viernes

Disección de un martes 1º


Es un martes cualquiera y mi médica me dice que deje el café, las grasas, el tabaco y el alcohol no atendiendo a que quitarme de todo eso significa quitarme de mí mismo. Ser un espacio, como lo es un martes. Un martes es una mirada a la luz el día lunes y es una señora bordando a la puerta de su casa de Valseca.
Yo sólo escribo, hoy martes, para que Carmen, que es la mitad de mí, no se me duerma.
En un principio en el salón había dos Cármenes. Una era mi continuidad en alguien y otra mi ansia de ser una persona dentro.
Por eso escribo como terapia. Porque matar un rey o procurárselo viene a ser una misma cosa.
Mi habitación es un garaje vacío. Mi violador, cualquier Volkswaggen. Yo lo que quiero es estar alegre. La belleza creo que es eso, y que lo otro somos nosotros, que nos empeñamos en casarla con lo que se nos ocurra.
Una mujer que es yo me ha dicho que escriba un martes.
Un martes es lo anterior a una procesión (yo casi no he salido de Valseca). Lo anterior a las flores es la simple esperanza de una persona inocente (como me creo que yo).
En el whisky me dan ganas de salir a por más whisky hacia la calle y una amiga médica me ha dicho que mire mis botellitas como un hígado cirrótico en el medio de una bolsa de basura.
Yo voy al médico porque el hígado no duele. No soy muy bebedor, pero sí procuro cuidado con mis pequeños límites. En una lupa han salido imágenes tristes mías diciendo hola.
Una amiga me ha dicho que escriba sobre un martes.
Un martes, en verano y que yo recuerde, es una abuela partiendo un bocadillo y diciendo que es para que te lo lleves. Las niñas y los niños jugábamos al fútbol. Era otra época. Hacíamos las porterías con trozos de carne que nos dejaban los mayores, y es ahora cuando los comprendemos un poco.
Yo he nacido a los siete meses, mientras a mis padres les dijeron, para que conservaran la fe, que no contaran conmigo (ya que eran médicos de hoy), desde entonces he querido participar en un martes de manera directa. A veces lo he hecho, pero no me acuerdo.
Mi médica tiene la cara de un cuadro remoto. Es sólo bella en su palabra y, ahora que se va de vacaciones, voy a aprovechar a beberme un chupito, por su salud, por la mía y por la de Gema.
No soy muy bebedor, sólo soy muy poca cosa. Por eso bebo, a la salud de quien quiera venir a decir Hola.
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2 comentarios:

Tesa dijo...

Lo mejor de los martes, es que faltan todavía muchos días para otro lunes. Eso para quienes los lunes molesten, que no es mi caso, al menos mientras todos los días sean domingo.
:)

Alberto M dijo...

Que luego nos llaman domingueros los médicos, Tesina!