martes

Cancionero polaco Rexer


Yo, siempre, desde que salió, le he dado al Rexer 2000. Soy un drogadicto muy burgués. Con clase, de esos que saben quién escribió La Gioconda. No hay que quedarse atrás, atado a la vida de las aventuras en una balsa ni en las montañas con Heidi. Eso ni se te pase por la rancia cabeza. Todas las cabezas son rancias y si hay alguna que, de repente, se pone a oler, siempre va a ser la tuya.

Yo, como te decía, entro en las farmacias y expulso la receta de la boca. Siempre me la como cuando me la dan y, luego, tengo que meterme los dedos por la garganta hasta que la echo al mostrador. Las de la farmacia están acojonadas nada más que me ven entrar y huyen como ratones pero siempre se chocan con la pared y, cuando vuelven al mostrador, yo estoy enfrente y se hacen de nuevas. Como si no supieran que mi corazón, lo que quieren todos los órganos de mi cuerpo es lo de siempre. Porque yo tengo la polla muy grande, siempre es lo que estoy a punto de explicar. Porque cuando Dios creó España, primero hizo una planicie y después metió unas rocas por aquí y por allá, más o menos al azar. Ni siquiera pensó en el pobre Alicante, lo suyo es que tenía que terminar de hacer el golfo de Cádiz y todo para que en España cupiese mi polla. Eso, toda esa historia de Dios es lo que estoy a punto de decir cuando me atienden en la farmacia. Cuando cogen la receta y leen Rexer 2000 y Tranxilium 15.800.
Hoy he ido a la farmacia y primero a la plaza y al estanco. Yo soy muy burgués. Más burgués que nadie y también que las llamadas de teléfono que recibo desde Colombia.

España mola porque miras hacia arriba y ves el cielo, con las nubes y todo eso. Por eso mola España. Hoy me han llamado para un trabajo de España. Me gusta el título “Trabajar en España”. Me viene a la cabeza el niño ese de la película Barrio repartiendo pizzas y yendo debajo del puente a ver cómo está su hermano que, o bien está muerto, o bien puesto de caballo, o en medio de las dos cosas, en España.
Joderostias, Mongolia mola porque está en Mongolia. Si Mongolia fuese España no tendría ni la mitad de ese encanto que nos proporciona su española existencia a todos los burgueses que le damos al Rexer 2000, al Tranxilium 15.800 y al Loramet 1000 millones.
Esto va así. Te dan un curro bueno, aunque cobres el sueldo mínimo y tú, aunque curres bien, estás bien y sigues siendo una especie de bebé vampiro, porque todos los bebés son vampiros y aprenden a hablar por no ser menos que el perro, y les da igual cualquier cosa para andar mamando, en serio, qué más da y con quince años sigues poco más o menos. Una especie de español que ha vivido en Hungría, ya te digo, en fin, tú me entiendes.
Estoy tan ilusionado con mi nuevo curro que he llamado a todos mis amigos de la infancia y se lo he dicho. Me daba igual si vivos, muertos o es que ahora son dentistas los cabrones. O ayudantes de dentistas.
A mí Madrid me lo como y luego me da igual entrar a cagar en cualquier sitio, en cualquier bar de Madrid.

Valseca mola. Valseca es una gran no existencia de España dentro de España. Yo, si al final voy destinado a una biblioteca, lo voy a decir. Voy a decir todas las cosas que aprendí cuando curraba en el Hotel Kafka y en el EBU y de corrector creativo para los proyectos de urbanismo del Excmo Ayuntamiento de Valseca. Voy a dar clases, así, en un determinado momento y sin darme un pijo de importancia. Voy a decir que Quevedo era medio de Andorra, lo cuál es cierto, y que hay que leer a Puskas, pero también a Steven Gerrar, sin olvidarnos de Caniggia y del Vieri Cagnoneri ni tampoco de la Brujita Verón. Hay que leer a Dunga y a Andrei Shevchenko. Y, por Dios, hay que leer a Farruquito.
Calderón de la Barca era portugués y Lope de Vega, no sé, hay una tesis del uruguayo Agamenón en la que dice que era de Luxemburgo.

Luxemburgo es una cloaca. Yo voy mucho a Luxemburgo cuando me pilla de paso para ir a Hungría y me bebo una cerveza en el barrio francés mientras veo a todos los gitanos cantar y bailar y decir buenos días en español.

