domingo

Mongolia 2028 o 29


El programa de Sánchez Dragó ahora lo presentaba Arturo Valls. Arturo me llamó un día y me dijo que le encantaría comer conmigo. Yo no tenía nada el jueves, así que le pregunté si el jueves le iba bien. Dijo que sí. Quedamos a la salida del metro san Goytisolo II y fuimos a un restaurante típico de los de Andorra. Me encantó conocer a Arturo. Se conservaba muy bien. Le dije que su aspecto no había cambiado desde que trabajaba con el gran Wyoming y me dijo que quería que fuese a su programa para que España me conociese. Perdona por ser tan directo, dijo. Y luego me dijo que probablemente yo era el mejor escritor que existía desde Napoleón. El camarero vino. Arturo se pidió un entrecot y yo dije que también me pusieran uno a mí, pero no muy hecho, con sal, por favor, añadí. Ya verás, dijo Arturo, como aquí el entrecot no le hacen en ningún sitio. Oye, le dije, pues no sé si ir, gracias, pero ¿De qué vais a hablar y eso? Me dijo que a eso iba. Tú serías ideal, dijo, porque creo que es el momento de hablar de... Arturo hizo una pausa y dijo la palabra clave: Mongolia. Mientras, las quinceañeras no paraban de venir a nuestra mesa a hacerse fotos con Arturo y decirle si, por favor, las podía firmar en el sujeta. Vale, dije, yo por Mongolia hago lo que sea. Iré gratis. Y me levanté de la mesa. Arturo me dijo que me esperara, que comiese el entrecot o que, al menos, lo probase. Yo dije: No no, es más, añadí, me toca los huevos el entrecot de los cojones. ¿Cuándo quieres que vaya, el domingo? Pues el domingo estoy allí. Salí y di un paseo por mis lugares queridos de Madrid. La calle Hortaleza ahora se llamaba calle del Hotel Kafka y, todos y cada uno de los edificios, eran aulas del Hotel. Miré a ver si estaba Eduardo para tomar un chato, pero ya no existían más que clones de Eduardo y no había manera de saber quién era el verdadero. A pesar de todo yo miré por las ventanas de los despachos. Miré a ver si estaba, no ya Eduardo, sino la gente que yo conocía. Pero no había nadie, sólo clones. Los verdaderos estaban de vacaciones todos, en Mallorca o por ahí. Me pareció reconocer a Rubén, pero no era él ni tampoco un clonado, sino un wannabee suyo. Los tiempos habían cambiado y todo era desastroso. Yo no sabía por dónde caminaba, cogí el metro en Esperanza Aguirre y me fui a Brunete, que ahora estaba en la línea 10 de alta velocidad. Pasé por donde mi tía Pepa, que tenía, a sus 93 años, montada una cadena de restaurantes y comí un bollo. Luego la vi en el sitio ese que se pone ella y donde todo dios se acerca a besar su mano y la dije que me había contratado Arturo Valls para salir en la televisión.
Menuda bazofia el domingo. A mí Arturo me había dicho que iban a hablar de Mongolia y allí todo el mundo estaba hablando de las declaraciones de Casillas acerca de Nocilla Dream. Eso ya era mezclar las patatas con las ingles. Entonces lo dije cuando me tocó el turno. Rompí a llorar y dije que el mundo ya no existía, que estaba cansado de follar con Malena Gracia y que a mí más me hubiera valido quedarme en Valseca a cuidar marranos, echarme una moza sencilla de Los Huertos o Turégano y un musete los domingos. Yo ya no dormía. Poco después de que mi blog fuera traducido a 1.516 idiomas mi vida ya no era cognoscible (sí, cognoscible dije) . Arturo me dijo que me serenara mientras el Juli no paraba de citar el Tristram Shandy. Yo dije que estuve a punto de conocer la felicidad y que yo era normal y me gustaba una chica del cole y eso, pero que ya no reconocía a nadie, que sólo pensaba en que, a lo mejor, mañana me moriría y así día tras día y repetí: día tras día. Que estaba harto de trabajar para el demonio y que no podía vivir todos los días con un café con leche en la media hora de descanso. Entonces Arturo medió con astucia y dijo que yo había ido allí para hablar de Mongolia. Me dijo ¿Verdad, Emilio? Dije que sí ¿Pero qué coño podía decir yo sobre Mongolia? ¿Qué podía decir? Y me callé. Menos mal que estaba allí Blanco. Blanco me salvó del apuro. Enseguida él habló de Mongolia. Se lo sabía todo de Mongolia, Blanco. Al terminar el programa, mientras sonaba la canción Todo está en los libros, yo di un beso en la frente al anciano Blanco. Le dije: gracias Blanco. Dijo: Nada chaval, para eso estamos. Dije que si alguien me acercaba adonde mis padres y Arturo me miró, sonrió y me tendió un bono con cuatro viajes. Al principio me creí que era un tripi de esos. El 2015 fue un mal año, pero hoy. Hoy todo era insoportablemente.
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9 comentarios:

