lunes

Los peces no duermen, jilipollas (en modalidad correctora al 35%)


El 50% de las imaginaciones son una ventana abierta en un día de mucho viento. Hay que procurar no coger frío y dormir arropado. El del parte ha anunciado que su cabeza tiene una alucinación en la que sale ella y nota cómo dentro la graniza otra cabeza, que puede ser mi amiga o un medicamento para el sistema nervioso. El tiempo es muy malo en agosto. Hacer deporte es una cosa que no conviene. Todos los que se ven por aquí en plan bicicleta están rojos (como lagartos) que decía Franco de las nibelungas que tomaban el sol. El sol es un desquiciado que se cura poniéndose una visera. El planeta Tierra es un regalo que le quiero hacer a un pobre martes últimamente en mi blogueria, que ha pillado a casi todo un mundo de vacaciones a saber si por el espacio exterior o el extremo, que es el que mora adentro de cada cuál, porque aquí parece haber pocas ferias de las flores de mi vitae.
Pone en el periódico que a Mao le gustaba mirarse las pantorrillas en el espejo. Yo sólo leo periódicos de hace dos años. El de hoy siempre es uno que no me gusta. Es más, me toca la bandurria mala.

Termina hablando uno (y en uno, como decía el malote de nuestro amigo César Ruano) de lo que no conoce, termina no diciendo nada, se va a la infancia y vuelve, así como acierta a ver en el cielo abierto una especie de posibilismo, de negación que se atiende para pedir respuesta a la intuición de la brisa o la borrasca (mierda, esto que yo estoy haciendo no es lira ni pollas salvo retórica sin más). Y seguir, también sin más. Y se pone a escribir, a lo mejor por no saber. A mí Nico es que se me murió muy mal hará dos años. Y uno es lo suficientemente cobarde para seguir diciendo, pero también para callarse.
El tanatorio es un sueño, recuerdo, que acogía lo arrítmico de una nota vacía a la espera del compás que un día procura en quien está dispuesto. Vamos, me imagino. No hay ley que pueda con que uno quiera y, sin embargo, termine.
Veo la carretera con el miedo de tu muerte y de niño, en cambio, estás jugando al cochecito. Ahora eres el que sabe de lo otro, mientras otros nos dedicamos a la inconsciencia de muerte o al miedo, tú, atómico, ahora, en cambio, eres parte de La tierra.
Tus hermanos es como si se hubieran marchado contigo. Podéis decirme lo que queráis. Suelo, como saben, responder y me encanta que entren a insultar, aunque no sé dónde coño anda el mundo hoy, en agosto. Me figuro una limusina y unos chismes con los que alternar, y follar con una cabra -á lá Umbral-, que tienen el espejo del bien en una cara que son los ojos de alguien que dudaría sólo un segundo ante un barranco y lo harían sus patas antes que ella.

Miro mis manos, son una mierda nacida para el padrenuestro de todos los días. Y me dicen que soy bueno con el staff de escribir, pero nadie me ha dicho: Te saco. Sólo me han sacado tres veces y sin poner el nombre o como dibujante de quien no quiere hacer más dibujos. Porque yo era buen dibujante de nadas.
Mi última paja ha estado en ellas (las manos). Las otras no tengo ni idea porque no me acuerdo.
A lo mejor soy un hijoputa porque digo que ahora mismo me gustaría ponerme una película.

Ayer salí a dar un paseo. Voy a intentar escribir una de acción para una amiga que no sé por qué hago todo lo que me dicta. Soy idiota y creo haber visto en sus ojos el enigma de Marte –que es un enigma que tampoco es que sea descifrarlos todos a la vez-, a lo mejor, y seguro que lo tiene, porque la quiero –la quiero sin duda, pero ni idea de los porqueres, o por una jefa, una jefa que luego se remonta a mi edad, y mi edad es una burra en la que uno va sentado mirándole la cola, que es como llegaban a los pueblos los que volvían y ya no podían ir a otro sitio-. Voy a intentar que, si no lo han conseguido todavía, los whiskies que vienen me den esa serenidad. No una. Esa que tú y yo sabemos, hijoputa (estoy hablando con un demon todo el rato, un demon en el que sólo creo cuando voy en busca del aparato de medirme la tensión).
Y claro que no creo en el demonio ni de Sócrates el precioso o de Goethe el coñazo. Le veo siendo una cerdita sin más con rizitos de mimbre, de la misma calle y la misma tele, una Ruth-boba o Evinchi-follaviones con jefecita puesta y amigas que te escriben para que sus novios vean lo amorosas que son antes de enviar su mail a ellos-yo. No es que no recuerde a Ruth, que era una buena chica, sólo que confundida y que no vendió nada, no en general, hasta sí ahora, pero tampoco. Y ni falta que hace.
Y, ya digo, veo al demon sin creer en él, porque me hace, como tomar uvas con la familia por año-nuevo.

Hoy es un día bueno porque mi tía Pepa ha estado hablando de collares y he ido a apuntarme otra vez al INEM ese, o como se llame.
Juega el atleti a las nueve o por ahí, y he invitado a un helado a aquellas personas con quien me gustaría uno.

La vida sonríe mal, luego uno ve lo que se atreva. Y una tarde de martes todo se termina.
(El título de esta entrada es lo que me digo muchos días)
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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Ganó el Atleti, Al. Hoy es un día bueno.
Y no veas lo que daría por un helado ....
(M. ésa, la de la/s caña/s (unas 8.000) pendiente/s).
:-)
Que te quiero mucho, que lo sepas.

Tesa dijo...

Yo he ido al INEM hoy y ya no estabas, aunque había mucha gente.
Demasiada.

Besos de martes, ese día del que tanto se ha escrito.
:)

Alberto M dijo...

Me alegra verte M, un besote atlético con nueces -en un partido flojeras, es verdad, pero bien los canteranos-. Nos vemos (espero; -me conformo con ocho cañas-).

Nos hemos debido de cruzar, Tesuca. Es que el de la puerta era nuevo y le tenemos que enseñar que si uno entra y otro sale lo menos que puede hacer es sacar una jarra vino -con cariño- y decirnos ya se ha ido o está al llegar mientras corta la selección de quesos.