jueves

Todas las consultas


Siempre que voy a ver a mi doctora llevo el libro Curación a través del espíritu (de un autor con nombre raro) a la sala de espera de la consulta y lo releo hasta que dicen mi nombre y, entonces, cierro el libro y entro y mi doctora, sin levantar la cabeza de su tinglado, me dice: ¿Cómo va eso, Alfredo? Yo digo Hola y me explico, aunque no sé qué digo y, antes de notar la posibilidad de que esté diciendo frases que acabo de leer en el libro Curación a través del espíritu, recuerdo vagamente el juego Operación, en el que, de pequeño, solía matar sin querer al dibujo de un hombre en un tablero.
Ella siempre me corta. Me pregunta si hago deporte y como fruta y, sólo entonces, caigo en que estoy allí y que puede ser algo serio el hecho de estar y, por ejemplo, otros sitios donde podría estar como trabajando en un sitio andrajoso, tocándome en casa la nariz, como quien dice, o bien en el bar de Marcial leyendo plácidamente a un ruso muy culto y entrañable o viendo fútbol, y es cuando me vuelve a preguntar si hago deporte o como fruta cuando digo que me estoy dejando aunque he decidido que lo voy a hacer, pero que soy flojo y no aguanto mucho. Entonces dice que lo ve, noto que me mira y vuelvo a saber que estoy ahí. Y es cuando digo que escribir en mi blog me come mucho tiempo.

(Mi doctora y su consulta. Hay un jarrón con flores artificiales, una fotografía de su novio o su padre, un ordenador donde, cuando yo desaparezco durante demasiado tiempo, ella se pone a escribir en su blog. También hay un esqueleto, un cuenco con bolígrafos y, al lado, otro con caramelos, aparte de aparatos típicos de los doctores.)

Cuando ella le da a Publicar entrada me dice: ¿Así que seguimos igual que la otra vez, Juan? Yo, sólo entonces, pienso en todas las demás veces que se me ocurren y, cuando ella repite lo del ejercicio, pienso en una bicicleta, pero ella lo conduce todo al desastre en cuanto me empieza a hablar de lo perjudiciales que son algunas rutinas y cosas.
Y es entonces cuando recuerdo el motivo por el que he ido allí y le digo que ayer estaba afiebrado y no sabía qué tomar.
Sé que es entonces cuando ella me mirará, de nuevo, como si ambos estuviéramos allí, anotará unos nombres en una receta y me preguntará por mi familia.
Yo, aunque nunca sabré a qué familia se refiere, diré: Bien, doctora, como siempre. Y pensaré que tengo que escapar de ese lugar como sea.
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9 comentarios:

Bellaluna dijo...

Los médicos: una cosa más que me inquieta. Y pensaba en el inventario de las cosas que me rodean usualmente, en mi mesa de trabajo, o en la de casa (mi mesa) junto, alrededor del ordenador. Los bolis. Las llaves. Un calendario. Un cáctus (pequeño). Enfrente, los peces. Archivadores, rollos de papel, fotos, diapositivas, CD/DVD's, todo esto del trabajo. También el casco de la moto, porque lo dajaba en la moto y me lo robaron. El teléfono. Grapadora (me fascina). Un fechador. Una estatuilla de un negro tocando el bajo. Monedas...

Alberto M dijo...

las cosas que nos rodean, doctora BL, suelen hacerlo usualmente (excepto quizá el tabaco y alguna cervecilla o así)

Tesa dijo...

Mejórese pronto de lo suyo, eh

...lo mío ya no tiene arreglo.
:)

Sólo digo una cosa dijo...

Alberto, yo creo en la curación a través del espíritu, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna.

Un beso,

Virginia

Bellaluna dijo...

¡Es verdad! El tabaco y el cenicero. Y las cerillas (no el mechero). Las cervecillas, en la calle a ser posible.

campesina dijo...

Mi Albertico, me asustaste con eso de Alfredo y Juan, creí que estaba alucinando y seguía nombrándote con otros nombres...

Mejor escápate al bar a leer al ruso y a ver fútbol. Yo voy al sport café a ver a la selección y a los tenistas y ya no voy a ver a mi doctor porque tenía esas mismas mañas, lo del deporte y la fruta. Y yo fantaseaba con que se miraba en un espejito bajo el escritorio mientras me hablaba.

Alberto M dijo...

Mejoremos pues, Teresa. Que lo tiene.

Creo eternamente, Virginia, en lo que sea y lo que sea. Un beso.

Luna, haremos uso de la nevera portátil entonces.

Campesina, es que me llama como la da la gana y no sólo me confunde con otros pacientes sino también con sobrinos suyos y deportistas de élite, según el momento.

Abrazokos de medicina general.

Sirena Varada dijo...

¿Y qué pasará cuando tu doctora te mire y te des cuenta de que ambos estais de verdad?
Yo de ella no quitaría la foto de su padre o novio, ni el jarrón de flores artificiales de la consulta. Sé que si lo hace seguramente ya no volverás por allí.

Un abrazo, criatura

(Tremendo lo del Atlético ayer...)

Alberto M dijo...

A saber, Sirena, si no desapareceremos.
Las consultas son un desastre.
Recuerdo al Dr. Amín, del barrio, que me daba caramelos y me decía que se decía: muchas veces.
Así que siempre dije Muchas veces en lugar de gracias y así me ha ido la vida. Creo que tengo que escribir una novela que se llame Muchas veces.
Mira, como el atleti :)
Un abrazo,