Alicia Murillo dijo...

Tengo dos preguntas:

1.¿Cuándo escribes estas cosas, lloras o ríes (digo por dentro)? Y no vale decir que las dos.
2.¿Por qué se ha cabreado tu madre?

Espero tus respuestas soñolientas de siesta y surrealismo dominical.

Alberto M dijo...

No Ali. Es que me he levantado a las seis hoy. Estaba fatal ayer y me he puesto a escribir de mañana influido por los últimos libros de Manuel Vilas, que son muy buenos y divertidísimos. No pienso nada, sólo procuro que sea realista y que salga una historieta, buena o malísima. Luego, si me rallo, es porque lo he leído de más y, aunque haya cachondeo y a lo mejor tristeza, pienso cosas como si se enfadarán los de Valseca o, en este, los del Hotel Kafka. Esas cosas de rallao que son las que llevo fatal. Por eso luego paso, porque por lo menos que me divierta si escribo o leo. Si no, me pongo una peli del francés ese que no entiendo nada, el Eric Rohmer ese, y ya está, poco más o menos.
Y mi madre nada, es porque ve que salen palabrotas y tripis y eso. :)
Un beso grandote.
(Soy yo, que no me sale el muñeco -ahora paso por tu blog-)

Alberto M dijo...

ayer fatal, Ali. Si se enfada la peña, que se enfade. Pero to dios. Ya me da igual. Yo sigo haciendo las mismas cosas.
Un beso, y no te extrañen las rarezas acerca del altruísmo para nada. El altruísmo no existe y los trabajos tampoco. Si tuviera un amigo le pediría que me matase con rapidez.

Te quiere bien,
A.

leon no es feroz dijo...

Ah, pues me gusta como escribes, realista, nada pedante...que sobra tanta ampulosidad. Y con sentido del humor. Un saludo Alberto, me has alegrau esta tarde friolera.

Alberto M dijo...

sobra mucha ampulosidad. Estoy de acuerdo, lnef.
Me alegro del alegro.
Un abrazo,

Bellaluna dijo...

Leo Mongolia en NY con frio aterido y yo aterida de frio. Y lo que mas me alegra es que tengas en el relato un Espeaguirre, señal inequivoca de su fallecimiento, lo cual visto (oido) lo que mis amigos de Madrid dicen que dice y dicen de ella es para poner alegria que desemboca en lagrimas. Madrugada desvelada.

Que lastima el entrecot, ¿no?

Alberto M dijo...

Ya leí que andabas por aquellas amazonias. Lo de Espeaguirre fue una barbaridad en lo que de espantoso cabe, pero el pueblo se rehízo, como siempre: Mongolia no falló!
El entrecot, es verdad, amore. A la siguiente digo que me lo pongan en un tupper o algo.
Me alegra verte.
Suerte, disfruta de viajes y ciudades!

Sirena Varada dijo...

De la omisión de lo fáctico diario al uso te vas acercando cada vez más a la distancia de ti mismo hasta desaproximarte del todo a Mongolia, mera vanalidad de los sentidos.

Emilio, lo entiendes ¿verdad?
La proxima vez que vayas a un programa a hablar de Mongolia, de gratis, nada.

Besos

Alberto M dijo...

si es que, Sirena... la literatura, Mongolia y todo eso...