miércoles

Adelita


Cada día de verano, a la hora del frontenis, los niños nos reuníamos con bocadillos y raquetas para esperar, en el frontón, nuestro turno, que era el siguiente del de los mayores. Mientras esperábamos, a veces, veíamos a Adelita con su corto vestido fucsia, que era como loca y venía siempre a vernos.
Una tarde, mientras yo esperaba que me tocara jugar sentado en uno de los bordes del frontón, se acercó a mí y me preguntó si tenía novia. La dije que era muy pequeño y me preguntó que cuánto de pequeño. Yo me levanté entonces de mi asiento de piedra dejando la raqueta en el suelo, puse una mano abierta arribota de la cabeza y dije que así de pequeño. Adelita me dijo entonces que era igual de pequeño de lo que sería ella si no tuviese cabeza y, aunque yo también por entonces tenía cabeza, comprendí lo que dijo y la dije que sí. ¿De qué te has comido el bocadillo hoy? Me dijo cambiando de tema. Dije que de mortadela y me dijo que la diera la mano y, como ella mandaba, se la di dejando la raqueta en la otra mano.
Me dijo que la siguiese si quería ver un secreto. Lo hice mirando antes que mis amigos estaban al juego.
¿Dónde hay que ir? Dije cuando conté quince pasos. Adelita me dijo que siguiese contando. Así que conté e igual que los primeros quince salieron otros cien y, a partir de ahí, dejé de contar para hacer como que contaba, mientras ella me guiaba a las afueras del pueblo.
Una vez hubimos llegado a una nave me dijo que era de su familia y que ella había cogido las llaves sin que se dieran cuenta. Me preguntó cuántos pasos había dado y dije que doscientos trece.
Me dijo: Muy bien y abrió el portón de la nave, que era grandota y sólo tenía un pequeño montón de trigo a un lado. Me hizo entrar y llevó hasta el medio, separó mi mano de la suya y dijo que cerrara los ojos y que, como se me ocurriera abrirlos, me castigaría sin sorpresa.
Oí que sus pasos se alejaban hacia delante mía, donde aproximadamente se encontraba el montón de trigo y no hacia donde estaba la puerta y entendí que eso significaba que no me iba a dejar encerrado dentro.
Aproximadamente un minuto después oí sus pasos acercarse hacia mí. Me dijo de nuevo que, como notase que abría un poco algún ojo, se iría, que los abriera cuando ella dijese tres. Primero dijo uno y, antes de decir el dos dijo el tres. Como si fuese una broma especial suya.
Cuando los abrí ella seguía siendo la Adelita que me guió hasta la nave. No reparé qué tenía en la mano hasta que me lo puso en la frente. ¿No sabes qué es? Dijo y, como llamándome tonto, exclamó: ¡Es una primera edición del libro de El escritor español!
Ah, dije.
Y ella dijo: Sí, nene, sí.
.

6 comentarios:

Abutita dijo...

Hola!! Cnt tempo sin leerte

Espero que odo ande bien por ahi...Simpatica tu historia de Adelita...jeje

Cien besos desde la calurosa Granada

Tarántula dijo...

He leído con regocijo tu blog, como me ha gustado tanto lo pondré en mi blog roll para asegurarme que vendré, porque soy muy floja y no suelo cumplir lo que prometo, así que sin más agradezco el goce de la historia y espero un próximo post pronto.

campesina dijo...

¿y qué fue de Adelita?

también me dan ganas de saber si el libro valió la pena, si el niño o tú de niño hubieras preferido que te encerrara, cosas que me imagino de puro morbosa o porque soy ese tipo de lectora implícita que dibujaste.

besos

Tesa dijo...

Si Adeliita se fueera con otro...
la seguiría por tierra y por maaar.
Si por maaar en un buuque de gueerra
si por tieeerra en un tren militar.
Chin pun chin pun chin pun.

Alberto M dijo...

gracias a vosotras ustedes y muchos besos de lunes.

Alberto M dijo...

así yo aprovecho a leeros también, Abú y Tarántula (cuesta arrancar con esto después de echar pocas horas en un mismo sitio). Más besos.
ni idea, Campesina, qué sería de Adelita. Por el mal camino iba (tirando a canción de Tesa). De verdad que no sé por qué os da por leer, señoras.
Y si acaso yo muero en la guerra, Tesa ¿qué pasa? ¿En la sierra va a quedar?
Abrazos.