domingo

La azotea 1/2


Esta mañana llueve. Con esta frase empieza el capítulo Lluvia. El libro, que lo ha escrito mi amiga María José, se llama “La azotea”.

Mi caveza, los días de fiebre, oigo que contiene los mismos trastos que contiene el libro de mi amiga. Hasta “Esta mañana llueve” he ido subrayándolos (para eso es mío ya el libro). Desde El zumbido de silencio, grande como el de una iglesia vacía a esta mañana lloviendo, todo ello, pasando por Mongolia, que contiene todos los locos del mundo en un vaso de leche cuya piel, en los bordes, es una ola que se está rompiendo siempre en el mar que ya lo estaba desde el día ocho de mayo de 2009. Pero eso es ya mezclar una historia con un fideo.
Y precisamente Mongolia no sale al mar. Es así Mongolia ¿Qué le vamos a hacer? Lo he mirado en el wikipedia. El desierto de Gobi en estos días no es más que una azotea y, allí, mi amiga María José sí escribe sobre las cosas de la belleza (es decir: partir filetes iguales) en las manos de Mariano el carnicero, que son hinchadas llenas de cortes y él las llama grietas. Manos así me hacen mimos en la chorla (por eso lo sé) cada día en que estoy malito, cuando concilio el sueño. Es mi ángel protector, que se entiende conmigo sólo cuando duermo. Cuando estoy despierto pasa de mí y estoy seguro de que el muy animal es el que me ha pegado la gripe.

Hoy fabrico charcos en una pañoleta y miro llover en todas partes, y excepto la lluvia no se oye más que música que pongo en la cadena al azar y que luego resulta ser hecha con lluvia también.
Esta mañana hay eso. Y, a lo mejor, esta mañana también hay el tráfico de los domingos en este pueblo (es decir: lo de antes del punto de más arriba) en el que es siempre domingo y los muñecos de los semáforos (que aquí los han puesto para que se vea que España y sus pueblos molan) los dibuja en la caveza de las niñas el padre de una de ellas, que es delineante.

Pero a mí lo que me mola es Mongolia. Así que voy a hablar de Mongolia. Porque a mí me gusta Mongolia y me voy a ir allí a morir y a follar.
Cuando Bush fue a Mongolia le confundieron con Sinatra. Eso, de momento, no sale en el libro de María José. Pero a lo mejor sale luego, porque todavía voy por la frase “Esta mañana llueve” y en el libro es el año de hace tres conejos en el año de este año, que es el año del búfalo y también hay que tener en cuenta que María José, su novela, la terminó en el año del cerdo.
Señalo esto porque también hay una china entrecomillada. Ahí María José se ha salido total, porque no es lo mismo una china entrecomillada que si no estuviera entrecomillada.
Las chinas sin entrecomillar todos sabemos que no existen, o que sólo existen en el océano que es el Pekín del mundo, junto con el resto de Pekines que hay más allá de los lugares donde aún a día de hoy La Tierra no es redonda aunque esté achatada por los chinos entrecomillados -los no entrecomillados hemos quedado que son sólo tamagochis, frigoríficos y salsa para las hamburguesas de los chicos-.
Son las chinas de La China. Hermosas en los platos de tallarines hechos de más chinas, y hermosas cantando la canción de los juegos olímpicos de Pekín, que los canta otra china mucho más fea y gorda que la china que lo hace todo al mismo tiempo como los ángeles del cielo de Madrid/Pekín, moviendo la boca sólo y poniendo caras como mis hermanas.

Pero voy a seguir leyendo y ya contaré o a lo mejor no os cuento nada y se lo leáis vosotros y, en lugar de eso, llamo a mi amiga María José y se lo casco a ella y vosotros fastidien.

Ahora me voy a tomar un zumo, de momento, antes de ponerme de nuevo con La azotea, que es una novela de verdad y no esa basura británica que viene de Francia, Finlandia, Austria y Alemania.

Mira, ya no llueve. Sólo lo está pagüeciendo, my dajling.
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4 comentarios:

Alberto M dijo...

goooooooooooooooooooool de forlán

Sirena Varada dijo...

jajajajaja... ¿entonces ha sido gol?
Un buen comienzo de capítulo el de tu amiga. Hazme el favor de ponerte bueno ya mismo y déjate de Mongolias, que no se te ha perdido nada por allí.

Ah, que me gusta mucho el vídeo
que has puesto en el blog, ¡Una máquina Bud Spencer!, el único malo de la historia del cine que nunca pegaba puñetazos, él sólo repartía guantazos con la mano abierta. Véase


Ganas tenía de verte, criatura.

Alberto M dijo...

Fue gol, Sirena (minuto 47, un justo 3 a 2).
Mi amiga es autora de un libro con más fama: "Control remoto" ed. Calambur, aunque yo prefiero este, en apariencia más modesto del que me queda un capítulo y no estoy precisamente agradecido de que termine. A lo mejor es una tontería mía, pero no cejaré.

Bud Spencer es... muy abierto. (A estas alturas me ves el vídeo?? si lleva tres meses. Ay las debilitios).

También me agrada verte.

Alfredo R. dijo...

Mongolia, donde van a morir y a follar los locos...
Este texto es precioso querido Alberto.

Alf