martes

El escritor español


(Bar de Marcial, 14:00, día soleado. Llegada en taxi de El escritor español.)

Hola, soy el escritor español, dijo el escritor español abriendo la cortinilla. En seguida los mozos que se encontraban tomando el chato en el que coincidían cuando terminaban de cosechar dijeron al unísono: Coñes, el escritor español, que viene a vernos después de tanto tiempo, tómese algo escritor español, mecagoendiola, qué alegría de verlo.
El escritor español hizo ademán con la frente y quitó la zamarra y el sombrero dejándolos a medio doblar encima de la máquina tragaperras de la entrada, se acercó al grupo y, dando un puñetazo en la barra (con el que se hizo daño) dijo: ¡Quiero de beber y de comer, ostias!

¿Y qué se cuenta de hoy, escritor español? Le dijeron, ¿Cómo es que ha venido a vernos?
Y el escritor español respondió: Porque cruzaba, salaos. Y continuó: Hoy he jodido con tres y me he dicho: También habrá que comer y tomar una jarra con los cosechadores o segadores o lo que coño hagáis en esta época del año que, además, una revista de Madrid me ha dicho que escriba un artículo sobre las costumbres y la conformidad.
- Qué interesante – dijo uno de los mozos - y ahora a darle a la mente, que para eso hay que andar sereno.
- La mente - contestó el escritor español - no existe ni en el mejor de los sueños de la mente. Dijo mierda y, tras un silencio, coño tres veces. Luego hubo otro silencio y dijo que se cagaba en la mente y la literatura y luego se limpiaba con la mano. Dijo que al artículo que iba a hacer definitivamente lo iba a titular La cagada de España.
- Joder, qué cojones tienes, escritor español - dijo otro mozo – Eso es lo que hay que hacer para valer, echarle huevos.
El escritor español, en ese instante, sacó del bolsillo una criadilla de toro y la puso en el mostrador diciendo: Camarero, ponle un chato a estos y tú tómate un café que tienes cara de no haber trincado en tu puta vida, desgraciao. Y añadió: Me cago en la puta de oros.
Se rieron todos, incluidos el camarero y el escritor español.
Entonces el camarero le dijo al escritor español que se había leído un artículo suyo sobre la importancia de los pulmones y el escritor español dijo que eso a lo que se refería lo había escrito a medias con una puta que no tenía ni idea de quién era ni del idioma y hasta con la punta la pija, aunque, eso sí, que le pagaron con dólares americanos y nada de monedas de lata, un empresario moro y con clase, sí señor. Decía dando otro puñetazo en la barra.
- ¿Me puedo hacer una foto con usted por el móvil, escritor español? – Dijo un mozo.
El escritor español le dijo: Me cago en la puta madre ¿Qué pasa, que eres maricón? Ostias de fotos y pollas, no me sale de la puta gana salir en fotos de mierda. Camarero, desgraciao, a este no le pongas más chatos. Lo que iba a deciros es que los moros de mierda, cuando son decentes, cumplidores pero bien y no la mierda de algunos amigos estadounidenses. En serio que los americanos de Estados Unidos –continuó el escritor español – sólo piensan en tomarse cocacolas.

(Aplausos)

El escritor español: Desgraciao, pon otra cerveza, pero a mí que sean dos que van a caer al hidalgo y sin berretes.

(Más aplausos)

El escritor español: Me duele la polla y es por España, me cago en la puta patria, lo mismo que va a ser de no sacarla y ya van cinco esta mañana. ¡Pon cortezas, camarero desgraciao!

(Nuevos aplausos)

El escritor español: ¡Me voy a callar que si yo hablara temblaba el coño de Jerusalem!

(La ovación era total, los trabajadores pidieron unos hurras y brindaron por el regreso del escritor español)

El escritor español: Callaros ostias.

(Risas)

Y entonces continuó, en medio de un grupo cada vez más grande de mozos que llegaban de los tractores, el escritor español: Es que estoy de mal, porque un desgraciao se ha atrevido a hablar de mi obra magna “El cojón de las abejas es transparente”... y de las cosas que ha dicho, la mayoría unas sandeces que le voy a mandar a uno de la capital que tiene pipa para que se la meta en su hocico de bastardo. Se va a reir de mi obra ese gilipollas. Mira, camarero desgraciao, a ver si tienes el periódico del martes, mira, cacho cabrón, qué a gusto se quedó tu madre cuando te sacaron, ahí sale la crítica del necio ese que yo creo que se ha leído mi obra de espaldas mientras le cabalgaba a gusto algún interesado. Dámelo, camarero, dámelo y por la página 50, aquí nada de mariconadas de israelíes y palestinos, que viven en el quinto coño y yo casi soy de aquí, que sale el gilipollas castrado hablando de mí con arrogancia, que decae mucho a la mitad y chismes de la estructura que se lo habrá aprendido en un curso, me cago en su cara, coño, como sepa quién es el tío no lo va a reconocer ni el calambrista que le hizo la copia ¡Camarero, dame un poco más de tortilla, que se deja comer!
Una vez terminó el discurso el escritor español, uno de los mozos le dijo: estos intelectuales.

El escritor español dijo que se había dejado la cartera en el hotel y que le apetecía un vodka a la mitad de hielo, pero tal cuál, y le dijo moribundo al camarero añadiendo que, como se pasen una pizca, capaz era de ponerse a romper narices.
Acto seguido recogió la criadilla que había soltado en el mostrador y dijo: Majos, la literatura po que me mate algún día.
Dio varias vueltas levantando los talones y por lo alto, con los brazos, la criadilla. Dijo: Ostiacoño, qué ganas de tirarme un cuesco. Y dio las gracias a todos los mozos asegurando que eran en quienes depositaba cada verso y diré más, dijo el escritor español, mi próxima obra estará dedicada a cada uno de vosotros, buenos mozos.
Se aproximó a su abrigo, se lo puso junto con el sombrero y abrió la puerta para irse. El camarero le llamó diciéndole que tenía el vodka ya puesto y dijo gracias, a lo que añadió, pero se lo va a tomar tu padre, que buena falta debe hacerle.

Tras cerrar la cortinilla y puerta dejando un imborrable recuerdo tras de sí, marchó por el camino que salía hacia la carretera pensando en la literatura.
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3 comentarios:

Sirena Varada dijo...

Criatura, me ha encantado este relato. De los que más, acaso se deba a la creadilla; no sé. Tampoco sé por qué me gusta tanto lo que escribes; no sé: esto es siempre lo que más me gusta: deberíamos estar todo el día diciéndo "No Sé" para sentar las bases, que las ácidas ya atacan solas.

Muchos besos y vuelvo.

xrisstinah dijo...

Iba a decir un taco, pero se han agotado.
Así que, simplemente: que este relato también deja un imborrable recuerdo tras de sí.

Alberto M dijo...

bueno, pero vosotras volved, porque si no, ni criatura ni pollas en vinagre!