Galdós era luso y Fortunata y Jacinta eslovenos como Luis Buñuel, que hizo una Tristana que dijeron los críticos que era parisina pero que tenía siempre la cabeza en la Baghavad Gita esa o como se escriba. Cómo mola Tristana. Leo a Chesterton, que era de La Coruña, después de tomar mis píldoras. Me gusta la gente. Me gustan sus caras, como espejos, al salir de un autobús. Me gusta calculando, un ciego, no tropezarse con la posibilidad de un borde. Los borrachos al despertar, me gustan, de mañana. Una mañana me gusta como el lugar donde dedicarse a verla irse. Me gusta volver y encontrar a la gente que ya no está allí en un jarrón con flores. Me gustan las flores sin sentido. En una panadería me gusta que haya flores, por ejemplo. Me gusta el olor a pan de las cuatro menos veinte y las manijas que se equivocan en el redondel con bigote de una máquina.
Me gustan los niños que dibujan monstruos en cartones de vino y las jovencitas que, con el mismo pulso en el que sostienen a una grapadora, me cuentan que están pensando en no morirse. Me gusta un viejo, a las nueve, examinando su dentadura flotar en un vaso de agua. Me gusta el agua y los ríos, la melancolía figurada en los recibos de los fontaneros.
Me gustan los sitios.
Siempre que he de esperar sentado a que el resto de la mesa esté servido cuento las lentejas que hay en algún plato. Me gustan los platos. La pereza de una montonera alrededor de una pila me gusta. Me gusta cuando sale arena de los grifos porque hay la posibilidad de hacer un intento de desierto del Sahara. El desierto del Sahara me gusta porque es un siseo la explicación que da de lo no conocido. Me gustan las flores que crecen en un desierto porque una vez vi el Sahara de verdad desde un aeroplano y sé que está roto. Me encantan los aeroplanos porque están hechos con una cartulina -llena de tachones- de 2º de EGB. Me gusta el colegio y que haya el gordo en la puerta con un bocadillo de foie. Me gustan unos extraños rodeándome como un anillo al dedo índice de un recuerdo borroso, en un recreo, entre las once y las doce.
Me gusta el enojo de los esposos a las puertas de los supermercados, las motas de polvo que almacena la repetición en el filo de las corbatas azules y la mirada sin dueño de las vacas lecheras en los corralones de los locos. Me gusta la leche y, en general, cualquier excusa nacida en la mano algo cansada del portador de un tirachinas.
Me gusta la pereza que se ciñe en los ojos de los sapos a la orilla del pueblo. Me gustan los pueblos con casas que hay que imaginarse y las personas que, dentro de ellas, abren la puerta como si hubieses llamado para preguntar dónde hay el pueblo con las casas que sí existen.
Me gusta Polonia, creo, en la actualidad, aunque no estoy tampoco seguro del todo.
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12 comentarios:

Tesa dijo...

Mira que da de sí, España. Ya lo decía Manolo Escobar.

Besitos, criatura.

Alberto M dijo...

No se me olvida que la española cuando besa, es que besa de verdad eh.
Bicos, Tes

campesina dijo...

Éste sí que es recorrido que vale la pena, de España. Con conocimiento de causa. Y de efecto, sobre todo de efecto. Quiero puro ir a España cuando te leo, Albertico, y que me guste todo lo que te gusta a ti. Aunque también pienso que debería ser más cariñosa con mi país y hacer mi propio recorrido interno y saber identificar todo lo que me gusta, que sé que son muchas cosas, las bonitas y las feas, pero que se olvidan y se postergan.

Te sigo leyendo y te quedo debiendo comentarios. Y ahora estoy juntando minutos para sentarme a leer más y también para escribir un poquito, que también me gusta.

un beso y un abrazo cariñoso

Alberto M dijo...

Hola Campesina. No me debes ningún comentario para nada, pero ya te echaba yo de menos, eso sí es cierto.
Tampoco es España lo del texto, creo, aunque de alguna manera lo tenía que llamar.
También quiero cruzar el charco alguna vez en mi vida, aunque sea una vez muy pequeña.
Ver mundo y eso.

Un abrazo grandote,

Sólo digo una cosa dijo...

No he probado el Rexer, pero me han hablado bien de él. No sé, todo se andará, no pierdo la esperanza, cualquier día digo las palabras adecuadas y mi loquero me extiende la receta.

Oh, es encantadora su génesis de España: una planicie y rocas por aquí y allá, al azar. Fue así, no le quepa duda.

Por cierto, lo de creativo de proyectos de urbanismo del Excmo. Ayuntamiento de Valseca mola mil. Espero que algún día nos cuente más sobre este tema.

Un beso,

Virginia

hombredebarro dijo...

Erez un puto crak, pero el relato se te desequilibra en el último tercio, más o menos. Eso creo yo, que soy mu de creer mis cosas. Abrazos.

Alberto M dijo...

Es curiosa la historia del Rexer -aunque opino lo es más la historia del manejo de su tolerancia-, doña SDUC. Creo que en un principio se usó para tratar la depresión. No debió de salir del copón o algo así la cosa, pero, claro, su efecto sedante es muy suficiente -al menos para mí- y manejar pequeñas dosis me funciona. No sé, en eso, a cada uno le va de una manera, creo. Como España, claro :) Beso.

Ya, HdB, macho, quería probar a ver cómo le iba. Lo dejo en prueba. Sí tienes razón en que creo que le convendría ser más corto a partir del Me gusta la gente.
Un abrazo, tronco.

Anónimo dijo...

Me gusta la pereza que se ciñe en los ojos de los sapos a la orilla del pueblo. Me gustan los pueblos con casas que hay que imaginarse y las personas que, dentro de ellas, abren la puerta como si hubieses llamado para preguntar dónde hay el pueblo con las casas que sí existen.

Me mola

Anónimo dijo...

Un besito.

Alberto M dijo...

Muchas gracias.

Bellaluna dijo...

Cómo me gusta viajar por Europa contigo... Es una pena justo ahora que me he puesto a buscar curro y tengo una entrevista en una multinacional de la piratería con sedes en Somalia, Londres y Nueva York. Ah!, y Bruselas. Bueno, si me ponen de mensaca nos veremos.

Trabajar es una putada.

Alberto M dijo...

Allí estaré, siempre en el Benelux, en las plazas, con cabras y gitanos dando palmas. No creo que me mueva mucho de donde estoy siempre, pero siempre estaré pensando en cosas de esas y ya me cansaré de tener otra vez curros y eso, pero llevaba desde junio haciendo cursos de dibujitos -fracasé- que, aunque me vinieron bien para no enmajararme, bueno también escribí y estuve en Asturias diez días y tres en Valseca.
Todo bien, Bella, ya contaré.