No va de contar con los dedos las sílabas de las frases y todas esas cosas que hacen las personas mayores.
Es una novela que no tengo ni idea qué sería si no fuera lo que está siendo sin que yo sepa qué pasará en la página siguiente.

Va de un tío que, al principio, le pasa una cosa y luego otra, luego otra y luego más y así todo el rato, y ha ido siguiendo.
Estoy notando que, de repente, en la página muchas, el personaje -que se llama Jacobo- cada vez tiene menos presencia como promotor de los hechos. Pero él -que se llama Jacobo- también lo está notando y se dice “cuidao”. Porque él tenía algo y ha pasado de ser ese algo a ser una catatonía, pero no tiene más remedio que moverse porque yo sigo escribiendo.

Qué raro, pensaría un ducho como Jacob. Porque él hacía todas las sorpresas del principio, debido a que, al principio, debía de convertirse en un personaje. Y va y lo es, y loco pero, desde la página tantos, se ha quedado a expensas de la locura del resto del mundo, que son una pandilla de niños majaras como los que se juntan a decir cosas cuando la merienda del colegio en lugar de hacer otra cosa como, por ej, merendar.
Y Jacobo, que se ha quedado obcecado, sólo dice la Verdad veraz -que es siempre una, al contrario que lo contrario de la verdad y, por eso, mucho más aburrida-. Y eso le convierte solamente en lo que pase a su alrededor. Como si no contase aunque cuente él la historia, que es una historia de unos hijos de puta.
Como mucho, se pregunta ¿Voy a ser más idiota? Y se dice: No.
Por eso anda. A lo mejor sólo quiere escribir la historia que estoy escribiendo yo. No sé. Creo que eso le haría un poco gilipollas tb.

A mí me era muy raro que yo andase escribiendo esto.
Le he preguntado a Jacobo y me ha dicho que mola, cosa que no me he creído por mucho que él sólo sepa decir una cosa de momento.
A lo mejor tiene algo de tonto.
Porque necio era.

Simplemente lo que pasa a su alrededor están siendo el puñado ese de cerdas hijos de puta que, además, están muy orgullosos y se frotan las manos pensando qué bien voy a quedar de lo que se la estoy metiendo, nena, sin sacarla tan a gusto que me das que uso el engaño y le digo que es listo y quedo de bien, Tobías, y hasta digo en el colegio lo bien que me cae y lo que amo para ser yo jajaja, lloro y jajaja.
En principio Jacobo dice la Verdad veraz porque no tiene un orgullo más capaz del ¿Idiota yo? de antes, y eso sólo significa -lo de la verdad veraz- que su nombre es Jacobo.

Pues esto de lo de la Verdad que dice J. lo estoy usando porque puede ser que él, en su posiblemente muy maligno interior -que aún desconozco-, desee saber hasta dónde son capaces de llegar, no sólo él, sino, sobre todo, todos los demás y que ello le lleve a hacer algo útil como, en lugar de escribir una historia, por ejemplo, raparse casi todo el pelo de su cuerpo y asesinar despacio con unos alicates a todos los hijos de puta y a sus coleguitas y familias.
De momento en ninguno de los dos bandos hay un límite. Por eso continuamos.
Para ver qué pasa. No sé...

Pero sigo queriendo su bienestar y que no pierda mucho la cabeza.
.

domingo

verano de 1981


En la consulta de mi psicoanalista hay un muñeco que dice el futuro junto a una foto de un páncreas. Hay una caseta de perro hecha con cajetillas de medicamentos abiertas y un tambor que se toca para olvidarse de que hay que llamar a la policía. Hay un árbol postrado ante un felpudo en el que pone Welcome y una niña con oro en las cuevas de la nariz que informa de los cambios de temperatura que se producen afuera. Hay una frente metida en cada bolsillo de la bata y un extraterrestre que se llama Abraham sentado en una silla eléctrica.

Mi psicoanalista usa como diván el ataúd donde se echa la siesta. Tiene atados unos hilos que salen del techo en los fines de los labios y, cuando se agacha, sonríe. Se llama Pedro pero todos sus pacientes le llamamos Pedrín.
En la consulta de Pete hay una vaca lechera que padece insomnio y una réplica a escala del planeta Xena, es fácil ver deambular a un hombre de La China que vende flores o a un notario cansado de dar abrazos a la gente.

La mesa a la que le digo que he soñado con una mariposa yéndose tiene un cenicero lleno de cabezas de aves y a una familia pidiendo auxilio al cajón vecino. Hay un trapo con cara de loco que sirve para secarse las lágrimas y un interruptor que se llama Dos personas. Hay gente rezándole a un túnel y una vía de tren con pares de remos atados a cada lado.

La niña de la temperatura dice 26, 28, 12... Las paredes que dan a la consulta han sido barnizadas con sangre de gamusino.
A la puerta un mocito, que es una luciérnaga que ha inventado el mundo, afila un puñal en la espalda. Dice si la cita ha caducado.
Al pasar tienes que cerrar los ojos y aguantar la respiración debido al napalm.

El oficio del hombre es sostener los signos de interrogación en la cabeza del otro. Yo sólo le cuento lo que le contaría sentado en un columpio a una chiquita con el pelo rizado que conocí al sur de Bioko en el verano de 1981.
.